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  • El silencio que dejó el Holocausto: una visita a Auschwitz

    El silencio que dejó el Holocausto: una visita a Auschwitz

    “El trabajo te libera” dice en la entrada del Campo de Concentración de Auschwitz-Birkenau en Polonia, una de las mayores ironías de la historia.

    Los nombres de algunas de las víctimas del Holocausto resonaban por las bocinas mientras caminábamos hacia la entrada del museo. Los árboles se balanceaban suavemente con el viento y los visitantes avanzaban en silencio, reflexionando e inmersos en sus pensamientos.

    Cuando pisé el interior del campo de concentración sentí que me había transportado en el tiempo. Observé los ladrillos de las estructuras, en su mayoría reconstruidas después de la guerra y me pregunté cómo fue posible que 1,100,000 personas fueran asesinadas en Auschwitz-Birkenau en tan solo cinco años.

    En Auschwitz-Birkenau los remanentes de las vías del tren se veían deteriorados aunque me sorprendió que mantuvieron su forma después de ser utilizados para transportar aproximadamente entre ocho mil a 10 mil personas diariamente durante el 1944, según el guía del museo, Manlio Beltrán.

    Alambre de púas que rodea el campo de concentración Auschwitz-Birkenau.

    El bisabuelo de Samantha

    Antes de llegar a los campos de concentración, muchos judíos vivieron en distintos guetos alrededor del continente, como los familiares de Samantha Rodríguez del Río, mexicana que se dedica a la memoria judía y del Holocausto en Polonia.

    La vida de Rodríguez cambió por completo a sus 15 años cuando descubrió que su bisabuelo era judío.

    Durante el 2016 llegó a Polonia por primera vez con sus familiares donde descubrió el nombre real de su bisabuelo y se enteró que tenía nueve hermanos, seis más de los que conocían. Más adelante, en 2017 regresó a Polonia a investigar más sobre su pasado y nos dijo que, “ese año marcó y definió el por qué yo estoy aquí hoy en día”.

    La lluvia comenzó a caer frente a uno de los pocos edificios originales del gueto de Varsovia que no fue destruido durante la guerra. Sentada frente a una pared de ladrillos marcada con balas lanzadas por los nazis, Rodríguez nos contó que la mayoría de los hermanos de su bisabuelo fueron asesinados, con excepción de una hermana que fue sobreviviente del Holocausto y otros dos hermanos que se mudaron a México antes de la guerra.

    Samantha Rodríguez, mexicana que se dedica a la memoria judía y del Holocausto.

    Su bisabuelo siempre dijo que era de Rusia y nunca reveló que era judío. “Le daba miedo, él no quería que los reconocieran como judíos estando en México”, explicó Rodríguez.

    “Si mi bisabuelo se hubiera quedado aquí (Polonia), no sé si yo habría nacido como la persona que soy hoy, pero todos los descendientes de él hubiéramos muerto en los campos de concentración”, nos contó la mexicana.

    Cuando Samantha Rodríguez se enteró de su ascendencia, no sabía qué pensar, pero más adelante este descubrimiento la llevó a encontrar su propósito de vida.

    “Para mí se volvió algo muy personal, pero también me di cuenta que es algo que la gente debe saber”, comentó la creadora del proyecto “The Voice of the Silence”.

    En el 2020, la joven comenzó un proyecto con el fin de educar a las personas sobre el Holocausto, especialmente a países latinoamericanos. “Es como darle voz a mi historia, pero también a otras historias de otras personas que estuvieron en silencio”, indicó.

    Rodríguez ha hecho sobre 100 entrevistas a personas relacionadas con el Holocausto, incluyendo sobrevivientes, descendientes e historiadores. Para ella es sumamente importante, “tratar de entender… cómo es que la humanidad pudo llegar a hacer algo tan terrible”. Añadió que, “estudiar y aprender del Holocausto nos ayuda a ser más humanos”.

    Desde hace dos años Rodríguez se mudó a Polonia y a diario camina por las calles donde sus ancestros solían vivir. Aunque algunas personas cuestionan su decisión de mudarse a Polonia después que descubrió que sus familiares murieron allí, Rodríguez aseguró que para ella es importante poder disfrutar y reconectar con la tierra donde se encuentran sus raíces después de tantos años.

    Una cámara de gas donde le quitaron la vida a miles de personas.

    Las huellas del terror

    Continuamos el recorrido y me detuve donde los nazis clasificaban a los judíos que trabajarían y aquellos que serían enviados a las cámaras de gas en Auschwitz-Birkenau. El mero pensamiento de encontrarme donde se decidió el destino de miles de personas, me erizó la piel.

    Gran parte del Campo de Concentración Auschwitz-Birkenau se encuentra en ruinas luego que los nazis intentaron eliminar la evidencia de las muertes en 1945.

    Caminamos dentro de uno de los edificios en donde dormían los judíos. Las personas dormían en tablas de madera, y algunos en el piso. Me pareció imposible imaginar de 760 a 1,000 personas viviendo en una sola estructura. Las condiciones de vida eran simplemente inhumanas.

    El silencio prevaleció entre las personas mientras recorríamos el museo. Los nazis ocuparon muchas de las pertenencias de los judíos como su equipaje, ropa y zapatos.

    Me detuve a observar los zapatos y me llamó la atención un pequeño calzado de un niño que debía tener aproximadamente uno o dos años de vida. Mi corazón se quebrantó mientras el guía hablaba sobre la presencia de niños en el campo. Mis ojos se comenzaron a tornar llorosos de pensar en la inocencia de los niños y aquellos a los que le arrebataron su niñez, su familia y hasta la vida.

    El zapato de un niño sobresale entre zapatos de adultos. Los zapatos fueron incautados por los nazis, ahora se exhiben dentro del museo de Auschwitz-Birkenau.

    En otro de los cuartos se encontraba una tela que a simple vista parecía hecha de algodón o lana, pero esa tela fue hecha con el cabello de las mujeres que entraron al campo.

    Los nazis afeitaban a las mujeres para humillarlas y deshumanizarlas. El cuarto estaba lleno del cabello de cientos de mujeres que fue encontrado por los soviéticos. Mi estómago se revolcó y observé a las personas que me acompañaban, ninguno podía creer lo que estaba frente a nosotros.

    Continuamos el recorrido por una de las cámaras de gas que utilizaron para exterminar a los judíos. El cuarto se sentía frío y las paredes tenían una coloración oscura. Allí entendí que el Holocausto fue un sistema y que estaba parada en el lugar donde miles de judíos dieron su último respiro.

    El impacto después de 80 años

    Después de escuchar a Samantha Rodríguez, entendí que el Holocausto no terminó hace 80 años con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Sus remanentes siguen vivos entre los descendientes de aquellos que perdieron la vida, y su impacto trasciende los alambres de púas y las paredes que rodearon los campos de concentración.

    Uno de los vagones donde transportaban a los judíos y el lugar donde realizaban la clasificación de personas.

    La población judía en Polonia bajó significativamente luego del Holocausto. Según nos explicó el guía del museo, muchos sobrevivientes y familiares abandonaron el país para escapar de los recuerdos de la persecución y el sufrimiento que enfrentaron por años.

    Al llegar al final de Auschwitz-Birkenau me encontré con una placa que dice, “que este lugar sea para siempre un grito de desesperación y una advertencia para la humanidad”. Estas palabras me hicieron entender que el museo no tan solo sirve como lugar de conmemoración sino que es la prueba de lo que puede provocar la indiferencia y el odio.

    Mientras abandonaba el lugar y observaba nuevamente las vías del tren, solo podía pensar en las millones de personas que nunca lograron salir del campo de concentración. El silencio se apoderó nuevamente de todos los visitantes y al mirar a los demás, comprendí que la visita había cambiado la percepción de todos.

     

     

     

     

     

     

     

  • El Gueto de Varsovia: Regreso al pasado

    El Gueto de Varsovia: Regreso al pasado

    VARSOVIA, Polonia — Cada vez que Irene Shashar viaja a su natal Polonia tiene muy presente el terreno que pisa. Más allá que recorrer la ciudad que la vio nacer en 1937, la hoy sobreviviente del Holocausto sabe que camina por un campo santo. 

    “Cada vez que voy al Gueto de Varsovia, camino en punta de pies para no pisar los esqueletos que están seguramente ahí debajo de la superficie de la tierra”, dice Shashar, quien logró escaparse de los nazis con su madre siendo aún una niña.

    Algunos familiares del periodista israelí-español Ofer Laszewicki Rubin, no corrieron con esa suerte. Pero el nieto de sobrevivientes del Holocausto hoy colabora con programas educativos sobre la memoria histórica y se dedica a preservar los testimonios de quienes fueron testigos de esos amargos días de la Segunda Guerra Mundial en Polonia —donde unos 3 millones de judíos como él y Shashar fueron asesinados en campos de concentración o perecieron en paredones y por hambruna y enfermedades en los guetos donde se vieron atrapados.

    El Gueto de Varsovia fue el mayor gueto judío establecido por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial (1940-1943). Los nazis confinaron a cerca de 400,000 judíos en 3.4 km2, provocando la muerte de más de 100,000 personas por hambre y enfermedades antes de las deportaciones masivas al campo de concentración de Treblinka en 1942.

    El Gueto de Varsovia será una vez más el foco de atención en Polonia este mes: el 19 de abril se marcará el 83º. aniversario de su levantamiento, un momento histórico en el cual entre 700 y 1,000 judíos formaron una insurrección armada contra la ocupación nazi.

    Rubin regresó a Polonia en vísperas de ese aniversario, a principios de este año, y prepara un libro sobre lo que los suyos vivieron ahí. El viaje también ha servido como una manera de retomar sus raíces.

    “Es importante de vez en cuando recordarle a la gente que [el Holocausto] no fue una cosa más”, asegura Rubin. “Yo [viajé a Polonia este año] por una necesidad de llenar un vacío vital enorme en mi familia”, agrega este, quien hoy vive en España. “Del lado de la familia materna, yo nunca conocí a primos ni a tíos, ni tíos abuelos, ni nada básicamente porque toda la familia fue asesinada”.

    Ofer Laszewicki Rubin comparte un libro donde se muestra hoy en día la facultad de derecho de Lublin, que antes era donde los nazis planearon la operación Reinhard.

    En Israel quedaron sus abuelos paternos, su madre y padre. Él mismo no supo mucho de la familia que perdió en el Holocausto hasta que fue mayor de edad. El tema era un tabú a evitar. “Mis abuelos jamás se sentaron a tomar un café y explicarle a mi madre y a [mi tío] esto es lo que pasamos chicos, fue A, B, C”.

    Los traumas que sus antecedentes sufrieron eran terribles pinceladas en los recuerdos familiares: las pesadillas de su abuelo, por ejemplo, quien “se despertaba en medio de la noche soñando que un alemán le apuntaba, jugaba la ruleta Rusa en su cabeza”.

    Rubin aun recuerda el tatuaje con el cual los nazis marcaron la piel de su abuela, una persona que describe como atormentaba y perturbada.  Entre sus peores recuerdos: “el momento que ella aguantaba un bebé huérfano en uno de los campos de exterminio y lo mataban en sus mano”, dice Rubin.

    Irene Shashar junto a su madre, Elena, en París. Fotografía: cortesía de Irene Shashar.

    Shashar, de hoy 89 años, quedó huérfana de padre en el Gueto de Varsovia a tierna edad. Inició su vida en Polonia con el nombre bíblico de Ruth; en el transcurso de la guerra “mi mami me [lo] cambió a Irene”, apunta.

    Sus primeros recuerdos son traumáticos. Con una maleta en mano, su familia fue expulsada de su hogar. “Como perros nos echan al gueto”, dice. En este lugar, las condiciones eran precarias, caracterizadas por hambre, enfermedades y hacinamiento, con el objetivo de debilitar y aislar a la población judía del resto de los ciudadanos polacos.

    Varsovia destruida debido a las órdenes de Hitler. Fecha: 15 de marzo de 2026. Foto por Dulce Rodriguez- Escamilla.

    Shashar, su madre y su padre fueron asignados a una pequeña habitación que ella describe como sucia y en malas condiciones. Para sobrevivir, madre e hija salían a las calles del gueto en busca de alimento. Un día, al regresar a su hogar, encontraron una multitud cerca de su edificio. Al entrar, Shashar descubrió a su padre muerto en la cocina; había recibido un disparo en el cuello.

    Su madre reaccionó con desesperación, y el cuerpo de su padre nunca recibió un entierro digno. Ya adulta ha buscado su tumba, hablado con profesores e investigadores de esa época; solo saben decirle que su progenitor probablemente yace en una fosa común. Los nazis, dice ella, “amontonaban a los muertos y los tiraban allí como sacos de arena”.

    Ante el peligro constante, su madre decidió huir para evitar correr el mismo destino de su padre. Hoy día recuerda ese momento con claridad: “[Mami] me pone una manta, y me da mi muñequita que la pongo en mi brazo izquierdo; ella hace un paquete en una bolsa negra”.

    Edificios renovados de lo que fue el antiguo Gueto de Varsovia. Foto Dulce Rodríguez-Escamilla.

    Juntas escaparon a través del alcantarillado, enfrentando aguas sucias y condiciones extremas.“Yo estoy empapada, ratas bailan alrededor nuestro”, dice. “Mi mami me dice que me agache y que en cuatro avance”.

    Una vez fuera del gueto, la madre de Shashar logró esconderla en Polonia en más de siete lugares distintos. Eventualmente terminaron en Paris, donde su progenitora falleció. Shashar fue adoptada por una familia en Perú, creció y se mudó a Estados Unidos, donde cursó estudios en la Universidad de Nueva York antes de trasladarse a Israel, donde hoy vive con su familia y donde publicó su autobiografía, Yo vencí a Hitler.

    Tal como el libro que Shashar escribió, ella combate el antisemitismo a través de usando su historia y su voz como una herramienta para parar las injusticias que hayan ya que ella siente que es su deber y propósito como sobreviviente del Holocausto, “qué hacer por el mundo, qué hacer en este mundo, y en esta vida, porque yo sobreviví, debo de tener alguna actitud, algún desafío, y tomé ese desafío y empece hablar”, dice. “De repente me abrí como una fuente que no tenia cese, iba de colegio en colegio, de grupos a grupos, hablaba en casas de amigos y de extraños”.

    Shashar comparte su libro, “Yo Venci A Hitler”, cuando se acuerda de que sobrevivió al Holocausto y pudo contra los desafíos. Fecha: 15 de marzo de 2026. Foto por Dulce Rodriguez- Escamilla.

    Hoy, Shashar lamenta los actos y protestas antisemitas que ocurren alrededor del mundo, especialmente en universidades como su alma mater en Nueva York, donde estudiantes judíos han reportado sentirse inseguros debido a protestas pro-Palestina tras el ataque terrorista de Hamas el 7 de octubre de 2023.

    “Es terrible, que en una Universidad donde tiene que haber una libertad académica, abierta, libre, libre de influencias democráticas. De repente profesores que dictan ciertos cursos, hablen en contra o a favor del antisemitismo, no, o al contrario tengan miedo de abrir la boca y de decir lo que piensan porque no es lo que la corriente, en la corriente popular de ese momento”, dice Shasar y advierte que si estuviera en estas universidades ella protestaría y gritaría contra el antisemitismo y con la seguridad de por lo cual alza la voz para luchar.

    Rubin asegura que su viaje a Polonia lo hizo para mejor entender cómo el Holocausto aun lo afecta y otros en el presente, especialmente en tiempos difíciles para los judíos después del 7 de octubre. Y su jornada ahí también lo expuso a una inesperada agresión en la ciudad de Lublin.

    Parado cerca de una placa en la plaza Alibaba, una mujer se le acercó, lo miró a los ojos y le dijo: “Lublin es demasiado judío, Hitler tenía razón”, relata Rubin. La mujer acompañó sus palabras trazando su dedo sobre su cuello, cuál cuchillo cortando una cabeza.

    El mural es conocido como Varsovia Judía, creado por el artista y arquitecto Tytus Brzozowski. El mural sirve como homenaje al distrito judío que fue destruido y en memoria de lo que sobrevivió después de la Segunda Guerra Mundial. Fecha: 15 de marzo de 2026. Foto por Dulce Rodriguez- Escamilla.

     

     

     

  • Comunidad judía en El Salvador conmemora el Holocausto y alerta por antisemitismo

    Comunidad judía en El Salvador conmemora el Holocausto y alerta por antisemitismo

    La comunidad judía en El Salvador conmemoró la noche del lunes el holocausto, la huella de uno de los capítulos más oscuros de la historia, recitando poemas, encendiendo velas y enseñando a las nuevas generaciones que la memoria, aunque duela, es imprescindible conservarla.

    Esta conmemoración es conocida en la tradición israelí como Yom HaShoá.

    “El Holocausto no es un acontecimiento histórico abstracto… es parte de nuestra historia personal y de la realidad en la que crecimos; hoy recordamos a mis bisabuelos, recordamos también a mis tíos abuelos y muchos otros que fueron asesinados”, expresó el embajador de Israel en Guatemala y El Salvador, Alon Lavi.

    La presidenta de la comunidad israelita en El Salvador, Sylvia Lerner de Freund, recordó que el exterminio de seis millones de judíos, incluyendo un millón y medio de niños, fue un proceso sistemático y planificado en todos sus niveles.
    Enfatizó que no se trató de un hecho aislado ni accidental, sino del resultado de la deshumanización progresiva, impulsada por leyes injustas y por el silencio de quienes no alzaron la voz a tiempo.

    “Cada uno de ellos tenía un nombre, una familia, una historia… eran niños que soñaban, padres que trabajaban, personas que amaban”, expresó, al destacar la dimensión humana detrás de las cifras.

    Alon Lavi, Embajador de Israel en Guatemala y El Salvador

    Antisemitismo en aumento

    El embajador Lavi, señaló que en los últimos años se ha registrado un aumento significativo de manifestaciones antisemitas tanto en el espacio público como en el digital, lo que consideró una señal de alerta.

    “Hoy es contra los judíos, mañana podría ser contra cualquiera que no encaje”, advirtió, al llamar a una acción conjunta frente a este fenómeno.

    El diplomático también destacó que el Holocausto no es un hecho lejano, sino una realidad que forma parte de la historia personal de muchas familias.

    Lerner de Freund  también advirtió que el antisemitismo no ha desaparecido, sino que persiste en la actualidad bajo nuevas formas, como la desinformación, los discursos disfrazados de opinión y la negación de la verdad histórica.

    Durante la conmemoración se mostraron fotos que documentan el holocausto sufrido en la Segunda Guerra Mundial.

    Reflexión sobre el origen del odio

    El rabino Juan Pablo Ossandon inició su intervención con una pregunta: “¿quiénes fueron los nazis?”, planteando una reflexión sobre el origen del odio desde la tradición judía.

    Explicó que el eje central de la Torá se resume en el mandato “ama a tu prójimo como a ti mismo”, y señaló que el incumplimiento de este principio —especialmente hacia los más vulnerables— constituye una forma de idolatría.
    En esa línea, advirtió que el nazismo representó precisamente ese quiebre: una expresión de deshumanización basada en el odio y la opresión.

    “Me niego a ver en los perpetradores del Holocausto a monstruos… fueron seres humanos”, afirmó, al tiempo que explicó que deshumanizarlos impide comprender de lo que es capaz el ser humano.

    El rabino también alertó que estas tragedias no surgen de forma repentina, sino que se construyen progresivamente: “el nazismo no comenzó con cámaras de gas… comenzó con palabras”.

    Ossandon subrayó que la responsabilidad de evitar que hechos similares se repitan recae en cada persona y en las decisiones cotidianas.

    La presidenta de la comunidad israelita en El Salvador, Sylvia Lerner de Freund, recordó que el exterminio de seis millones de judíos, incluyendo un millón y medio de niños, fue un proceso sistemático y planificado en todos sus niveles.

    No repetición

    Por su parte, el embajador de Alemania en El Salvador, Friedo Sielemann, advirtió que la sociedad tiende a olvidar incluso hechos que ha vivido, y con mayor razón aquellos que ocurrieron hace más de 80 años, por lo que insistió en la importancia de mantener vivo el recuerdo.

    “Hay que ver, la gente olvida… incluso cosas que uno mismo ha experimentado”, expresó.

    El diplomático sostuvo que comprender la crueldad humana es clave para evitar su repetición y señaló que solo a través de ese entendimiento se puede trabajar para impedir que una tragedia similar vuelva a ocurrir.

    También subrayó que cada año hay menos sobrevivientes capaces de relatar lo ocurrido, por lo que consideró fundamental preservar sus testimonios y hacerlos accesibles. En ese sentido, afirmó que “las historias de los sobrevivientes son más poderosas que cualquier ensayo histórico”.

    Sielemann remarcó además que, aunque las generaciones actuales no tengan una culpa directa, sí tienen la responsabilidad de recordar y no permitir el olvido.

    Sielemann, embajador de Alemania en El Salvador.

  • «Mi Lucha» de Adolf Hitler, 100 años de un panfleto sangriento

    «Mi Lucha» de Adolf Hitler, 100 años de un panfleto sangriento

    Las consecuencias del ascenso del nazismo al poder en 1933 ya se podían prever en «Mein Kampf» (Mi Lucha), el panfleto escrito por Adolf Hitler, cuyo primer tomo se publicó el 18 de julio de 1925 y donde exponía sus planes de anexar a Austria y de conquistar «espacio vital» para Alemania en el este de Europa, y donde no escondía su antisemitismo visceral que luego desembocaría en el Holocausto.

    Sin embargo, en su momento el libro no fue tomado en serio y no se calibró la amenaza que significaba el ascenso de un personaje como Hitler porque muchos pensaban que no necesariamente los hechos vienen detrás de las palabras como lo afirma la politóloga Barbara Zehnpfennig en un artículo.

    Hitler escribió el primer tomo de su libro estando prisionero en la fortaleza de Landsberg por el intento de golpe de Estado del 9 de noviembre de 1923.

    El libro «Mi Lucha», entre otras publicaciones el pasado mayo en la estación de Málaga. EFE/ Rodrigo Zuleta

    Durante mucho tiempo se dijo que Hitler había dictado el libro a Rudolf Hess, quien sería su segundo tras la toma del poder, pero las investigaciones más recientes apuntan a que lo escribió directamente, en una máquina de escribir portátil que le había regalado una admiradora y utilizando resmas de papel que le hacía llegar a la cárcel Winifred Wagner, la nuera del compositor

    Ventas millonarias

    Hasta enero de 1933 se vendieron 287 mil ejemplares de «Mi lucha». A partir de ese momento, con la toma del poder por parte de los nazis, las ventas se dispararon y al terminar la II Guerra Mundial se habían superado los 12 millones de ejemplares vendidos.

    En 1945 el libro había sido traducido al menos a 17 idiomas entre los que había dos traducciones fragmentarias al español -una en Barcelona en 1935 y otra en Ávila en 1937 sin que se especificase el traductor- y una completa en México, de la editorial Herrerían, en 1941 y en versión de Augustín Aragón Leiva.

    Sin embargo, siempre ha estado en el aire la pregunta de, si además de haber sido vendido, el libro también había sido leído.

    Las consecuencias del ascenso del nazismo al poder en 1933 ya se podían prever en «Mein Kampf» (Mi Lucha). EFE/ Salvador Martínez-Mas

    «Hubo reacciones a ‘Mi lucha’ de contradictores políticos y de periodistas cristianos y de algunos sindicatos, pero la mayoría se limitaba a algunos aspectos parciales o a la parte biográfica del libro», escribe Zehpfenning.

    La politóloga destaca un texto publicado en 1932 por el entonces diputado Theodor Heuss -que después sería el primer presidente alemán tras la guerra- que se titulaba «El camino de Hitler».

    Sin embargo, y aunque Heuss se ocupa en detalle y críticamente del libro, subestimó la dinámica que podía desatar la programática subyacente y, dice Zehnpfennig, «como muchos otros liberales creyó que Hitler podía ser domesticado a través del parlamento».

    Un anuncio del horror

    Ian Kerschaw, autor de una de las biografías de referencia de Hitler, dice que «Mi lucha» «es la expresión más clara y completa» de lo que el dictador nazi «pensaba y planeaba hacer».

    Sin duda, el deseo de que Alemania se anexionara Austria y la idea de que debía conquistar Lebensraum (espacio vital) en el este de Europa pueden ser vistos como un anuncio de la política expansionista que caracterizaría al régimen nacional socialista.

    En el texto se pueden encontrar también pasajes de lo que se ha llamado «antisemitismo eliminatorio», que puede verse como un anticipo del Holocausto.

    El primer tomo se publicó el 18 de julio de 1925 y exponía sus planes de anexar a Austria y de conquistar «espacio vital» para Alemania en el este de Europa. EFE/ Salvador Martínez-Mas

    En el segundo tomo habla incluso de que en 1914 se había debido someter a gas venenoso a 12 mil 0 14 mil «hebreos», lo que -leído desde lo que ocurrió después- puede entenderse como un anticipo de Auschwitz.

    El historiador Andreas Wirsching, que impulsó la publicación de una edición crítica desde el Instituto de Historia Contemporánea de Múnich, considera que hay una relación entre la forma en que los contemporáneos subestimaron el libro y la forma de cómo subestimaron al propio Hitler.

    Después de la guerra, siguieron apareciendo ediciones pese a que inicialmente hubo una prohibición -que no afectaba al mercado de lengua inglesa- y a que a partir de 1965 el Ministerio de Finanzas bávaro, a quienes los aliados habían cedido los derechos, rechazaba sistemáticamente las peticiones para obtener una licencia de publicación.

    El 1 de enero de 2016 los derechos quedaron libres y -de cara a esa fecha- el Instituto de Historia Contemporánea de Múnich preparó su edición crítica monumental dirigida por Chistian Hartmann.