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  • Así se despiden los hogares salvadoreños del año 2025

    Así se despiden los hogares salvadoreños del año 2025

    La despedida del Año Viejo en El Salvador suele estar marcada por prácticas que se repiten cada 31 de diciembre como música, pólvora, las doce uvas y las llamadas “cábalas”, pequeños actos que muchas personas realizan con la esperanza de atraer buena suerte, salud, trabajo o amor para el año que comienza.

    Vestir ciertos colores, limpiar la casa o salir con una maleta a medianoche son algunas de las más conocidas. Sin embargo, más allá de estas costumbres, para muchos salvadoreños el verdadero significado de la celebración de fin de año se concentra en lo más simple, que es compartir en familia.

    Para Laura Callejas, originaria de Sacacoyo, en La Libertad Oeste, despedir el año es un momento muy especial ya que en su familia mantienen una tradición sencilla, la cual trata de que antes de dormir, se reúnen para compartir una tacita de café con quesadilla y pan.

    “Como tenemos negocio, casi nunca nos reunimos; este es el único momento en que estamos todos juntos”, cuenta la mujer y destaca que en dicha reunión conversan sobre lo vivido durante el año y hablan sobre sus expectativas para el año que viene. “Pensamos en que el próximo año sea mejor y en terminar lo que no se pudo hacer”, dice Laura.

    En otros hogares, la llegada del año nuevo se vive con más movimiento. Jorge Barrera explica que en su familia acostumbran comer uvas para pedir deseos, estrenar ropa y recibir el año con música, especialmente cumbias que suenan justo a la medianoche.

     

     

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    También indicó que su familia realiza una limpieza completa de la casa, una “cábala” muy común que simboliza dejar atrás lo viejo y empezar de nuevo. “Es recibir el año con la casa limpia, todo ordenado”, señala. Para Jorge, estas costumbres son una forma de comenzar el año con buen ánimo. “Yo creo que algunos deseos sí se cumplen”, agrega.

    El año nuevo a través de la fe

    Sin embargo, no todas las familias viven el cambio de año entre conteos regresivos y rituales populares. Algunas lo hacen desde la fe. Es el caso de Karla Ventura, quien junto a su familia recibe el año nuevo en una vigilia cristiana. Cada 31 de diciembre, después de compartir una cena en casa, se trasladan a la iglesia Río de Gloria, ubicada camino a Soyapango, en San Salvador. La vigilia inicia a las 9:00 de la noche y se extiende hasta alrededor de las 2:30 de la madrugada.

    “Primero damos gracias a Dios porque hasta fin de año nos ha cuidado y nos ha mantenido con salud”, explica Karla. Para ella, comenzar el año en oración es una forma de poner todo en manos de Dios y empezar con tranquilidad. Esta práctica también la ven como una enseñanza para los más pequeños del hogar. “Creemos que es mejor empezar el año dentro de la iglesia”, comenta.

    La medianoche lejos de casa

    No todas las historias de fin de año ocurren con la familia reunida frente al reloj. Eduardo Marín es parte de los salvadoreños que, por motivos de trabajo, pasan el 31 de diciembre lejos de casa. “Desde hace muchos años me toca trabajar todos los 31”, cuenta. Mientras el año cambia, su familia se reúne para compartir una carne asada, aunque él no pueda estar presente en ese momento.

    La distancia, sin embargo, no rompe el lazo familiar. Días después, logran reunirse para compartir y conversar. “A los días sí nos reunimos”, explica Eduardo. En su familia, formada por ocho personas, no siguen rituales como las doce uvas, pero mantienen algo que consideran esencial: buscar el momento para encontrarse. El abrazo de Año Nuevo no siempre llega a la medianoche, pero llega.

    Las historias de los salvadoreños muestran que no existe una sola forma de despedir el Año Viejo en el país. Algunas lo hacen en silencio, otras con música; unas desde la fe, otras desde la mesa familiar; algunas juntas a medianoche y otras días después. Pero todas comparten el mismo deseo: cerrar un ciclo acompañados y comenzar otro con esperanza.

    Ya sea alrededor de una taza de café, una cena sencilla, una vigilia en la iglesia o una reunión que espera unos días, el fin de año sigue siendo un momento para agradecer, abrazarse y mirar hacia adelante. Porque, al final, más allá de las tradiciones, lo que permanece es la familia.

  • Haití celebra su histórica clasificación al Mundial entre violencia y apagones

    Haití celebra su histórica clasificación al Mundial entre violencia y apagones

    Haití volvió a hacer historia en el fútbol. La selección nacional masculina logró el martes 18 de noviembre su clasificación al Mundial, por segunda vez en su historia, tras vencer 2-0 a Nicaragua en la última jornada del Grupo C de las eliminatorias.

    La hazaña desató una ola de celebraciones en Puerto Príncipe, a pesar del ambiente marcado por la violencia y los apagones. Los goles y la victoria fueron suficientes para desatar la euforia popular.

    Cientos de haitianos salieron a las calles a celebrar el triunfo con gritos, música y hasta disparos al aire. Las zonas de Pétion-Ville y otros barrios capitalinos se llenaron de personas que festejaban la clasificación, mientras corrían descalzos o con el torso desnudo, en una ciudad sumida en la oscuridad por los prolongados cortes de energía. La selección haitiana, dirigida por el francés Sébastien Migné, selló así su retorno a una Copa del Mundo tras más de medio siglo.

    Su única participación anterior fue en Alemania 1974, cuando fue eliminada en la fase de grupos. Por motivos de seguridad, el encuentro contra Nicaragua se disputó en Curazao, debido a que el Stade Sylvio Cator —principal estadio del país— está bajo control de la banda armada Viv Ansanm, que mantiene el dominio del 90 % del área metropolitana de la capital desde marzo de 2024.

    El presidente del Consejo Presidencial de Transición, Laurent Saint-Cyr, celebró el resultado como un símbolo de unión nacional: “En este día tan simbólico del 18 de noviembre, fecha de la batalla de Vertières, los Granaderos han regalado al pueblo haitiano un momento de profundo orgullo y comunión nacional”. Saint-Cyr subrayó que la clasificación “reaviva la esperanza, inspira a la juventud, refuerza la cohesión nacional y devuelve a todo un pueblo la convicción de que, juntos, todo es posible”.

    El primer ministro, Alix Didier Fils-Aimé, también elogió al equipo y definió el triunfo como “otra victoria y otra página de la historia”. Añadió: “Felicito a los Granaderos, que han puesto a Haití en el mapa mundial del fútbol después de más de 50 años.

    Esta clasificación es otra llama de esperanza que se enciende, una semilla de unión que crece”. La comunidad internacional también reaccionó. La embajada de Francia en Haití escribió: “Cincuenta y un años después, los Granaderos, impulsados por el espíritu de Vertières, vuelven a inscribir su nombre en la historia del fútbol este 18 de noviembre”.

    Por su parte, la embajada de Estados Unidos publicó: “Un logro que refleja la dedicación, la resiliencia y el talento del equipo y de la nación. Un momento de orgullo para todos los haitianos”.

    A pesar de la inseguridad, los apagones y el control territorial de las pandillas, la pasión por el fútbol logró unir al pueblo haitiano en una celebración histórica que devolvió la esperanza a un país golpeado por múltiples crisis. ¿Aficionados sin visas? Haití figura entre las 42 selecciones ya clasificadas para el Mundial de Estados Unidos de 2026, y si bien su delegación podrá acceder al país pese a formar parte de la lista de naciones con veto migratorio, muchos aficionados tendrán complicaciones para acompañarlas en las gradas.

    En la proclamación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se lee que el veto migratorio excluye a «cualquier deportista o miembro de un equipo deportivo, incluidos entrenadores, personas que desempeñen un trabajo de apoyo necesario y parientes inmediatos, que viajen para el Mundial, los Juegos Olímpicos o cualquier otro gran evento deportivo».

    Sin embargo, según el decreto actual, muchos aficionados procedentes de Haití tendrán problemas para poder desplazarse a Estados Unidos a seguir sus selecciones.