El Ejército de Estados Unidos ha lanzado más de 850 misiles Tomahawk en las primeras cuatro semanas de guerra contra Irán, una cifra que ha encendido alarmas dentro del Pentágono por la rápida disminución de este arsenal.
La preocupación ha llevado a funcionarios del Departamento de Defensa a evaluar medidas para incrementar la disponibilidad de estos misiles, considerados clave en operaciones militares de largo alcance.
De acuerdo con información publicada por The Washington Post, la inquietud radica en que la producción anual de estos proyectiles es limitada, ya que apenas se fabrican unos pocos cientos cada año.
Los misiles Tomahawk han sido fundamentales en la estrategia militar estadounidense desde su primer uso en combate en 1991, durante la Guerra del Golfo Pérsico, debido a su capacidad de atacar objetivos a gran distancia.
Según fuentes cercanas al caso, la mayor parte de estos misiles fue utilizada en los primeros días de la Operación Furia Épica, iniciada el 28 de febrero, que ya cumple un mes de ejecución.
Este tipo de armamento tiene un alcance superior a los 1,600 kilómetros, lo que permite a las fuerzas estadounidenses atacar sin exponer a sus pilotos en zonas con alta defensa aérea.
Sin embargo, el uso intensivo no solo reduce las reservas destinadas a Oriente Medio, sino que también podría afectar la capacidad de respuesta en otras regiones consideradas estratégicas.
En ese contexto, también se ha revelado que el Departamento de Defensa analiza la posibilidad de redirigir armamento inicialmente destinado a la guerra en Ucrania hacia el conflicto con Irán.
Aunque no existe una decisión definitiva, el debate refleja la presión logística y militar que enfrenta Estados Unidos en medio de un escenario internacional cada vez más complejo.

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