El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, aseguró que los cubanos están dispuestos a defender su territorio ante una eventual intervención militar de Estados Unidos, en medio del aumento de tensiones entre ambos países.
En una entrevista con la cadena NBC, emitida este domingo, el mandatario advirtió que la isla respondería con firmeza ante cualquier agresión. “Si eso sucede habrá combates, habrá lucha, nos defenderemos, y si tenemos que morir, moriremos, porque como dice nuestro himno nacional: ‘Morir por la patria es vivir’”, declaró en el programa ‘Meet The Press’.
El gobernante también sostuvo que no existe justificación para una acción militar estadounidense contra Cuba, ni para operaciones dirigidas a remover al liderazgo político de la isla. “Si llega el momento, no creo que haya justificación alguna para que Estados Unidos lance una agresión militar contra Cuba, ni para que lleve a cabo una operación quirúrgica o el secuestro de un presidente”, expresó.
La entrevista, grabada en La Habana y realizada con traducción, representa el primer acercamiento de Díaz-Canel con una cadena televisiva estadounidense, en un contexto de alta presión política desde Washington.
Durante la conversación, el mandatario descartó abandonar el poder pese a las presiones del gobierno estadounidense. “Renunciar no forma parte de nuestro vocabulario”, afirmó, tras cuestionar a la periodista Kristen Welker sobre el origen de esa interrogante.
Las declaraciones ocurren en un escenario marcado por medidas recientes de la administración de Donald Trump, que incluyen un bloqueo energético que ha profundizado la crisis económica y social en la isla.
Este endurecimiento de sanciones se intensificó tras la captura en enero del presidente venezolano Nicolás Maduro, lo que redujo el suministro de petróleo hacia Cuba y agravó la escasez energética.
El propio Trump afirmó recientemente que contempla opciones para una “toma amistosa o no” de Cuba, mientras su secretario de Estado, Marco Rubio, calificó como fallido el sistema económico cubano.
A pesar del clima de confrontación, ambos gobiernos han mantenido canales de comunicación abiertos y anunciaron conversaciones para intentar resolver sus diferencias, lo que permitió en marzo la llegada de un buque petrolero a la isla para mitigar la crisis de combustible.
Sin embargo, la incertidumbre persiste en torno al futuro de la relación bilateral, mientras La Habana insiste en defender su soberanía y Washington mantiene la presión sobre el gobierno cubano.

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