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  • Rescatan a dos personas tras inundaciones en Nepal

    Rescatan a dos personas tras inundaciones en Nepal

    Dos personas fueron rescatadas con vida este viernes de un túnel que quedó sepultado durante las devastadoras inundaciones que golpearon el norte de Nepal el pasado 26 de agosto, cerca de la frontera con China, mientras el balance de víctimas mortales se acerca a 1,300.

    «Buenas noticias. Dos personas han sido rescatadas con vida en el interior del túnel de la planta hidroeléctrica Trishuli 3A», informó la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMA) a través de sus redes sociales. Los sobrevivientes fueron identificados como Kabir Maharjan y Sanjay Sah y fueron evacuados por equipos de búsqueda y rescate nepalíes y extranjeros.

    La Policía de Nepal informó que hasta este viernes fueron recuperados 1,290 cadáveres, mientras que 4,788 personas continúan desaparecidas, entre ellas 601 extranjeros. Miles de policías y trabajadores de emergencia permanecen desplegados en las zonas golpeadas por las inundaciones para continuar las labores de búsqueda.

    La tragedia también dejó víctimas fuera de Nepal. Las autoridades chinas reportaron al menos 21 muertos y alrededor de 550 desaparecidos en su territorio, entre ellos 261 extranjeros. En India, los equipos de emergencia recuperaron otros tres cadáveres relacionados con el desastre.

    En medio de la emergencia, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) confirmó la llegada al aeropuerto de Katmandú de un vuelo con 84 toneladas de suministros humanitarios financiado por la Unión Europea (UE). La ayuda será distribuida entre las comunidades afectadas por las inundaciones en las cuencas de los ríos Bhotekoshi y Trishuli.

    El cargamento salió del centro mundial de suministros y logística de UNICEF en Copenhague, Dinamarca, e incluye medicamentos y equipos de diagnóstico para atender casos de diarrea acuosa aguda, depósitos de agua, kits de higiene, productos para el tratamiento del agua, tiendas de campaña, ropa de invierno para bebés y niños y material didáctico.

    «Estos suministros llegan en un momento crítico para los niños y niñas y las familias afectadas por las inundaciones», explicó la representante de UNICEF en Nepal, Alice Akunga. «Miles de niños han visto cómo sus vidas se ponían patas arriba en cuestión de minutos. Muchos han perdido sus hogares, sus aulas y su sensación de normalidad. Este envío nos ayudará a proporcionar la ayuda que se necesita con urgencia y a llegar a los niños y las familias con servicios que protejan su salud, su bienestar y su futuro», sostuvo.

    Akunga agregó que «es fundamental contar con un apoyo continuo para ayudarlos a recuperarse, mantenerse sanos, retomar el aprendizaje y reconstruir sus vidas en las próximas semanas y meses». «Dada la enorme magnitud de la catástrofe y las importantes necesidades que persisten, cada día cuenta», remarcó. Por su parte, el encargado de negocios en funciones de la delegación de la UE en Nepal, Thomas Millar, afirmó que el bloque «se solidariza con el pueblo de Nepal tras estas devastadoras inundaciones» y destacó la necesidad de fortalecer la preparación, los sistemas de alerta temprana y la capacidad local de respuesta ante desastres.

     

  • El pueblo de Nepal enterrado hasta los tejados y con sus muertos aún dentro

    El pueblo de Nepal enterrado hasta los tejados y con sus muertos aún dentro

    La riada sepultó partes enteras de este pueblo del centro de Nepal bajo varios metros de barro, piedras y escombros, en Devighat ahora se camina sobre ellos donde antes había calles y, en algunos tramos, los tejados de las casas quedan prácticamente a la altura de los pies.

    Debajo siguen las casas. En algunas, también los muertos.

    Hay cadáveres todavía aprisionados bajo vigas y escombros que nadie ha podido retirar porque el terreno continúa siendo demasiado inestable y las máquinas pesadas no pueden alcanzar algunos edificios.

    Por encima, drones atraviesan el cielo transportando cuerpos sujetos a camillas hasta una escuela cercana, convertida ahora en centro para recibir a los muertos recuperados.

    Abajo, la vida anterior aparece por fragmentos; una cortina continúa colgada de una vivienda partida frente al río, de otra casa sobresale prácticamente solo el tejado y una motocicleta permanece clavada en el barro. Un hombre ha conseguido sacar de la que fue su casa un televisor cubierto de lodo que difícilmente volverá a funcionar.

    La devastación de esta localidad del distrito de Nuwakot forma parte de una catástrofe cuya dimensión Nepal todavía intenta establecer. Cinco días después de las riadas, el Gobierno cifra en 903 los cuerpos recuperados y en alrededor de 4.200 las personas que siguen sin ser localizadas en el país.

    En Devighat, las cifras todavía no alcanzan a contar lo que sigue dentro de las casas.

    Hay cuerpos que siguen dentro de las casas y otros bajo escombros que nadie ha podido levantar. En algunos edificios basta acercarse para que el olor a descomposición se haga más intenso; en otros, los muertos pueden verse desde fuera.

    En una vivienda, unas piernas hinchadas por cinco días de descomposición cuelgan entre los restos mientras el resto del cuerpo parece continuar aprisionado más arriba.

    Nadie en el pueblo puede decir cuántos cuerpos permanecen todavía dentro de las viviendas. Algunos son visibles entre los restos, otros solo se intuyen por el olor que se vuelve más intenso al acercarse a determinadas casas y hay edificios a los que todavía resulta imposible entrar.

    Barro hasta el cuarto piso

    Para entender cuánto subió el agua hay que subir. En uno de los edificios de Devighat todavía queda barro en la cuarta planta, adherido al suelo y las paredes. Allí vivía una pareja de ancianos que sobrevivió por una circunstancia completamente ordinaria en mitad de la catástrofe, ella estaba ingresada en un hospital de Bhaktapur y su marido había ido a acompañarla. Su hijo estaba en el extranjero.

    Cinco días después, familiares y vecinos entran en lo que queda de la vivienda para sacar colchones, ropa, una bombona de gas y la de oxígeno que utilizaba la mujer.

    Desde allí también pueden verse cuerpos.

    Los habitantes explican a EFE que las excavadoras no han podido llegar hasta ellos porque la capa de barro y escombros sobre la que ahora se camina sigue siendo demasiado inestable para la maquinaria pesada.

    Lo que parece una calle puede ser en realidad una masa de sedimentos depositada sobre una vivienda, un patio o los restos de un edificio.

    El olor a descomposición acompaña el recorrido incluso donde los cadáveres no pueden verse.

    En medio de tantos edificios vacíos o sepultados, una casa conserva todavía habitantes.

    En las plantas inferiores, el barro cubre las paredes y tapona incluso la escalera; dos o tres pisos más arriba empieza a secarse y desaparecer y, en la última planta, parece no haber entrado. Las paredes siguen rojas y las plantas de los balcones permanecen verdes.

    Un hombre sin camisa sale al balcón y mira hacia abajo con la naturalidad de quien se asoma a la calle, aunque debajo ya no haya una calle sino metros de barro y desde fuera ni siquiera resulte evidente por dónde entra y sale la familia.

    «Ya no hay puentes»

    Más allá de Devighat hay lugares donde ni siquiera se ha podido buscar de la misma manera.
    Nisma, de 23 años, llegó desde Katmandú con alimentos infantiles y otros suministros. Su abuela sobrevivió, pero cuatro o cinco de sus familiares siguen desaparecidos y algunas de las comunidades donde intentan buscarlos permanecen fuera de su alcance.

    «No podemos llegar hasta allí por carretera», explica a EFE. «Ya no hay puentes», agrega.

    Las riadas destruyeron carreteras y pasos que comunicaban las poblaciones de esta zona del país, dejando comunidades aisladas y dificultando tanto la llegada de ayuda como la búsqueda de quienes todavía no aparecen.

    Entre quienes lograron escapar está Abishek, que corrió con su abuelo hacia una zona elevada después de que el director de su escuela le advirtiera de la crecida. Cinco días después, su familia sigue refugiada en la montaña y la casa en la que vivían ya no existe.

    «La casa se la llevó el rio», dice.

    En Devighat, otras permanecen exactamente donde estaban, pero sepultadas bajo varios metros de barro y escombros, algunas todavía tienen a sus muertos dentro.

  • Caos y miedo en los alrededores de la zona afectada por la riada en Nepal

    Caos y miedo en los alrededores de la zona afectada por la riada en Nepal

    Cientos de personas esperan a las afueras de un campamento improvisado de la provincia nepalí de Sindhuli a que les den información de sus familiares desaparecidos por la riada, que ha dejado hasta el momento 362 muertos en Nepal y China, mientras muchos habitantes de la zona continúan huyendo ante el miedo de que el río Bhote Koshi vuelva a crecer.

    En esta improvisada base, localizada a unos pocos kilómetros de la zona cero de la catástrofe, es continuo el tránsito de helicópteros, que llevan a los rescatados tras la tragedia ocurrida en el límite con China, que ha dejado unos 1.400 desaparecidos a ambos lados de la frontera.

    Fuera de este campamento, instalado en el último punto donde la carretera permite adentrarse y al que ha llegado un equipo de EFE, cientos de personas esperan noticias de sus familiares y llevan horas esperando un nombre, una cara o cualquier información que les permita saber que los suyos están vivos.

    En suelo nepalí, la Policía eleva por el momento a 359 los cadáveres recuperados, muchos arrastrados decenas de kilómetros río abajo, mientras que 445 personas han sido rescatadas con vida, entre ellas 27 extranjeros, según confirmó a EFE el portavoz de la Policía nepalí de Katmandú, Abhi Narayan Kafle. En la vertiente tibetana se contabilizan tres fallecidos y 558 personas sin contacto hasta este momento.

    Pero la orografía y la falta de internet y cobertura hacen muy difícil saber el paradero de algunas de las aldeas más remotas, ya que el río ha arrasado puentes, carreteras y caminos, separando a familias a uno u otro lado del valle nepalí.

    Cada vez que se oye un helicóptero, la gente se acerca a mirar quién llega, pero la tensión aumenta a medida que pasan las horas y las personas que esperan o que han sido rescatadas y reciben atención médica empiezan a perder la paciencia porque no reciben noticias del resto de su familia que no han evacuado. Miedo a una nueva riada También se siente el miedo a que el río vuelva a crecer de golpe de madrugada o en la noche.

    La carretera que conecta con la zona cero es un hervidero de gente que transita en dirección contraria, hacia zonas menos afectadas, y que caminan con todo lo que pueden encima. De la otra dirección también hay un flujo continuo de vehículos militares, ambulancias y maquinarias que tratan de ayudar en esta tragedia.

    Esta zona es frecuentada por turistas por su belleza natural, que mezcla paisajes montañosos de la cordillera del Tíbet con valles donde desembocan ríos y afluentes, conectados por una red de carreteras estrechas, a menudo de un solo carril, que serpentean por el terreno.

    La zona es el punto de inicio de algunas de las excursiones y peregrinaciones más importantes del Himalaya, como los viajes organizados hacia Lhasa o el Everest, además de las peregrinaciones al monte Kailash y al lago Manasarovar, lugares sagrados para el hinduismo.

    Justo en estos días, centenares de peregrinos indios coincidían en la zona por el festival Janai Purnima, una de las festividades religiosas más importantes del calendario hindú y budista.

    En su última actualización de las 17:30 hora local (11:45 GMT), la Junta de Turismo de Nepal (NTB) elevó a 540 la cifra de extranjeros desaparecidos al incluir por primera vez en su censo oficial a 24 ciudadanos chinos, que según Pekín podrían ser un centenar, y tres portugueses

  • Niña de dos años es proclamada como la nueva “diosa viviente” en Nepal

    Niña de dos años es proclamada como la nueva “diosa viviente” en Nepal

    Una niña de dos años fue elegida este martes como la nueva kumari de Nepal, la diosa viviente venerada por los hindúes y los budistas en este país asiático desde hace medio siglo, marcando el inicio de su reclusión ceremonial y el rol divino que mantendrá hasta alcanzar la pubertad.

    La niña Arya Tara Shakya fue transportada en un palanquín ceremonial desde su casa hasta el palacio Kumari Ghar, en el corazón de la capital. Cientos de personas la acompañaron en la procesión, un evento de gran expectación mediática en el que los pies de la nueva diosa no pueden tocar el suelo.

    La elección de la «Kumari», que en nepalí significa «soltera» o «virgen», es una tradición profundamente arraigada en la comunidad Newar del valle de Katmandú. Se considera que la niña es la reencarnación de la diosa hindú Taleju hasta que llega su primera menstruación. En ese momento, se cree que la divinidad abandona su cuerpo y se inicia el proceso para encontrar a su siguiente reencarnación.

    Hasta entonces, la niña tendrá que permanecer recluida en el palacio capitalino con esporádicas salidas al exterior durante festividades religiosas.

    Las kumari son tres -la de Katmandú, Lalitpur y Bhakatpur-, han de pertenecer a la comunidad indígena de Newar y a la familia Shakya y, en el momento de ser elegidas, tener entre dos y cuatro años, tener una carta astrológica favorable y poseer 32 «perfecciones» físicas, como una voz clara y un cuerpo sin imperfecciones.

    A menudo vistas como una atracción turística, las niñas diosas reciben educación en el complejo en el que se encuentran recluidas, donde incluso llevan a cabo los exámenes oficiales y pueden recibir la visita diaria de sus padres.