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  • Fujimori llega a la Presidencia de Perú tras ganar las elecciones en su cuarto intento

    Fujimori llega a la Presidencia de Perú tras ganar las elecciones en su cuarto intento

    Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, asumirá la Presidencia de Perú tras ganar las elecciones en su cuarto intento, poniendo fin a una trayectoria política marcada por tres derrotas consecutivas en segunda vuelta, investigaciones judiciales y una profunda división dentro de su propia familia.

    A sus 51 años, la dirigente del fujimorismo ocupará el cargo que ejerció su padre entre 1990 y 2000, después de perder anteriormente las elecciones frente a Ollanta Humala en 2011, Pedro Pablo Kuczynski en 2016 y Pedro Castillo en 2021. En los dos últimos procesos fue derrotada por diferencias cercanas a 40,000 votos.

    En esta ocasión, Fujimori venció por un margen inferior a 50,000 votos a Roberto Sánchez, candidato respaldado por el expresidente Pedro Castillo, lo que permitirá el regreso del fujimorismo al poder después de casi 26 años de la salida de Alberto Fujimori, quien renunció a la Presidencia desde Japón en medio de un escándalo de corrupción.

    Con este triunfo, Keiko Fujimori también se convierte en la primera mujer elegida por voto popular como presidenta de Perú. Su incursión en la política comenzó a los 19 años, cuando asumió el papel de primera dama tras el divorcio de sus padres, mientras cursaba estudios de Administración de Empresas en Estados Unidos.

    En 2005 regresó a Perú y un año después fue la congresista más votada del país. Desde entonces tomó el liderazgo del movimiento fundado por su padre y encabezó las principales campañas presidenciales del fujimorismo, consolidándose como la figura más representativa de ese sector político.

    Su carrera también estuvo marcada por momentos difíciles. Durante las investigaciones del caso relacionado con presuntos aportes irregulares a campañas electorales, permaneció cerca de un año y medio en prisión preventiva mientras la Fiscalía la investigaba por supuesto lavado de dinero vinculado a donaciones de la constructora brasileña Odebrecht. Posteriormente recuperó su libertad tras una resolución del Tribunal Constitucional.

    En las elecciones de 2026, Fujimori centró su campaña en las promesas de imponer «orden» y «mano dura» para combatir el crimen organizado, una de las principales preocupaciones de los peruanos. Entre sus propuestas figura reforzar la seguridad pública y enfrentar a las organizaciones criminales con una estrategia inspirada en la política aplicada durante el Gobierno de su padre contra los grupos subversivos.

    Aunque sus simpatizantes consideran que su llegada al poder representa una nueva etapa para el país, sus críticos la responsabilizan de parte de la inestabilidad política que vivió Perú durante la última década, período en el que el país tuvo ocho presidentes. Fujimori rechaza esas acusaciones y sostiene que nunca gobernó desde el Congreso ni dirigió administraciones desde el Legislativo.

     

  • El apellido Fujimori en el centro del debate político de la segunda vuelta peruana

    El apellido Fujimori en el centro del debate político de la segunda vuelta peruana

    La elección presidencial que celebrará Perú este domingo 7 de junio enfrenta nuevamente a dos corrientes que han definido gran parte de la política nacional durante las últimas tres décadas: el fujimorismo y el antifujimorismo. La candidata derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez protagonizarán una segunda vuelta en la que el apellido Fujimori vuelve a ocupar el centro del debate político.

    A diferencia de procesos electorales anteriores, el movimiento antifujimorista ha mostrado una menor capacidad de movilización durante esta campaña. Aunque diversos sectores sociales mantienen su rechazo a la heredera política del expresidente Alberto Fujimori, las manifestaciones masivas que marcaron elecciones pasadas prácticamente desaparecieron en la antesala de estos comicios.

    Durante la campaña para la primera vuelta presidencial del pasado 12 de abril no se registraron protestas multitudinarias contra el fujimorismo, pese a que las encuestas ya proyectaban que Keiko Fujimori avanzaría al balotaje como una de las principales candidatas.

    Las cifras también reflejan cambios en la percepción ciudadana. Antes de la primera vuelta, el llamado “antivoto” contra Fujimori alcanzaba el 66 %, mientras que a pocos días de la elección definitiva se redujo hasta el 44 %, según distintos sondeos de opinión.

    Personas sostienen carteles con la imagen de la candidata presidencial derechista Keiko Fujimori el pasado sábado, durante una manifestación en su contra en Lima, Perú. EFE/ Paolo Aguilar

    En procesos anteriores, el antifujimorismo fue considerado una de las fuerzas más influyentes del escenario político peruano. Este movimiento resultó determinante en las derrotas de Keiko Fujimori frente a Ollanta Humala en 2011, Pedro Pablo Kuczynski en 2016 y Pedro Castillo en 2021, estas dos últimas por márgenes extremadamente ajustados.

    La candidata mantiene una defensa del legado político de su padre, Alberto Fujimori, quien gobernó Perú entre 1990 y 2000. Aunque reconoce que durante su administración se cometieron “errores”, reivindica los logros atribuidos a ese período, especialmente la derrota de Sendero Luminoso y la estabilización económica tras la crisis inflacionaria de finales de los años ochenta.

    Por su parte, organizaciones civiles y colectivos como “No a Keiko” y “Fujimori Nunca Más” continúan cuestionando la posibilidad de un retorno del fujimorismo al poder debido a las condenas judiciales que enfrentó el exmandatario por corrupción y violaciones a los derechos humanos.

    Las encuestas publicadas en los últimos días otorgan a Fujimori una ventaja cercana al 3 % sobre Sánchez en voto válido.

    Analistas consideran que la disminución del antifujimorismo y el desencanto de algunos sectores con las propuestas de izquierda tras el gobierno de Pedro Castillo podrían influir en el resultado de una elección que nuevamente se perfila como una de las más disputadas de la historia reciente del Perú.