Las conversaciones, realizadas el lunes por la noche, incluyeron al canciller japonés Toshimitsu Motegi y al ministro surcoreano Cho Hyun, quienes subrayaron ante Rubio la relevancia de garantizar la seguridad marítima en ese paso estratégico, clave para el suministro mundial de combustible.
Ambos funcionarios asiáticos evitaron pronunciarse directamente sobre la solicitud de Washington de desplegar embarcaciones militares, aunque coincidieron en la necesidad de mantener la estabilidad en la zona ante el impacto global de las tensiones.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reiteró el lunes su llamado a Japón y Corea del Sur para colaborar en la protección del estrecho de Ormuz, recordando que Estados Unidos mantiene presencia militar en sus territorios como medida de “protección”.
Además, el mandatario enfatizó que ambos países dependen en gran medida de las importaciones de petróleo provenientes de Oriente Medio, lo que refuerza la importancia estratégica de la ruta marítima.
Antes de estas declaraciones, el Gobierno japonés había señalado que no existen planes inmediatos para enviar fuerzas al área, argumentando que no hay una solicitud formal y que aún evalúan la legalidad de la propuesta.
Por su parte, Corea del Sur indicó que mantiene contacto cercano con las autoridades estadounidenses y que adoptará “una decisión cuidadosa” respecto a la petición planteada por Washington.
Durante el intercambio con Rubio, Motegi condenó las acciones de Irán, incluidos ataques a infraestructura civil y energética en países del Golfo, y ambas partes acordaron “mantener una comunicación fluida respecto a su respuesta a la situación en torno a Irán”.
En paralelo, el canciller surcoreano destacó que “la paz en Oriente Medio y la navegación segura y libre en el estrecho de Ormuz son cruciales para la seguridad y la economía de todas las naciones”, al tiempo que expresó condolencias por las bajas estadounidenses y agradeció el apoyo para evacuar a ciudadanos surcoreanos.
La operación militar lanzada conjuntamente por Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero y la consiguiente respuesta por parte del régimen de los ayatolás atacando no solo al Estado hebreo sino intereses estadounidenses y otros objetivos en Oriente Próximo ha costado ya miles de millones de dólares en material militar y ha reabierto el debate sobre la nueva economía de la guerra, en un momento en que armas menos sofisticadas como los drones pueden plantar cara a misiles de última generación.
De acuerdo con una estimación realizada por el ‘think-tank’ Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), las primeras 100 horas de la operación ‘Furia épica’ costaron unos 3.700 millones de dólares, o lo que es lo mismo, unos 891,4 millones al día. Esta estimación incluye unos 3.100 millones en reposición de municiones, a los que se suman 196 millones de costos operativos y 350 millones en reemplazar las pérdidas en combate y reparar las infraestructuras dañadas.
Tal y como advierten los autores de esta evaluación, Mark F. Cancian y Chris H. Park, los primeros días de una campaña aérea como la actual son los más caros, por lo que el ritmo del gasto no tendría por qué mantenerse a estos niveles. Por regla general, lo normal es que el ritmo de los bombardeos se ralentice ante la necesidad de identificar nuevos objetivos, a lo que se suma que las tripulaciones necesitan descansar y los aparatos requieren mantenimiento.
Además, el costo de las municiones también debería reducirse ya que se ha constatado que Estados Unidos habría pasado ya a emplear munición más económica. En las primeras 100 horas se habrían empleado más de 2.000 municiones de diverso tipo, principalmente de tipo guiado y de precisión como las que se emplearon para acabar con el ayatolá Alí Jamenei.
Ilustración de misiles de crucero Tomahawk como los utilizados por EEUU contra Irán. Istock
Misiles de largo alcance más caros
En el arranque de la operación se emplearon esencialmente misiles de crucero para destruir los centros de mando y control del régimen iraní así como sus capacidades de defensa aérea. Los expertos del CSIS estiman que se habrían empleado más de 160 misiles Tomahawk, a los que habría que sumar misiles de crucero tipo JASSM (Joint Air-to-Surface Standoff Missile). «Aunque caros y escasos, los misiles de largo alcance permiten a las fuerzas estadounidenses golpear desde la distancia», subrayan.
A partir del 4 de marzo, comenzó una transición en el tipo de municiones, según reconoció un alto cargo militar, pasándose a bombardeos de precisión sobre Irán. Para ello, se emplean municiones como Joint Standoff Weapons (JSOW) o bombas de gravedad con kits guiados Joint Direct Attack Munition (JDAM), menos costosas y más abundantes pero que deben ser lanzadas desde cazas que operan más cerca de los objetivos. Mientras que un Tomahawk cuesta unos 3,6 millones de dólares, un JDAM vale unos 80.000 dólares.
Además de las municiones empleadas por Estados Unidos –al igual que Israel– para bombardear a Irán, tanto Washington como sus aliados en la región han tenido que usar interceptores para frenar los ataques que Teherán ha lanzado no solo contra territorio israelí, sino contra las bases militares que Washington tiene en los países del Golfo así como otros puntos estratégicos en Oriente Próximo.
El sistema de defensa aérea Cúpula de Hierro de Israel intercepta misiles balísticos lanzados desde Irán sobre la ciudad de Tel Aviv, Israel. EFE
Contraataque de Teherán
En su contraataque, Irán ha empleado misiles de crucero que solo pueden frenar sistemas antiaéreos como los estadounidenses Patriot y THAAD o la Cúpula de Hierro israelí, así como drones, que pueden ser interceptados por artillería antiaérea o sistemas específicos como Coyote o Advanced Precision Kill Weapon System (APKWS), guiado por láser.
Aunque el ataque del pasado mes de junio por parte de Estados Unidos e Israel contra Irán ya mermó el arsenal de misiles balísticos, el régimen de los ayatolás aún dispone de este tipo de armas –unos 2.500 según las estimaciones israelíes antes del 28 de febrero–, algunas de las cuales estarían escondidas en instalaciones bajo tierra en distintos puntos del país.
Según los expertos del Instituto de Guerra Moderna, de la Academia Militar de Westpoint, en la fase inicial Irán ha favorecido el uso de drones al empleo de misiles balísticos, «lanzando relativamente pocos misiles en comparación con respuestas pasadas» lo que podría deberse, interpretan, a que sus inventarios se están agotando o a «un intento por reservar los misiles de corto y medio alcance para una fase posterior en el conflicto, cuando los interceptores en el Golfo se hayan agotado».
Al margen de los misiles, Teherán se está valiendo esencialmente de sus herramientas favoritas de «guerra asimétrica»: los drones y los ‘proxies’, es decir los grupos armados en la región a los que financia, como Hezbolá en Líbano o los hutíes en Yemen y que ya han llevado a cabo ataques contra Israel el primero y en el mar Rojo el segundo.
Irán busca prolongar la guerra
A sabiendas de su incapacidad para «ganar una guerra convencional contra Estados Unidos», subraya Soufan Center, un grupo especializado en análisis de seguridad, Teherán recurre a «tácticas irregulares para prolongar la guerra, esencialmente mediante la coerción económica», como sería la afectación del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, y «la asimetría del costo».
Así, subraya que la producción de un dron ‘Shahed’ le cuesta a Irán entre 20.000 y 50.000 dólares, «significativamente más barato que los sistemas de intercepción empleados por Estados Unidos y sus aliados en la región», ya que por ejemplo cada disparo de un Patriot cuesta unos 4 millones de dólares.
Todo esto «revela una nueva economía de la guerra», sostiene Nico Lange, director del Instituto para el Análisis del Riesgo y la Seguridad Internacional (IRIS), en un artículo en ‘The National Interest’ recogido por Europa Press. «Lo barato gana a lo caro. Lo masivo bate a la perfección. La rapidez bate a la tradición», subraya.
Según este experto, el uso de drones, misiles y pequeñas embarcaciones por parte de Irán «es suficiente para la tarea de sobrecargar a los sistemas de defensa». «Fuerzan al enemigo a responder a un gran cost0 y revierten los ratios de costos», resalta el director de IRIS.
«Cada éxito defensivo en último término resulta en una pérdida económica. Si, además, radares y sensores caros, que pueden costar miles de millones y solo pueden reemplazarse después de años, son destruidos por comparativamente simples drones, una victoria táctica en esta guerra podría en última instancia incluir incluso derrotas estratégicas», advierte Lange.
En su opinión, este conflicto supone «un punto de inflexión» y demuestra que «la vieja idea estadounidense y occidental de un ataque tecnológicamente superior, rápido y limpio se desmorona». En realidad «la nueva realidad militar lleva años exhibiéndose en Ucrania y en otras partes, pero los que toman las decisiones en Occidente, los planificadores militares, y los fabricantes de armamento llevan tiempo haciendo la vista gorda a esto hasta ahora, por complacencia excesiva, arrogancia y parálisis burocrática».
La nueva economía de la guerra, sostiene este experto, «nos obliga a pensar distinto». «Hoy en día, la guerra también requiere sistemas simples y robustos en grandes cantidades» no solo sistemas complejos y eficaces pero que no son rápidos ni abundantes, «y la defensa y la disuasión requiere una producción industrial que pueda respirar y crecer rápidamente cuando las cosas se ponen serias».
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este lunes que la ofensiva militar contra Irán está “prácticamente terminada”, más de una semana después de que las fuerzas estadounidenses e israelíes lanzaran un ataque sorpresa contra el país.
En una entrevista telefónica con la cadena CBS, el mandatario afirmó que las capacidades militares iraníes han quedado prácticamente neutralizadas tras los bombardeos.
“Creo que la guerra está prácticamente terminada”, declaró.
Trump aseguró que las fuerzas iraníes han sufrido graves pérdidas en su estructura militar.
“No tienen Armada, ni comunicaciones, ni fuerza aérea”, afirmó el gobernante, quien también sostuvo que los misiles iraníes están “destrozados” y que sus drones y fábricas de drones están siendo destruidos.
Durante un discurso posterior en el complejo Trump de Doral, en Florida, el mandatario indicó que el conflicto avanza más rápido de lo previsto. “Ya hemos ganado en muchos sentidos, pero no hemos ganado bastante”, dijo al referirse al desarrollo de las operaciones militares.
El Presidente de Estados Unidos también advirtió que analiza tomar el control del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el comercio mundial de petróleo. Además, lanzó una advertencia a Irán en caso de que interfiera en esta vía estratégica.
“Han disparado todo lo que tenían que disparar, y más les vale no intentar nada ingenioso o será el fin de ese país. Si hacen algo malo, sería el fin de Irán y nunca más se volvería a oír su nombre”, afirmó.
Trump defendió la ofensiva militar al asegurar que Irán se preparaba para lanzar ataques contra Estados Unidos y contra Israel. Según el mandatario, la operación también evitó un ataque mayor contra el Estado israelí.
Por otro lado, el presidente estadounidense dijo que no tiene ningún mensaje para el nuevo líder supremo iraní, el ayatolá Mojtaba Jamenei, quien asumió el cargo tras la muerte de su padre, Alí Jamenei, durante los primeros bombardeos del conflicto.
De acuerdo con el Ministerio de Salud de Irán, la primera semana de ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel ha dejado al menos 1,200 muertos y más de 10,000 heridos.