Yessenia Ruano, una salvadoreña que el año pasado se convirtió en símbolo de la lucha contra la deportación en Estados Unidos, regresó este miércoles al país norteamericano junto a sus hijas gemelas de 11 años, tras permanecer cerca de un año en El Salvador.
Ruano arribó al aeropuerto O’Hare, en Chicago, luego de que un juez federal autorizara su regreso para esperar la resolución de su solicitud de visa para víctimas de trata. La salvadoreña calificó el momento como un milagro y aseguró que representa una nueva oportunidad para su familia.
«Esto es una bendición de Dios para nosotros», expresó al salir de la terminal aérea, donde fue recibida después de varias horas de viaje y de completar los controles migratorios.
La madre de familia viajó acompañada por sus hijas, Elizabeth y Paola, ambas ciudadanas estadounidenses, pero tuvo que dejar en El Salvador a su esposo, Miguel, ya que la resolución judicial únicamente autorizó su reingreso y el de las menores.
«Quiero que mis hijas crezcan aquí», afirmó Ruano. «Como madre, son mi primera prioridad».
Las niñas, que regresarán a cursar sexto grado en la escuela ALBA de Milwaukee, manifestaron su entusiasmo por reencontrarse con sus familiares y amigos. Para ambas, el viaje representó apenas el segundo vuelo de sus vidas, luego del traslado que realizaron hacia El Salvador en 2025.
Ruano explicó que las autoridades migratorias le fijaron como fecha límite el 16 de julio para regresar a Estados Unidos, por lo que decidió viajar pese a la incertidumbre sobre el futuro de su esposo. Ambos acordaron priorizar el bienestar de sus hijas, aunque la decisión estuvo marcada por la tristeza.
La familia también tuvo que dejar en El Salvador a su perro, Copitos, debido a que no pudo abordar el avión por la falta de un documento requerido por las autoridades aeroportuarias. Mientras tanto, Miguel permanecerá en el país terminando la construcción de la vivienda que ambos comenzaron con sus ahorros.
Ahora instalada temporalmente en Milwaukee junto a un familiar, Ruano espera obtener un permiso de trabajo, reactivar su caso de visa para víctimas de trata y lograr que su esposo pueda reunirse con ellas en Estados Unidos. Además, aspira a obtener una certificación como docente para trabajar en la escuela donde estudian sus hijas.
La salvadoreña también expresó su preocupación por la política migratoria estadounidense y calificó las recientes redadas como una «persecución inhumana». No obstante, aseguró que mantiene la esperanza de reconstruir su vida. Al concluir su llegada al aeropuerto, lanzó un mensaje de optimismo: «¡Sí se pudo!».
