La despedida del Año Viejo en El Salvador suele estar marcada por prácticas que se repiten cada 31 de diciembre como música, pólvora, las doce uvas y las llamadas “cábalas”, pequeños actos que muchas personas realizan con la esperanza de atraer buena suerte, salud, trabajo o amor para el año que comienza.
Vestir ciertos colores, limpiar la casa o salir con una maleta a medianoche son algunas de las más conocidas. Sin embargo, más allá de estas costumbres, para muchos salvadoreños el verdadero significado de la celebración de fin de año se concentra en lo más simple, que es compartir en familia.
Para Laura Callejas, originaria de Sacacoyo, en La Libertad Oeste, despedir el año es un momento muy especial ya que en su familia mantienen una tradición sencilla, la cual trata de que antes de dormir, se reúnen para compartir una tacita de café con quesadilla y pan.
“Como tenemos negocio, casi nunca nos reunimos; este es el único momento en que estamos todos juntos”, cuenta la mujer y destaca que en dicha reunión conversan sobre lo vivido durante el año y hablan sobre sus expectativas para el año que viene. “Pensamos en que el próximo año sea mejor y en terminar lo que no se pudo hacer”, dice Laura.
En otros hogares, la llegada del año nuevo se vive con más movimiento. Jorge Barrera explica que en su familia acostumbran comer uvas para pedir deseos, estrenar ropa y recibir el año con música, especialmente cumbias que suenan justo a la medianoche.
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También indicó que su familia realiza una limpieza completa de la casa, una “cábala” muy común que simboliza dejar atrás lo viejo y empezar de nuevo. “Es recibir el año con la casa limpia, todo ordenado”, señala. Para Jorge, estas costumbres son una forma de comenzar el año con buen ánimo. “Yo creo que algunos deseos sí se cumplen”, agrega.
El año nuevo a través de la fe
Sin embargo, no todas las familias viven el cambio de año entre conteos regresivos y rituales populares. Algunas lo hacen desde la fe. Es el caso de Karla Ventura, quien junto a su familia recibe el año nuevo en una vigilia cristiana. Cada 31 de diciembre, después de compartir una cena en casa, se trasladan a la iglesia Río de Gloria, ubicada camino a Soyapango, en San Salvador. La vigilia inicia a las 9:00 de la noche y se extiende hasta alrededor de las 2:30 de la madrugada.
“Primero damos gracias a Dios porque hasta fin de año nos ha cuidado y nos ha mantenido con salud”, explica Karla. Para ella, comenzar el año en oración es una forma de poner todo en manos de Dios y empezar con tranquilidad. Esta práctica también la ven como una enseñanza para los más pequeños del hogar. “Creemos que es mejor empezar el año dentro de la iglesia”, comenta.
La medianoche lejos de casa
No todas las historias de fin de año ocurren con la familia reunida frente al reloj. Eduardo Marín es parte de los salvadoreños que, por motivos de trabajo, pasan el 31 de diciembre lejos de casa. “Desde hace muchos años me toca trabajar todos los 31”, cuenta. Mientras el año cambia, su familia se reúne para compartir una carne asada, aunque él no pueda estar presente en ese momento.
La distancia, sin embargo, no rompe el lazo familiar. Días después, logran reunirse para compartir y conversar. “A los días sí nos reunimos”, explica Eduardo. En su familia, formada por ocho personas, no siguen rituales como las doce uvas, pero mantienen algo que consideran esencial: buscar el momento para encontrarse. El abrazo de Año Nuevo no siempre llega a la medianoche, pero llega.
Las historias de los salvadoreños muestran que no existe una sola forma de despedir el Año Viejo en el país. Algunas lo hacen en silencio, otras con música; unas desde la fe, otras desde la mesa familiar; algunas juntas a medianoche y otras días después. Pero todas comparten el mismo deseo: cerrar un ciclo acompañados y comenzar otro con esperanza.
Ya sea alrededor de una taza de café, una cena sencilla, una vigilia en la iglesia o una reunión que espera unos días, el fin de año sigue siendo un momento para agradecer, abrazarse y mirar hacia adelante. Porque, al final, más allá de las tradiciones, lo que permanece es la familia.

