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  • Los cubanos enfrentan nuevas carencias de agua y alimentos

    Los cubanos enfrentan nuevas carencias de agua y alimentos

    La crisis energética continúa condicionando la vida cotidiana en Cuba, pero a los prolongados problemas de electricidad se agregan ahora otras dificultades relacionadas con el acceso al agua potable, gas, transporte, medicamentos y alimentos, en medio de una situación que el propio Gobierno reconoce como “sumamente compleja” y “de sufrimiento”.

    “Estamos mal, es una cosa que estamos mal en casi en todos los sentidos: en higiene, en los precios”, recalca a EFE, Francisco López, un habanero que se queja de cómo su jubilación de 4.000 pesos (33 dólares al cambio formal, pero 6 dólares en el informal) no le alcanza ni para comprar una botella de aceite para cocinar, cuyo valor ha llegado a alcanzar hasta los 5.000 pesos en algunas tiendas privadas.

    López, de 80 años, también enfrenta dificultades para conseguir medicamentos para tratar sus problemas de presión arterial. El Atenolol que necesita ya no está disponible en las farmacias estatales y debe buscarlo en el mercado informal.

    Las autoridades cubanas reconocieron que no pueden importar todos los medicamentos e insumos requeridos para satisfacer la demanda nacional, situación que atribuyen al bloqueo energético y a las órdenes ejecutivas de Washington. En julio, el Gobierno formalizó la gestión privada de farmacias.

    Las dificultades con el agua se agravan por los problemas eléctricos, especialmente para quienes necesitan bombas para llevarla hasta pisos superiores.

    “Yo vivo en un piso alto y hay que poner un motor para que pueda haber agua, pero si hay corriente no hay agua”. “No ponen las dos juntas, están chocando”, relata.

    Elanis Castellano, de 53 años y residente de Centro Habana, también describió las dificultades para abastecerse.

    “La situación está difícil. No tenemos agua y estamos pagando para que nos puedan subir un poquito al edificio (…) Ya llevamos tres semanas seguidas sin agua”, puntualiza. La mujer aseguró que llegó a pagar hasta 1,000 pesos por una cubeta de agua.

    El presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), Antonio Rodríguez, indicó que alrededor de 2.7 millones de cubanos enfrentan dificultades agravadas con el suministro de agua y explicó que existen zonas donde “el agua se rebombea con bajas presiones y si no hay corriente se quedan muchas personas sin recibir el servicio”.

    El presidente Miguel Díaz-Canel llamó esta semana “a resolver en el menor tiempo posible” los problemas de abastecimiento.

    Las carencias también afectan el transporte y las posibilidades de cocinar. Juan Zamora, un adulto mayor que recogía pedazos de madera de un basurero de La Habana para utilizarlos como leña, calificó la situación como “bastante crítica”. Mientras tanto, en la céntrica avenida 23 del Vedado, Rogelio Bonet, de 88 años, esperaba bajo el sol el escaso transporte público para poder desplazarse.

    El Gobierno cubano descartó que el país se encuentre “al borde del colapso”, aunque reconoció las dificultades que atraviesa la población.

    Entre algunos habitantes consultados crece el escepticismo sobre una mejoría. Bonet consideró que “mientras el cerebro pensante” en el país siga siendo el mismo, no habrá cambios y sentenció: “El cambio tiene que ser absoluto. De arriba para abajo, no de abajo para arriba”.

     

     

  • Un 30 % de la población en Cuba sufre escasez de agua potable

    Un 30 % de la población en Cuba sufre escasez de agua potable

    Más de 3.1 millones de personas en Cuba, lo que representa cerca del 30 % de la población, enfrentan una falta total o parcial de suministro de agua potable, según reportes divulgados este miércoles por medios oficiales.

    Las causas de la crisis son múltiples y convergentes. Las autoridades del sector hidráulico atribuyen el problema a la persistente sequía, la crisis energética que afecta a todo el país, las averías en equipos de bombeo, así como el deterioro generalizado de las redes de distribución.

    En Santiago de Cuba, la segunda provincia más importante del país, más de 400,000 personas —equivalente al 40 % de su población— están directamente afectadas por la sequía extrema, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH).

    Los embalses locales están al límite de su capacidad, lo que ha obligado a implementar estrategias de emergencia y sostenibilidad para enfrentar el colapso del sistema.

    La crisis energética ha profundizado el problema. Apagones que superan las 20 horas diarias paralizan las bombas de agua. Una vez restablecida la corriente, los sistemas tardan horas en reactivarse y, en muchos casos, sufren daños por los constantes vaivenes del flujo eléctrico, lo que retrasa aún más la distribución del agua.

    La situación ha generado malestar social. En los últimos meses se han registrado protestas ciudadanas en barrios de La Habana y Santiago de Cuba, donde residentes reclaman por la falta de agua, sumándose a los reclamos por los apagones constantes.

    Las autoridades del sector insisten en que se están ejecutando obras de emergencia y que se mantienen en marcha acciones para mitigar los efectos de la escasez hídrica, pero admiten que el contexto es crítico y complejo.