El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, enfrenta una difícil batalla por su reelección frente al senador opositor Flávio Bolsonaro, quien busca mantener y ampliar la ventaja obtenida en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del pasado 4 de octubre. Ambos candidatos disputarán la segunda vuelta el próximo domingo, en un ambiente de creciente tensión política y con encuestas que apuntan a una contienda muy reñida.
Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, consiguió el 47.03 % de los sufragios en la primera vuelta, mientras que Lula alcanzó el 45.16 %. Desde entonces, cientos de miles de seguidores de ambos aspirantes participaron en manifestaciones de apoyo que también provocaron enfrentamientos verbales entre simpatizantes del oficialismo y la oposición. La confrontación se extendió a las redes sociales, donde las campañas intensificaron sus ataques contra sus adversarios.
Lula, de 80 años, aspira a conseguir un cuarto mandato no consecutivo, aunque enfrenta un desafío histórico: ningún candidato que terminó segundo en la primera vuelta consiguió posteriormente ganar la Presidencia brasileña.
El mandatario perdió 3.4 millones de votos respecto a las elecciones de 2022, principalmente en municipios pequeños vinculados con las actividades agropecuarias.
«Esa caída se concentró especialmente en ciudades pequeñas donde la agropecuaria tiene un mayor peso en la economía local», explica a EFE Felipe Nunes, profesor de la Fundación Getulio Vargas (FGV) y director de Quaest.
El crecimiento electoral del senador opositor también destaca en las regiones agrícolas. Según Nunes, al comparar los resultados de Flávio Bolsonaro en 2026 con los obtenidos por su padre en 2022, el candidato «creció en el 98 % de los municipios, pero avanzó más en aquellos donde los granos, la ganadería y las grandes propiedades estructuran la economía».
En Goiânia, capital del estado de Goiás, algunos ciudadanos que anteriormente respaldaban a Lula ahora apoyan al senador. Pamela Lima, de 24 años, reconoció que votó por el mandatario influida por sus profesores, pero se «arrepintió amargamente» después de relacionarse con trabajadores independientes. Bolsonaro propone impulsar el empleo autónomo y flexibilizar el mercado laboral, pese a que Brasil registra niveles históricamente bajos de desempleo.
El descontento con el oficialismo también está relacionado con los escándalos de corrupción de administraciones anteriores. Wilker da Silva, decorador de 40 años, explicó que respaldó a Lula durante sus primeros gobiernos, entre 2003 y 2010, pero posteriormente cambió su preferencia política.
«Demasiada corrupción, descarada, y ya nadie la aguanta más. Lula nunca más», expresa a EFE.
El rechazo entre los seguidores de ambos candidatos también se refleja en una encuesta de Quaest, según la cual el 43 % de los electores teme más un regreso de la familia Bolsonaro al poder, mientras que otro 43 % teme la reelección del actual presidente.
El director de Quaest explicó que las preocupaciones de los votantes responden a diferentes motivos políticos y económicos.
«Entre quienes temen una victoria de Flávio, los motivos incluyen el rechazo hacia él o hacia su familia, el autoritarismo y la corrupción. Entre quienes temen la reelección de Lula, destacan la corrupción, la preocupación por la economía y una valoración negativa del Gobierno», desgrana Nunes.
Ante este escenario, el mandatario brasileño busca atraer principalmente a quienes no participaron en la primera vuelta, debido a que el porcentaje de indecisos se mantiene entre el 1 % y el 2 %.
En las elecciones del 4 de octubre, unos 33.4 millones de brasileños se abstuvieron de votar, equivalentes al 21 % del padrón electoral. Sin embargo, la participación representa un desafío para Lula, pues históricamente la abstención aumentó en las segundas vueltas presidenciales desde 1989.
La única excepción ocurrió en 2022, cuando disminuyó 0.36 puntos porcentuales y permitió incorporar aproximadamente 570,000 votantes adicionales. Para fortalecer su campaña, Lula anunció un incremento del 15 % en el principal subsidio social, prohibió las apuestas deportivas, impulsó ayudas para trabajadores autónomos y consiguió que el Congreso aprobara reducir la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales.
Por su parte, Flávio Bolsonaro consiguió el respaldo del escritor Augusto Cury y del exgobernador de Goiás Ronaldo Caiado, quienes ocuparon el tercer y quinto lugar, respectivamente, en la primera vuelta. El senador ganó en 15 de los 27 estados brasileños, incluidos São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro, los tres más poblados del país.
El resultado de la segunda vuelta dependerá, en buena medida, de la capacidad de Lula para conservar su ventaja en el noreste, tradicional bastión electoral de la izquierda, y reducir la diferencia frente a Bolsonaro en las demás regiones de Brasil.
