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  • La uruguaya Natalia Oreiro reaparece en Málaga con su película «La mujer de a fila»

    La uruguaya Natalia Oreiro reaparece en Málaga con su película «La mujer de a fila»

    Ante la situación que vive el mundo y los recortes a la cultura, en Argentina especialmente, «hay que hacer cine como sea» porque «es un espacio de resistencia», opina la actriz uruguaya Natalia Oreiro, protagonista de «La mujer de a fila», una crítica al sistema penitenciario del país sudamericano y un homenaje a la resiliencia de las mujeres con familiares presos.

    La cinta, dirigida por Benjamín Ávila, se ha presentado en la sección oficial del Festival de Cine de Málaga (España), donde compiten 22 películas, 10 de ellas latinoamericanas.

    «La mujer de la fila», basada en hechos reales, cuenta la historia de Andrea, una mujer de clase acomodada, cuyo hijo es encarcelado y ella debe visitar la prisión por primera vez para verlo. Al llegar, conocerá a otras «mujeres de la fila», quienes inicialmente se mostrarán hostiles hacia ella.

    «Desde el lugar que a mí me toca, que es el cine, creo que es un espacio de mucha resistencia y resiliencia. Hay que hacer cine como sea. Las personas que tenemos el privilegio de poder filmar tenemos también el deber de impulsar óperas primas», explica Oreiro en una entrevista con EFE.

    Y reconoce que hoy en Argentina, con los recortes llevados a cabo por el gobierno de Javier Milei, la única manera de filmar muchas veces es con plataformas, «pero si quienes tenemos la posibilidad de atraer capital no apoyamos el rodaje de óperas primas, ese semillero de cineastas va a desaparecer, y, naturalmente, tiene que haber un recambio generacional».

    Pero también, «sería injusto hablar solamente del cine», puntualiza, «porque están pasando cosas muy graves en el país: la salud pública, la educación pública, la situación de las personas con discapacidad, el recorte hacia los jubilados. Yo lo veo muy mal, con mucha desesperanza, y es algo que lamentablemente está sucediendo en el mundo».

    «Lo que sí creo que tenemos es resistencia. Y hay mucho trabajo social por hacer: más empatía, más comunicación, y también la responsabilidad de no dejarnos vender solo la información que otros quieren que veamos», recalca.

    Una historia real

    La propuesta para protagonizar ‘La mujer de la fila’ le llegó a Oreiro a través de Benjamín Ávila, con quien ya había trabajado en ‘Infancia clandestina’ (2012).

    «Un día me llamó y me mostró una charla de la verdadera Andrea Casamento (su personaje en la cinta). Me pareció una mujer tan poderosa, tan increíble, con una resiliencia tan fuerte, que le dije: ‘Estoy para esta película’.

    Y después conoció a Andrea, «una mujer muy sensible que, tras el hecho traumático que le tocó vivir, en lugar de ocultarlo o querer olvidarlo, creó una asociación civil para acompañar a las mujeres y a las familias que tienen a alguien privado de libertad. Hoy incluso trabaja con Naciones Unidas».

    También se encontró con las mujeres que hacen la fila en la cárcel para ver a sus familiares (que son reales en la película), y «están invisibilizadas y también culpabilizadas por la sociedad. La película se monta justamente sobre ese prejuicio social».

    «Para mí fue muy conmovedor interpretar a Andrea y también poder dar visibilidad a estas familias, para que quienes tienen a alguien preso puedan sentir que su dolor es comprendido», remarca Oreiro, quien destaca que en el 95 % de los casos, las tareas de cuidado recaen en las mujeres a todos los niveles.

    La actriz Natalia Oreiro durante la presentación de la película argentina «La mujer de la fila» de Benjamín Ávila, este viernes en el Festival de Cine de Málaga. EFE/ Jorge Zapata

    El sistema penitenciario en Latinoamérica

    La película también muestra otra realidad, la del sistema penitenciario, la burocracia, las requisas, las humillaciones por las que deben pasar las mujeres para poder ver a sus familias.

    «La historia real ocurrió hace veinte años y, en parte gracias al trabajo de Andrea y de organizaciones de derechos humanos, algunas cosas han cambiado», indica Oreiro que ayer presentó la película en la cárcel de Málaga.

    Pero, «en muchos lugares de Sudamérica las cárceles siguen siendo espacios muy duros, tanto para quienes están dentro como para quienes van a visitarlos. Falta mucho trabajo por hacer», reclama.

    En la prisión de Málaga, le sorprendió ver espacios de cultura, arte y proyección. «Nadie quiere estar privado de libertad, pero se percibe el esfuerzo de algunas personas para que haya oportunidades dentro».

    En Argentina, en cambio, «hay cárceles que están un 50 por ciento por encima de su capacidad. Entonces uno se pregunta cómo puede salir reformada una persona de un lugar así. Muchas veces salen peor, con más resentimiento hacia la sociedad».

    «Es algo que claramente tiene que cambiar, y figuras como la protagonista de «La mujer de la fila» ayudan a impulsar esa lucha, concluye.