Un nuevo estudio prospectivo a gran escala realizado por investigadores estadounidenses ha confirmado que el consumo moderado de café con cafeína (2 a 3 tazas al día) o té (1 a 2 tazas al día) se asocia con un menor riesgo de demencia, mejor función cognitiva y menor deterioro mental en adultos mayores.
La investigación, publicada en la revista JAMA, fue desarrollada por el Hospital General de Massachusetts (Mass General Brigham), la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard y el Instituto Broad del MIT y Harvard, y analizó datos de 131.821 personas provenientes del Estudio de Salud de Enfermeras (NHS) y el Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud (HPFS), con un seguimiento de hasta 43 años.
Según el análisis, quienes consumían café con cafeína tenían un 18 % menos de riesgo de desarrollar demencia en comparación con quienes bebían poco o nada. Además, reportaron una menor incidencia de deterioro cognitivo subjetivo (7,8 % frente al 9,5 %) y obtuvieron mejores resultados en pruebas objetivas de memoria y funciones mentales.
En paralelo, el consumo moderado de té también se asoció a resultados positivos, mientras que el café descafeinado no mostró beneficios significativos, lo que sugiere que la cafeína sería el principal componente neuroprotector.
“El café es una bebida cotidiana para millones de personas, por lo que queríamos analizar si podía tener un impacto preventivo contra la demencia”, explicó Daniel Wang, autor principal del estudio y profesor asistente en Harvard.
El estudio destaca por su profundidad y amplitud, al contar con más de cuatro décadas de datos dietéticos y cognitivos. Se evaluaron factores como la dieta, el rendimiento en pruebas mentales, la aparición de deterioro cognitivo y el diagnóstico clínico de demencia.
Los resultados se mantuvieron incluso al comparar personas con diferentes riesgos genéticos de padecer demencia, lo que refuerza la validez de los hallazgos.
Cafeína y compuestos neuroprotectores
Tanto el café como el té contienen polifenoles y cafeína, compuestos bioactivos que según el estudio reducen la inflamación y el daño celular cerebral, ayudando a preservar las funciones cognitivas con el paso del tiempo.
A diferencia de investigaciones anteriores, esta no detectó efectos adversos en quienes consumían más cafeína de la cantidad óptima, y al contrario, se observaron beneficios continuos.
Los investigadores insisten en que, aunque el efecto del café es modesto, su inclusión en un estilo de vida saludable puede contribuir a prevenir o retrasar el deterioro cognitivo, una prioridad en salud pública ante la ausencia de tratamientos curativos eficaces para la demencia.
“Nuestros hallazgos sugieren que el café o la cafeína pueden ser una pieza más en el rompecabezas de la prevención cognitiva”, concluyó Wang.
