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  • Empresas españolas lideran IA pero obtienen baja rentabilidad

    Empresas españolas lideran IA pero obtienen baja rentabilidad

    España lidera la adopción de herramientas de inteligencia artificial (IA) generativa en Europa, con un 60.5 % de las empresas que ya las incorpora en su estrategia, aunque solo el 17.3 % consigue un retorno de inversión (ROI) elevado, según la segunda edición del informe ‘Data and AI Impact Report The New Economics of Trust’, elaborado por SAS a partir de una investigación de IDC.

    La brecha persiste pese a que el 80 % de los empleados asegura conseguir importantes ahorros de tiempo en sus tareas diarias mediante la IA. Las compañías enfrentan obstáculos como falta de infraestructura tecnológica, ausencia de un rediseño profundo de los procesos y una gobernanza fragmentada de los datos que «está frenando drásticamente el retorno de las inversiones corporativas». Además, solo el 37 % logra mejorar su beneficio operativo o EBIT.

    El estudio señala que la distancia entre la incorporación estratégica de esta tecnología y su aplicación práctica se convirtió en un cuello de botella para las empresas españolas. «El mercado español ha hecho un trabajo excelente en gobernanza y regulación, pero nos encontramos en un momento de transición crítico donde es imperativo trasladar las políticas teóricas a la operación diaria», ha valorado al respecto el director de marketing de SAS Iberia, Jorge Zafra.

    Otro de los indicadores del informe muestra que el 88 % de las pruebas de concepto de IA fracasa al intentar pasar a producción, mientras apenas un 17.3 % de las compañías declara conseguir un ROI elevado. Al mismo tiempo, el índice de impacto de la inteligencia artificial en España descendió a 53.1 puntos, frente a los 61 registrados el año anterior. «La bajada en el índice de impacto debe interpretarse como una pausa saludable que permite a las compañías ajustar sus cimientos de datos y asegurar que los proyectos sean confiables a largo plazo», remarca Zafra.

    SAS considera que las empresas atraviesan un cambio de paradigma después de la euforia inicial por incorporar y adaptar la IA a sus operaciones. Ahora avanzan hacia programas integrados en los que las áreas financieras demandan criterios más rigurosos de rentabilidad. A este desafío se suma el uso impulsivo de herramientas de IA por parte de trabajadores al margen de las políticas corporativas, que en muchos casos no fueron actualizadas con normas internas para regular su utilización.

    La falta de trazabilidad también afecta la confianza de los trabajadores en esta tecnología. Los profesionales ignoran las recomendaciones de la IA en el 35.1 % de los casos porque los sistemas no pueden explicar cómo llegaron a determinadas conclusiones, una situación vinculada con la dificultad para comprobar el procedimiento o los datos utilizados. Esto obliga a realizar correcciones manuales y reduce las potenciales mejoras de productividad asociadas a la inversión.

    En materia de gobernanza, España sobresale en políticas de inteligencia artificial responsable y capacidad de explicación, pero presenta dificultades para determinar quién aprueba los modelos, cómo se supervisan su rendimiento y posibles sesgos, de qué manera se documentan sus decisiones y cuándo deben actualizarse o retirarse. El informe señala que el 43.2 % de las empresas gestiona de manera aislada la calidad de sus datos y apenas un 18.5 % la establece como requisito obligatorio en todos sus proyectos.

    Los resultados globales del estudio indican que las compañías capaces de implementar prácticas de IA confiable y gobernanza tienen 15 veces más probabilidades de alcanzar un ROI sólido. Pese a los desafíos para conseguir rentabilidad, las empresas españolas mantienen su apuesta por esta tecnología y el 79 % prevé aumentar su presupuesto destinado a inteligencia artificial durante el próximo año.

  • Hielo marino del Ártico alcanza su mínimo anual, según NASA y NSIDC

    Hielo marino del Ártico alcanza su mínimo anual, según NASA y NSIDC

    La extensión del hielo marino en el Ártico alcanzó su mínimo anual el pasado 10 de septiembre, con una cobertura de 4.60 millones de kilómetros cuadrados, según datos difundidos por la NASA y el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (NSIDC, por sus siglas en inglés). Esta cifra empata con el registro de 2008 y ocupa el décimo lugar entre los niveles más bajos desde que se iniciaron los registros satelitales en 1978.

    En el hemisferio norte, el fin del verano marca el punto en el que el hielo ártico alcanza su mínima extensión. Aunque este año no se alcanzó un récord histórico, la tendencia general sigue siendo de reducción progresiva, impulsada por el calentamiento global.

    “Si bien la superficie de hielo marino del Ártico de este año no alcanzó un mínimo histórico, es consistente con la tendencia a la baja”, explicó Nathan Kurtz, jefe del Laboratorio de Ciencias Criosféricas del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA.

    El mínimo histórico de hielo ártico se registró en 2012, y según el experto del NSIDC, Walt Meier, esa caída drástica se debió a una combinación de aumento de temperaturas y patrones climáticos atípicos. Aunque este año el derretimiento disminuyó a inicios de agosto, no fue suficiente para revertir la pérdida acumulada.

    “Durante los últimos 19 años, la cobertura mínima de hielo en el Océano Ártico ha caído por debajo de los niveles anteriores a 2007. Esto continuará en 2025”, advirtió Meier.

    La Antártida se acerca a su máximo anual

    Mientras el hielo marino en el Ártico se reduce, en el hemisferio sur la cobertura de hielo en la Antártida se encuentra cerca de su punto máximo anual. Aunque históricamente este sistema ha mostrado más resistencia que el del norte, los niveles actuales también están por debajo del promedio.

    “El sistema antártico es más complejo y difícil de predecir”, indicó Kurtz, quien subrayó que, aunque en años previos a 2015 el hielo antártico llegó a aumentar levemente, en 2024 muestra signos de debilitamiento.

    Meier también reconoció que aún no se puede concluir si esta reducción en el hielo marino del Polo Sur es una tendencia definitiva o parte de un ciclo natural. “Por ahora, estamos atentos”, concluyó.