Sentado sobre su motocicleta bajo el sol intenso de La Habana, Jesús Méndez, de 66 años, esperaba en una larga fila para repostar gasolina y con humor resignado resumió la situación energética en Cuba: “(Esto) está duro… y tomó viagra para estar duro.” Las largas colas han reaparecido en las estaciones de servicio tras el corte del suministro de petróleo venezolano, una fuente clave de carburante para la isla.
La interrupción del crudo desde Caracas —que representaba alrededor del 30 % de las necesidades energéticas cubanas en 2025— ha vuelto a exponer la vulnerabilidad del sistema energético de la isla, que no tiene divisas suficientes para importar combustible de otros proveedores.
Para Yanely, de 46 años, la fila no es una simple espera, sino una expresión de miedo ante la escasez. Tras más de una hora sin avanzar, explicó que ya no se trata de “colas fantasma” ante estaciones vacías, sino filas motivadas por el temor a quedarse sin combustible. “La gente viene a abastecerse por miedo… simplemente por eso”, dijo frente a un servicentro cercano al Malecón.
Detrás de Yanely, Ramón García, jubilado de 70 años, relató que incluso había guardado gasolina en su casa ante señales de empeoramiento tras el operativo militar estadounidense en Venezuela el pasado 3 de enero. “Tenía un poquitico en la casa y vine por miedo a lo que pueda pasar mañana”, explicó.
La crisis no afecta de igual forma a todos los cubanos. Las estaciones que venden gasolina en dólares presentan filas más largas, mientras que las que operan con pesos cubanos permanecen sin autos, sin combustible disponible. El Gobierno cubano dolarizó algunas estaciones de servicio el año pasado para mitigar la caída de ingresos por turismo y remesas; ahora esas estaciones tienen prioridad en el suministro.
Carlos, de 76 años, esperó cuatro horas para llenar el tanque con dólares que consiguió en el mercado negro, ya que los tiempos de espera en la aplicación estatal Ticket pueden llegar hasta dos meses en La Habana. “En moneda nacional no han surtido más, entonces hay que comprar en divisa… no queda de otra”, señaló con resignación.
Un análisis económico citado por agencias internacionales estima que el fin de los envíos petroleros desde Venezuela podría provocar una caída del 27 % del producto interno bruto (PIB) en Cuba, un aumento del 60 % en el precio de los alimentos y un encarecimiento del 75 % del transporte, reflejando el fuerte impacto sobre la economía isleña.
Mientras sigue la espera en las filas, el motociclista Méndez dejó una pregunta que resume la incertidumbre de muchos cubanos: “Mientras aprieten los rubios de enfrente (Estados Unidos), ¿qué vamos a hacer? ¿De dónde vamos a sacar gasolina si aquí el petróleo que hay en Cuba está lleno de azufre y no sirve para nada?”.


