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  • Estudio revela la adaptación cerebral de los astronautas a la microgravedad

    Estudio revela la adaptación cerebral de los astronautas a la microgravedad

    Un estudio de la Universidad Católica de Lovaina y el centro Ikerbasque reveló que el cerebro humano conserva la influencia de la gravedad incluso después de largos periodos en el espacio exterior.

    La investigación, publicada en la revista científica Jneurosci, analiza cómo los astronautas modifican su forma de manipular objetos al pasar de un entorno con gravedad a uno de microgravedad.

    En la Tierra, los objetos caen al soltarlos, pero en el espacio permanecen flotando. Este cambio obliga a los astronautas a ajustar la fuerza con la que sujetan los objetos durante sus misiones.

    El estudio determinó que los astronautas tienden a ejercer más fuerza de la necesaria al sostener objetos en el espacio, ya que su cerebro sigue anticipando los efectos de la gravedad.

    Este fenómeno se vuelve más evidente cuando los objetos están en movimiento, ya que la inercia los desplaza en distintas direcciones si no se sujetan con firmeza.

    Al regresar a la Tierra, los astronautas presentan inicialmente dificultades para recalibrar estos movimientos, lo que provoca errores en la manipulación de objetos.

    Sin embargo, con el paso del tiempo, el cerebro se adapta nuevamente al entorno gravitacional terrestre y corrige estas predicciones de manera progresiva.

    Los investigadores concluyen que el cerebro humano ajusta su comportamiento en función de las condiciones del entorno, especialmente para prevenir accidentes al manipular objetos.

    El científico a cargo del estudio destacó que este trabajo requirió casi 20 años de preparación, incluyendo la coordinación con agencias espaciales y la recolección de datos en misiones reales.

    Los expertos esperan ampliar la investigación con nuevos análisis sobre precisión de movimientos, impacto de colisiones y la interacción entre la piel y los objetos en el espacio.

     

  • La agricultura en la Luna será clave para bases humanas futuras

    La agricultura en la Luna será clave para bases humanas futuras

    El establecimiento de bases permanentes en la Luna obligará a desarrollar sistemas de agricultura adaptados a condiciones extremas, donde factores como la microgravedad, la radiación y la ausencia de atmósfera transforman el crecimiento de las plantas.

    Así lo explicó el investigador Pablo Zarco, del Instituto de Agricultura Sostenible del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), quien señaló que la producción de alimentos frescos será esencial para la supervivencia humana en futuras misiones espaciales.

    “Los seres humanos tendrán que alimentarse con productos frescos y cultivar plantas en el espacio”, afirmó el especialista.

    Actualmente, agencias como la NASA y la Agencia Espacial Europea impulsan proyectos para estudiar el comportamiento de los cultivos fuera de la Tierra, en escenarios que simulan las condiciones lunares.

    En estos entornos, las plantas enfrentan desafíos inéditos: las raíces no crecen de forma convencional, el agua cambia su dinámica y la radiación afecta procesos biológicos aún no completamente comprendidos.

    Zarco subrayó que entender estos efectos es fundamental para garantizar cosechas seguras y viables en microinvernaderos o hábitats presurizados.

    En la Estación Espacial Internacional ya se desarrollan experimentos para analizar cómo crecen las plantas en microgravedad y cómo responden a distintos niveles de radiación.

    “Es previsible que se abran nuevas líneas de investigación muy interesantes”, indicó el experto.

    El desarrollo de estas tecnologías se apoya en herramientas como la espectrometría y sensores hiperespectrales, capaces de analizar la interacción de la radiación con la vegetación.

    Estas técnicas permiten detectar estrés hídrico, deficiencias nutricionales o enfermedades en los cultivos sin contacto directo, mediante el análisis de la luz reflejada.

    “Se requerirán tecnologías y metodologías que llevamos décadas desarrollando en la monitorización de la fisiología vegetal mediante sensores hiperespectrales”, subrayó Zarco.

    El especialista explicó que existe una conexión directa entre la investigación espacial y la observación de la Tierra, ya que ambas utilizan tecnologías similares para analizar superficies y condiciones ambientales.

    Los sensores empleados en satélites, drones o vehículos espaciales permiten obtener información clave para evaluar suelos, agua y vegetación, tanto en nuestro planeta como en otros cuerpos celestes.

    Estos avances científicos abren la puerta a un futuro en el que la agricultura será un componente esencial para la exploración y colonización del espacio.

     

  • Astronautas de Artemis II inician su segundo día de misión con ejercicios

    Astronautas de Artemis II inician su segundo día de misión con ejercicios

    Los astronautas de la misión Artemis II comenzaron este jueves su segunda jornada en el espacio con ejercicios físicos destinados a minimizar la pérdida muscular y ósea provocada por la microgravedad.

    Tras descansar unas cuatro horas y resolver incidentes menores registrados después del despegue, la tripulación inició sus actividades diarias a bordo de la nave Orión.

    Entre los inconvenientes solucionados se encuentran una pérdida parcial de comunicación con la Tierra y un problema en el sistema del inodoro, ambos ya restablecidos.

    La jornada está marcada por la maniobra de elevación del perigeo, que aumentará el punto más bajo de la órbita terrestre de la nave antes de continuar con su trayectoria.

    Previo a esta operación, los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen comenzaron la instalación y prueba de un dispositivo de ejercicio con volante de inercia.

    «Los entrenamientos matutinos servirán para poner a prueba los sistemas de soporte vital de Orión antes de abandonar la órbita terrestre», explicó la NASA.

    El equipo permite realizar ejercicios como remo, sentadillas y peso muerto, funcionando como “un yo-yo” que genera resistencia según la fuerza aplicada, con una carga máxima de 181 kilogramos.

    Cada astronauta dedicará 30 minutos diarios a estas rutinas, con el objetivo de mantener su condición física durante la misión de aproximadamente diez días.

    Además, Koch se prepara para la inyección translunar, una maniobra clave que impulsará la nave hacia la Luna en los próximos días.

    Tras completar las tareas principales, la tripulación tendrá un periodo más relajado para adaptarse al entorno espacial y participar en una videocomunicación con la Tierra.

    La nave Orión continuará orbitando la Tierra antes de emprender un viaje de cuatro días hacia la Luna, en una misión que recorrerá cerca de 1.1 millones de kilómetros.

    Artemis II representa un paso crucial en el regreso de misiones tripuladas al entorno lunar, más de 50 años después de las misiones Apolo.