Una investigación del periódico estadounidense The New York Times sugiere que el creador del Bitcoin, conocido bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto, podría residir en El Salvador, lo que vuelve a colocar al país en el centro del ecosistema global de criptomonedas.
El reportaje apunta al criptógrafo británico Adam Back, de 55 años, como posible responsable detrás de la creación del Bitcoin, tras analizar múltiples coincidencias técnicas, históricas y lingüísticas.
Según la investigación, Back participó recientemente en un evento sobre Bitcoin en El Salvador, donde fue abordado por el periodista autor del reportaje, John Carreyrou, quien intentó confrontarlo con las evidencias recopiladas.
Durante ese encuentro, realizado en un hotel en San Salvador, el científico económico en repetidas ocasiones fue Satoshi Nakamoto, aunque su comportamiento generó dudas en el periodista.
«En última instancia, no prueba nada. Y les aseguro que realmente no soy yo», afirmó Back al ser cuestionado directamente sobre su posible identidad como creador del Bitcoin.
El análisis periodístico sostiene que Back cumple con múltiples características atribuidas a Nakamoto, como su origen británico, su participación en el movimiento cypherpunk y su trabajo previo en sistemas criptográficos similares a los que dieron vida al Bitcoin.
Además, se destaca que el experto fundó empresas vinculadas al ecosistema cripto y mantiene una fuerte influencia en la evolución de esta tecnología a nivel global.
El reportaje también resalta que El Salvador ha ganado protagonismo internacional como centro de innovación en criptomonedas, lo que habría motivado la presencia de figuras clave del sector en el país.
En ese contexto, el posible vínculo entre Back y Nakamoto refuerza la percepción de El Salvador como un laboratorio financiero y tecnológico para el desarrollo del Bitcoin y otros activos digitales.
Aunque no existe prueba definitiva sobre la identidad de Satoshi Nakamoto, la investigación concluye que Adam Back es, hasta ahora, uno de los candidatos más sólidos, manteniendo vigente uno de los mayores misterios de la era digital.
