La casa familiar en la que se crió el cantante británico David Bowie, situada en el barrio de Bromley, al sur de Londres, abrirá sus puertas al público como museo en 2027, según anunció este viernes Heritage of London Trust (HOLT), un fideicomiso de restauración de patrimonio londinense.
Esta organización benéfica ha adquirido el inmueble gracias a una «generosa donación», según indicó en su página web, y está planeando restaurarla con el aspecto que tenía en los años 60, cuando Bowie vivió allí, y abrirla al público con el nombre de ‘Bowie´s House’ a finales de 2027.
La noticia se hizo pública coincidiendo con el que hubiera sido el 79 cumpleaños del cantante, este pasado jueves; y el décimo aniversario de su fallecimiento, que se cumple este sábado.
La directora del Heritage of London Trust, Nicola Stacy, aseguró en un video promocional del proyecto que esta casa es, potencialmente, uno de los lugares más significativos de la historia de Londres durante el siglo XX.
«Va a ser un lugar de enorme interés internacional para todos los fanáticos de la música alrededor del mundo. Estamos muy emocionados por tener la oportunidad de preservarlo y de presentárselo al público en un futuro», añadió.
Ubicada en el número 4 de Plaistow Grove de Bromley, esta casa adosada vio crecer al artista británico entre los 8 y los 20 años, entre 1955 y 1967, y también vivió su despertar creativo y musical. De acuerdo con la web del proyecto, es el lugar en el que «David Jones se convirtió en David Bowie».
Mañana sábado 10 de enero se cumplirán 10 años de la muerte de David Bowie, «El camaleón», uno de los artistas más polifacéticos y arriesgados de su generación, que no dudó en cambiar de imagen y de estilo en múltiples ocasiones a lo largo de sus 69 años de vida.
Nacido como David Robert Jones en Brixton, popular barrio del sur de Londres, ya desde niño mostró unas inigualables inclinaciones artísticas que no pasaron desapercibidas por sus maestros. Con 10 años de edad ya cantaba y bailaba y se entusiasmaba por la música norteamericana.
Con quince años, formó su primera banda, The Konrads, y a lo largo de su carrera alumbró no menos de cinco grupos más, siempre en busca de nuevos giros de guion.
Dejó innumerables canciones que han pasado a la memoria colectiva de varias generaciones, pero ninguna lo define tan bien como «Changes» (1971, del álbum «Hunky Dory»): «Cambios… Voltea y encara lo extraño. No quiero ser más rico, lo que quiero es ser un hombre diferente», cantaba un Bowie de larga melena rubia, una de las múltiples imágenes con la que disfrazó su identidad.
En su vida fue -o se disfrazó de- dandy con traje blanco, muñeco de látex hipersexualizado, un personaje andrógino y ambiguo, pirata con parche en el ojo derecho, viajero espacial, clown… pero siempre parecía ir por delante de todas las modas. Uno de sus múltiples apodos fue el de «rey del glam», es decir, un emperador del glamour del que tantos bebieron tras él.
Cuentan de Bowie que era capaz de pasar más tiempo en el camerino, maquillándose para un concierto, que cantando en el mismo escenario. Su imagen siempre fue una obsesión.
Pero es en su música donde Bowie perdurará, con una serie de discos y de canciones creadas en los setenta y ochenta que han marcado la música contemporánea: «Changes», «Starman», «Heroes», «Modern Love», «Ziggy Stardust», «China Girl», «Under Pressure», «Modern Love»… y la lista podría sumar varias decenas de títulos más.
Una compañía codiciada por sus coetáneos
No hubo artista contemporáneo de Bowie que no lo buscara para protagonizar dúos inolvidables, entre ellos Mick Jagger, John Lennon, Tina Turner, Bing Crosby, Lou Reed, Cher, Iggy Pop, Freddie Mercury…
La diversidad de estilos en todos esos nombre da fe de la extraordinaria capacidad de adaptación de Bowie, por algo llamado «El camaleón», aunque en su caso nunca parecía estar traicionando una esencia o principios; sencillamente, parecía sentirse como pez en el agua en el pop, el rock, el punk, el soul o el glam. En uno de los giros más sorprendentes de su carrera, pasó del pop al rock duro al formar la banda ‘Tin Machine’ entre 1987 y 1992.
El Channel 4 británico estrenó esta misma semana el documental «Bowie: The Final Act» (Bowie: El Último Acto) para honrar los diez años pasados tras su muerte.
En el programa desfilan músicos y productores que destacan el aspecto visionario de un artista calificado de «profeta cultural», alguien que «vivía con un pie en el presente y otro en el futuro» o que «no se conformó con ser una estrella del rock, porque siempre quiso ser un artista».
Vampiro musical y artístico
Entre quienes conocieron de cerca a Bowie en los años de la contracultura y del «flower power» está su amiga Dana Gillespie, quien habla en el documental con cierta crudeza del músico.
«Cuando conseguía lo que quería de los demás, los abandonaba y pasaba a otra etapa», aunque Gillespie lo expresa sin resquemor, dando por hecho que ese ‘usar y tirar’ era peaje necesario para quemar etapas en un artista que nunca se conformó con ser lo que era.
En la Gran Bretaña del siglo XXI, David Bowie sigue presente en el «merchandising» que los turistas compran en Londres, junto a otros íconos musicales de la ciudad, como los Sex Pistols o The Clash.
Y todo el mundo parece haberle perdonado algo inédito en el Reino Unido: cuando la reina Isabel II le ofreció ser nombrado caballero en 2003, Bowie declinó una oferta por la que tantos sueñan. Y declaró entonces: «Nunca aceptaría algo así. No es eso por lo que me he pasado la vida trabajando».