La selección de Irán llegará al Mundial de 2026 en medio de uno de los contextos más complejos de su historia reciente, al disputar el torneo en territorio de Estados Unidos, país con el que mantiene profundas tensiones políticas y diplomáticas.
Además de los desafíos deportivos, el conjunto iraní ha tenido que enfrentar dificultades administrativas relacionadas con la obtención de visas y el cumplimiento de estrictos controles migratorios exigidos por las autoridades estadounidenses, situación que obligó a la federación a realizar gestiones especiales durante su preparación en Turquía.
El equipo dirigido por Amir Ghalenoei estableció finalmente su centro de operaciones en Tijuana, México, desde donde se desplazará para disputar los encuentros correspondientes al Grupo G del Mundial.
Irán debutará el 15 de junio en el SoFi Stadium de Los Ángeles frente a Nueva Zelanda, en un grupo donde también figuran Bélgica y Egipto. Los analistas consideran que la lucha por la segunda plaza podría definirse entre iraníes y egipcios, mientras Bélgica aparece como la principal favorita para liderar la llave.
En el plano futbolístico, la esperanza iraní se centra en la capacidad goleadora de Mehdi Taremi, delantero que milita en el Olympiacos de Grecia, así como en la experiencia del guardameta Alireza Beiranvand, uno de los referentes históricos de la selección.
El objetivo del Team Melli será transformar las expectativas moderadas en una clasificación histórica hacia las rondas de eliminación directa, algo que sigue siendo una deuda pendiente para una de las selecciones más competitivas de Asia.

Bélgica llega al torneo con la responsabilidad de confirmar su favoritismo. Tras la decepcionante actuación en Catar 2022, donde quedó eliminada en la fase de grupos, los europeos afrontan una etapa de renovación bajo la dirección técnica del francés Rudi García.
La selección belga mantiene una base de experiencia encabezada por Kevin De Bruyne, Thibaut Courtois y Romelu Lukaku, figuras llamadas a liderar la transición generacional y devolver al equipo a los primeros planos del fútbol mundial.
Por su parte, Egipto regresa a una Copa del Mundo después de su ausencia en 2022. Los africanos depositan gran parte de sus aspiraciones en Mohamed Salah, máximo referente del equipo y uno de los futbolistas más importantes de la historia del país.
Los llamados “Faraones” buscan recuperar protagonismo internacional y aprovechar la experiencia de Salah para competir por uno de los boletos disponibles a la siguiente ronda.
Nueva Zelanda completa el Grupo G con un papel de aparente outsider. Sin embargo, los oceánicos esperan convertirse en una de las sorpresas del torneo gracias a una generación renovada liderada por el delantero Chris Wood.
Los neozelandeses conservan además una curiosa marca mundialista: en Sudáfrica 2010 fueron la única selección que terminó invicta el torneo tras empatar sus tres partidos de la fase de grupos.
Con la presión política de fondo, los desafíos logísticos y una clasificación muy disputada, Irán afronta una Copa del Mundo donde buscará que el protagonismo recaiga finalmente en el terreno de juego y no fuera de él.









