Caminar por las principales ciudades de El Salvador se ha convertido en un recorrido entre vallas publicitarias, pantallas LED, rótulos luminosos, mupis y carteles que ocupan calles, aceras y pasarelas. En municipios como San Salvador, Santa Tecla, Santa Ana, Sonsonate y San Miguel, la publicidad exterior ha transformado el paisaje urbano hasta convertirlo en una vitrina permanente para el consumo, relegando el espacio público a un segundo plano.
La saturación de anuncios no solo modifica la imagen de las ciudades. También altera la forma en que las personas experimentan el entorno, al generar una constante sobreestimulación visual que especialistas vinculan con fatiga mental, distracción y una menor percepción de bienestar en los espacios urbanos.
En El Salvador no existe una legislación nacional especializada que regule de forma integral la publicidad exterior. El control recae en las ordenanzas municipales, las cuales establecen requisitos sobre ubicación, dimensiones, permisos y materiales de los anuncios, pero su aplicación varía de un municipio a otro.
La única regulación consiste en establecer normas sobre la ubicación, instalación y características de rótulos, vallas o cualquier otro elemento de carácter publicitario, a través de ordenanzas municipales avaladas por las comunas. Sin embargo, no existe una regulación pareja para todo el territorio de El Salvador, sino que depende de los ánimos de los Concejos Municipales, lo que genera diferencias marcadas entre ciudades.
Mientras San Salvador ha intensificado la fiscalización de anuncios sin permisos, en otros municipios como Santa Ana, Sonsonate, San Miguel y Santa Tecla la aplicación de las ordenanzas continúa siendo limitada, pese a que cuentan con normativas similares.

El Centro Histórico, una excepción
El Centro Histórico de San Salvador representa uno de los pocos ejemplos donde la contaminación visual ha sido enfrentada mediante una política pública sostenida. Desde el inicio del proceso de revitalización en 2022, la Autoridad de Planificación del Centro Histórico (APLAN) impulsó el retiro de anuncios publicitarios para preservar el paisaje urbano y el patrimonio arquitectónico.
La Ordenanza para la Conservación del Centro Histórico establece restricciones específicas para evitar la saturación visual. Incluso, el nuevo reglamento vigente contempla compensaciones mensuales para propietarios de inmuebles que generen daños al paisaje histórico mediante publicidad no autorizada, con montos que alcanzan los $3,650, además de cobros adicionales según el tamaño de la propiedad.

Publicidad que invade el espacio peatonal
Más allá del impacto estético, la publicidad también reduce la funcionalidad de las ciudades. En numerosas calles, los rótulos y mupis ocupan parte de las aceras, dificultan la movilidad y limitan el paso seguro de peatones, especialmente de adultos mayores y personas con discapacidad.
Aunque la Ley de Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial prohíbe la instalación de anuncios que interfieran con la señalización vial o representen riesgos para conductores y peatones, la fiscalización continúa siendo insuficiente y muchas estructuras permanecen instaladas durante años sin mayores controles.
Además, el crecimiento de las pantallas electrónicas representa un nuevo desafío para las autoridades. Las principales ordenanzas municipales regulan permisos, dimensiones y ubicación de los anuncios, pero no establecen límites técnicos sobre la intensidad luminosa de las pantallas LED ni criterios para reducir su impacto durante la noche.

En San Salvador, la Ordenanza Reguladora de Elementos Publicitarios, aprobada en 2012 reconoce que la ciudad enfrenta un problema de contaminación visual, inseguridad y deterioro del ornato urbano. La normativa permite imponer multas de hasta $4,000 a quienes instalen publicidad sin autorización y, desde agosto de 2024, la alcaldía ejecuta operativos para retirar vallas ilegales con el objetivo de recuperar el orden urbano.
En Santa Ana, también existe una ordenanza de «descontaminación visual» que busca minimizar la cantidad de vallas, rótulos, y mupis, con el fin de que las personas aprecien la belleza arquitectónica que cuenta la ciudad.
El buen ejemplo de Suchitoto
Algunas ciudades del país ya muestran que es posible equilibrar la actividad comercial con la conservación del paisaje urbano. Suchitoto, por ejemplo, mantiene regulaciones específicas para proteger su patrimonio histórico mediante lineamientos sobre la colocación de rótulos y publicidad exterior.
Especialistas coinciden en que el principal desafío para El Salvador será avanzar hacia una política nacional que armonice la regulación entre municipios, priorice el bienestar ciudadano y garantice que el espacio público deje de ser únicamente un soporte para la publicidad. El debate, sostienen, ya no se limita al ornato de las ciudades, sino al derecho de la población a disfrutar entornos urbanos seguros, funcionales y visualmente equilibrados.


