El papa León XIV bendijo este martes la Torre de Jesús de la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, convirtiéndola oficialmente en la iglesia más alta del mundo con una altura de 172.5 metros, durante una ceremonia que reunió a miles de fieles y a las principales autoridades de España.
La celebración contó con la presencia de los reyes Felipe VI y Letizia, así como del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. Durante la misa solemne, el pontífice destacó que la emblemática obra del arquitecto Antoni Gaudí representa “un signo de unidad y de concordia” para Cataluña y para toda la Iglesia.
La bendición de la torre fue uno de los momentos más esperados de la visita papal. León XIV utilizó agua bendita para consagrar la estructura y dirigió parte de la ceremonia tanto en catalán como en castellano. La nueva torre se convierte en el punto culminante del proyecto arquitectónico iniciado por Gaudí hace más de un siglo.
En su homilía, el papa hizo un llamado a la paz mundial y rechazó los conflictos armados. “No se puede creer en Jesús y promover la guerra y matar inocentes”, afirmó. Asimismo, defendió la acogida a quienes se ven obligados a abandonar sus países y recordó la importancia de la solidaridad entre los pueblos.

Antes de la ceremonia religiosa, el pontífice visitó el monasterio de Montserrat, uno de los símbolos más importantes de la identidad catalana. Allí se encomendó a la Virgen de Montserrat, conocida como La Moreneta, y pidió que el amor y el respeto prevalezcan en los debates políticos y en las redes sociales.
“Estoy contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz”, expresó el papa durante su visita al santuario.
La agenda de León XIV también incluyó una visita a la prisión Brians 1, convirtiéndose en el primer pontífice en ingresar a un centro penitenciario en España. Ante decenas de reclusos, transmitió un mensaje de esperanza y reconciliación, recordándoles que los errores cometidos no definen la identidad de una persona.
Durante su estancia en Barcelona, el papa sostuvo además un encuentro con jóvenes y niños, entre ellos Renzo, un menor peruano que le consultó sobre su vida personal, el fútbol y su vocación religiosa. León XIV respondió con cercanía y recordó que jugó como defensa durante su etapa en Perú, además de compartir su afición por el tenis.
La jornada concluyó con un espectáculo de luces, música coral y drones que dibujaron en el cielo la imagen de Antoni Gaudí, cerrando una visita histórica que reforzó el simbolismo de la Sagrada Familia como uno de los principales referentes religiosos y culturales del mundo.

