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  • El consumo elevado de proteínas no es saludable, concluye una revisión científica

    El consumo elevado de proteínas no es saludable, concluye una revisión científica

    Una revisión de 350 estudios científicos publicada este viernes por la revista Cell concluyó que consumir proteínas en exceso no representa un beneficio para la mayoría de las personas y, por el contrario, podría afectar la salud y acelerar procesos relacionados con el envejecimiento.

    La investigación sostiene que una restricción moderada del consumo de proteínas favorece el metabolismo, mejora la respuesta de las células a los nutrientes, disminuye la inflamación, reduce el daño celular y contribuye a preservar el funcionamiento saludable del organismo, factores asociados con una mayor esperanza de vida.

    «Las proteínas aportan beneficios al crecimiento muscular y a la respuesta al ejercicio de las personas activas, pero la mayoría de personas llevan una vida sedentaria y consumen más proteínas de las que necesitan, lo cual es negativo para su salud», explicó Dudley Lamming, investigador de la Universidad de Wisconsin-Madison y uno de los autores del estudio.

    Los investigadores señalan que uno de los mecanismos detrás de estos beneficios es el aumento de una hormona denominada factor de crecimiento fibroblástico 21 (FGF21), cuyos niveles se incrementan cuando la ingesta de proteínas disminuye. Esta hormona favorece un mayor gasto energético, mejora el control de la glucosa en la sangre y reduce los procesos inflamatorios.

    La revisión también identifica tres aminoácidos —metionina, isoleucina y valina— cuyo consumo elevado podría incrementar el riesgo de obesidad, inflamación y enfermedades asociadas con el envejecimiento, entre ellas algunos tipos de cáncer.

    «Estos estudios nos vienen a decir que el exceso de proteína que consumen las personas sedentarias puede tener consecuencias negativas para su salud», afirmó Lamming.

    No obstante, los autores aclaran que una dieta rica en proteínas continúa siendo recomendable para determinados grupos de población, como deportistas, mujeres embarazadas, niños en etapa de crecimiento y adultos mayores de 65 años. En estos casos, el mayor consumo ayuda al desarrollo muscular o a prevenir la pérdida de masa muscular relacionada con la edad.

    Respecto a las cantidades recomendadas, el estudio recuerda que la referencia general es consumir 0.8 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día. Así, una persona de 65 kilogramos debería ingerir aproximadamente 52 gramos diarios. Para los mayores de 65 años, la recomendación aumenta a entre 1 y 1.2 gramos por kilogramo para reducir el riesgo de sarcopenia, mientras que un ensayo clínico citado por la investigación encontró que quienes consumían 1.2 gramos por kilogramo registraban un 40 % menos de pérdida muscular que aquellos que ingerían 0.8 gramos.

    Los investigadores consideran que las recomendaciones oficiales vigentes en Estados Unidos, que oscilan entre 1.2 y 1.6 gramos por kilogramo de peso corporal al día, podrían ser demasiado elevadas para la población en general y plantean que las futuras guías nutricionales deberían adaptarse a factores como la edad y el nivel de actividad física. «Probablemente debamos personalizar las recomendaciones sobre el consumo de proteínas basándonos no solo en la edad, sino también en el nivel de actividad física de las personas», concluyó Lamming.

  • La mala dieta es uno de los principales factores de muerte por cadiopatía isquémica

    La mala dieta es uno de los principales factores de muerte por cadiopatía isquémica

    Una dieta inadecuada se ha consolidado como uno de los principales factores de riesgo en la cardiopatía isquémica, según un estudio internacional que cuantifica su impacto en la salud global.

    La investigación, publicada en la revista Nature Medicine, estima que en 2023 este problema alimentario fue responsable de cuatro millones de muertes en el mundo, además de la pérdida de casi 97 millones de años de vida ajustados por discapacidad.

    El análisis abarcó datos de 204 países y territorios durante un periodo de 33 años, evaluando la incidencia de 13 factores dietéticos en la mortalidad por esta enfermedad.

    Aunque se registran mejoras en tasas ajustadas por edad, el crecimiento y envejecimiento de la población han provocado que el número total de muertes y de años de vida perdidos aumente cerca de un 40 %.

    El investigador Alberto Ortiz advirtió que, en términos absolutos, “se trata de un problema de salud creciente, y no debería crecer por que es solucionable”.

    El estudio también evidencia diferencias por sexo y edad, ya que los hombres presentan un mayor impacto por hábitos alimenticios poco saludables, y el riesgo se incrementa notablemente a partir de los 75 años.

    A nivel regional, los mayores avances se registraron en Australasia, Europa Occidental y América del Norte de altos ingresos, mientras que África subsahariana central experimentó un aumento significativo en los indicadores.

    En América Latina hubo mejoras relativas, aunque el impacto absoluto aumentó en algunas regiones debido al crecimiento poblacional, con Venezuela sin avances desde 1990.

    Entre los factores dietéticos más perjudiciales destacan las dietas bajas en cereales integrales y grasas saludables, así como el alto consumo de sodio, carnes procesadas y bebidas azucaradas.