La campaña para las elecciones presidenciales de Brasil comenzará este domingo con un panorama marcado por la polarización política, la disputa entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro, así como por las tensiones diplomáticas que el Gobierno brasileño mantiene con Estados Unidos y Argentina.
Lula iniciará oficialmente su campaña en São Bernardo do Campo, en el estado de São Paulo, ciudad donde comenzó su trayectoria como dirigente sindical durante la dictadura militar y donde fundó las bases del Partido de los Trabajadores (PT). El mandatario buscará la reelección para un cuarto mandato no consecutivo.
Por su parte, Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, encabezará su primer acto de campaña en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, uno de los principales bastiones políticos del bolsonarismo. El senador asumió la candidatura del Partido Liberal (PL) tras la inhabilitación, condena y encarcelamiento de su padre por golpismo.
La más reciente encuesta de la firma Quaest anticipa una eventual segunda vuelta entre ambos candidatos. El sondeo otorga a Lula el 43 % de la intención de voto y a Flávio Bolsonaro el 40 %, una diferencia que los mantiene en empate técnico dentro del margen de error de dos puntos porcentuales. Además, un 4 % de los electores permanece indeciso.
El politólogo Claudio Couto, profesor de la Fundación Getulio Vargas (FGV), señaló que ese grupo de votantes indecisos está conformado principalmente por mujeres, ciudadanos de clase media y personas que se identifican como independientes, un segmento que podría definir el resultado de la elección.
Durante su campaña, Lula centrará su discurso en los resultados económicos de su administración, destacando el crecimiento promedio del 2 %, la reducción del desempleo y el aumento de la renta per cápita. Asimismo, defenderá la soberanía de Brasil frente a lo que considera intentos de injerencia por parte de Estados Unidos y Argentina.
El mandatario ha cuestionado los recientes aranceles impuestos por la Administración de Donald Trump, la presión para acelerar el beneplácito del nuevo embajador estadounidense y el intento de enviar funcionarios para analizar el sistema electrónico de votación brasileño.
«Estoy intentando contactar con Trump para decirle que no se meta en los negocios de Brasil, especialmente en las elecciones», afirmó Lula en una entrevista concedida a dos pódcast brasileños.
Flávio Bolsonaro, por su parte, buscará reproducir la estrategia política que llevó a su padre al poder en 2018. El senador defendió una agenda basada en un menor papel del Estado, una relación más estrecha con Estados Unidos y una política de mano dura contra el crimen organizado.
«Están viendo que todo el mundo está contra mí porque el sistema sabe que soy el único que puede cambiar las cosas de verdad (…) Estoy arriesgando mi propia vida para sacar a Brasil del rojo», manifestó en sus redes sociales.
