El nivel de escolaridad de los emprendedores salvadoreños se ha convertido en un factor determinante para mejorar los ingresos y la sostenibilidad de las micro y pequeñas empresas, según un análisis elaborado con datos de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples 2025 (EHPM 2025) y el Observatorio MYPE de la Escuela LID de FUSAI.
El estudio concluye que cada grado escolar aprobado representa, en promedio, $12.66 adicionales al mes para un microempresario. La cifra refleja el impacto directo que tiene la educación en la capacidad de generar ingresos dentro del sector MYPE salvadoreño.
Los datos indican que completar seis grados escolares puede representar cerca de $80 adicionales mensuales para un emprendedor, una diferencia que puede permitir recomprar inventario, cubrir gastos operativos o evitar préstamos informales con altas tasas de interés.
La brecha de ingresos se vuelve más evidente al comparar distintos niveles educativos. Un microempresario de subsistencia con baja escolaridad registra ingresos promedio de $252.11 mensuales, mientras que quienes alcanzan un nivel equivalente a nueve años de estudio llegan a percibir alrededor de $366.01 al mes. La diferencia supera los $113 mensuales.
El análisis también destaca que el mayor retorno económico ocurre en los primeros ciclos educativos. Según la investigación, cada grado aprobado en educación básica puede representar hasta $16 adicionales mensuales, especialmente en el segmento de microempresas de subsistencia, donde operan más de 613,509 unidades económicas en el país.
Dentro de este sector, las mujeres representan el 68.8 % de los propietarios y el 37.5 % completó únicamente hasta sexto grado. Los investigadores sostienen que estos datos evidencian que la alfabetización y la educación básica para adultos no solo funcionan como programas sociales, sino como herramientas de desarrollo económico con impacto medible.
El estudio señala además que un mayor nivel de escolaridad permite a los emprendedores comprender mejor sus costos de operación, comparar precios, negociar con proveedores y adoptar herramientas básicas de administración financiera, factores que influyen directamente en la supervivencia de los negocios.
La investigación también establece una relación entre escolaridad y acceso al crédito formal. Los mayores ingresos asociados a más años de estudio pueden facilitar que los microempresarios asuman microcréditos sin comprometer el consumo básico de sus hogares.
Los hallazgos coinciden con estudios internacionales citados en el informe. El Banco Mundial documenta que cada año adicional de educación incrementa los ingresos entre 8 % y 10 % en América Latina. Además, investigaciones desarrolladas en Perú, México y Bangladesh reflejan que los emprendedores con educación básica completa presentan mayores tasas de supervivencia empresarial y mejor adopción de prácticas financieras.
El análisis concluye que las políticas públicas deben integrar de manera más directa las agendas de educación y emprendimiento, promoviendo programas de alfabetización vinculados al sector productivo, educación financiera desde etapas tempranas y esquemas de microcrédito acompañados de formación básica para fortalecer el desarrollo del sector MYPE en El Salvador.
