Las dietas bajas en carbohidratos o en grasas no garantizan por sí solas una mejor salud cardiovascular. Un estudio liderado por investigadores de la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard concluye que la calidad de los alimentos consumidos es determinante para reducir el riesgo de enfermedad coronaria.
El análisis, publicado en la revista científica ‘JACC’, evaluó los hábitos alimenticios de casi 200,000 personas durante varias décadas, utilizando datos del Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud y los Estudios de Salud de Enfermeras I y II. Los investigadores diferenciaron entre dietas bajas en carbohidratos y grasas saludables y no saludables, según el origen y calidad de los macronutrientes.
El primer autor, Zhiyuan Wu, explicó que “Las dietas bajas en carbohidratos y grasas se han promovido ampliamente en Estados Unidos durante las últimas dos décadas para el control de peso y la salud metabólica, pero sus efectos sobre el riesgo de enfermedades cardíacas siguen siendo inciertos”.
“Nuestros hallazgos ayudan a desmentir el mito de que simplemente regular la ingesta de carbohidratos o grasas es inherentemente beneficioso y demuestran claramente que la calidad de los alimentos que conforman las dietas bajas en carbohidratos y grasas es fundamental para proteger la salud cardíaca”, explicó Wu.
Los resultados muestran que las dietas bajas en carbohidratos y grasas, basadas en granos integrales, frutas, verduras, legumbres, nueces y aceite de oliva, y con menor consumo de proteínas y grasas animales, se asociaron con un riesgo aproximadamente 15 % menor de enfermedad coronaria.
En contraste, cuando estas dietas incluían carbohidratos refinados y altas cantidades de proteínas y grasas de origen animal, el riesgo aumentaba.
El análisis de muestras de sangre también evidenció que las versiones saludables de estas dietas mejoraron biomarcadores cardiovasculares, como niveles más altos de colesterol HDL y menores triglicéridos.
“Para los médicos, dietistas y pacientes, nuestro estudio sugiere que promover un patrón general de alimentación saludable, en lugar de una restricción estricta de macronutrientes, debería ser una estrategia central para la prevención primaria de las enfermedades cardíacas”, concluyó Qi Sun, autor correspondiente del estudio.

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