El Gobierno de Colombia anunció el lunes un plan para controlar la población de hipopótamos en el país, que incluye la eutanasia de al menos 80 ejemplares durante el segundo semestre de 2026.
La medida responde al crecimiento descontrolado de esta especie, descendiente de cuatro animales traídos hace más de 30 años por el narcotraficante Pablo Escobar para su zoológico en la Hacienda Nápoles.
Actualmente, la población supera los 200 individuos, declarados desde 2022 como especie exótica invasora, lo que representa un riesgo tanto ambiental como para la seguridad de las comunidades cercanas.
“Desde 2022 la ciencia nos dijo que hay que reducir la población (de hipopótamos) para salvar nuestros ecosistemas”, afirmó la ministra de Ambiente, Irene Vélez, al justificar la decisión de aplicar la eutanasia tras el fracaso de otros métodos.
El plan contempla dos procedimientos, uno físico y otro químico, que incluyen la captura, sedación y posterior administración de medicamentos aprobados por especialistas en manejo de fauna.
Las intervenciones se concentrarán en la Hacienda Nápoles y la Isla del Silencio, en el río Magdalena, donde se encuentra la mayor cantidad de ejemplares, aunque no se descartan acciones en otras zonas.
Las autoridades advierten que estos animales, considerados los terceros terrestres más grandes del mundo, pueden pesar entre 1,300 y 3,500 kilogramos, son altamente territoriales y representan un peligro para campesinos y pescadores.
La decisión se tomó tras fallidos intentos de traslado a países como México, India o Sudáfrica, que no autorizaron la recepción de los animales debido a problemas genéticos derivados de la endogamia.
Sin embargo, el plan ya enfrenta críticas de sectores animalistas.
“Jamás apoyaré la matanza de criaturas saludables; menos aún, si, como en este caso, son víctimas de la irresponsabilidad, la negligencia, la indolencia y la corrupción estatal”, expresó la senadora Andrea Padilla, quien propone alternativas como la esterilización.
La actriz Carmen Electra da un giro en su carrera al participar en la serie ‘Dear Killer Nannies’, un proyecto que aborda la vida de Pablo Escobar desde la perspectiva de su hijo.
La producción, que se estrena este miércoles en la plataforma Hulu, marca un cambio significativo para la intérprete, reconocida por su trayectoria en comedias y su imagen icónica en los años noventa.
Electra explicó que: «Cuando leí el guión y mi escena, lo supe de inmediato: esta es una oportunidad de hacer algo verdaderamente diferente en mi carrera actoral».
La serie narra la infancia del hijo del narcotraficante colombiano, quien creció rodeado de lujos y bajo el cuidado de supuestos niñeros que en realidad eran sicarios al servicio de su padre.
En este contexto, la actriz interpreta a Margaret, una diseñadora de interiores vinculada a la alta sociedad neoyorquina que termina involucrándose en un entorno marcado por el poder y la violencia.
Sobre su personaje, detalló que proviene de un ambiente artístico y exclusivo, con conexiones con figuras influyentes del mundo cultural, antes de verse envuelta en una realidad compleja.
El papel representa un desafío para Electra, quien señaló: «Me gustaría decir que es divertido, pero también es oscuro, muy oscuro (…) Algunas escenas son un poco glamorosas, pero se vuelven intensas y salvajes».
La producción fue rodada en Colombia y en español, lo que permitió a la actriz acercarse a la cultura local y trabajar con un elenco mayoritariamente latino.
Electra destacó su vínculo con esta comunidad y expresó: «Amo a todos los latinos de todo el mundo», en referencia a su interés por conectar con este público.
Además, la actriz no descarta continuar su regreso a la pantalla, con la posibilidad de participar en una nueva versión de ‘Baywatch’, serie que impulsó su fama internacional.
Juan Pablo Escobar, hijo del temido narcotraficante colombiano Pablo Escobar, presentó este miércoles en Barcelona la novela gráfica “Escobar, una educación criminal”, en la que revive su niñez marcada por la violencia y el crimen organizado. El autor asegura que su obra busca desmitificar la figura de su padre, “un terrorista, no un ídolo”.
En rueda de prensa, Escobar explicó que su intención es narrar su experiencia personal y no continuar alimentando la glorificación mediática de su progenitor. “Ahora el protagonista soy yo”, dijo, tras advertir del hartazgo que genera la constante exposición del nombre de Pablo Escobar en la cultura popular.
La obra, publicada por Norma Editorial y realizada junto al guionista Pablo Martín Farina y el ilustrador Alberto Madrigal, repasa episodios de su infancia al cuidado de los hombres de confianza del capo del Cártel de Medellín. La figura de Pablo Escobar aparece sólo hacia el final, en un intento deliberado de descentralizar su protagonismo.
“Contar tanta violencia no es sencillo”, reconoció el autor, quien eligió el formato de cómic por su vínculo natural con la infancia. “No todos los niños crecen rodeados de maleantes”, subrayó.
Sobre su padre, Escobar hijo recordó las contradicciones de un hombre que le enseñaba modales mientras ordenaba asesinatos. “Me decía que dijera ‘por favor’ y ‘gracias’, mientras mandaba a matar gente”. A pesar de su ausencia física, aseguró que era “un papá muy presente”, incluso desde la selva, mediante cartas manuscritas semanales.
El autor, que reniega del dinero del narcotráfico —“una maldición”, lo llamó—, se dedica hoy al activismo contra el narcotráfico.
“Netflix glorifica, yo concientizo. Son las mismas historias, pero contadas desde ángulos opuestos”, sostuvo. En ese sentido, dijo que cuando se encuentra jóvenes con tatuajes del rostro de su padre, les advierte: “Si lo ves como un hombre exitoso, estás equivocado. El éxito le duró cinco minutos”.
Escobar ha pedido perdón públicamente y se ha reunido con más de 150 familias víctimas del narcotráfico.
“A través del perdón podemos cambiar el presente y el futuro. Mi padre se pasó muchas luces rojas y a mí me han llegado las multas”, ironizó Escobar.
Finalmente, cuestionó el enfoque prohibicionista de la lucha contra las drogas en Colombia. “No es un tema militar, es de salud pública. Las políticas actuales son como echarle agua al jardín”, afirmó. Y cerró con una provocación: “Ojalá prohíban mi cómic. Así venderé más”.
Los grandes capos del narcotráfico ya no exhiben mansiones, autos lujosos o joyas. Lejos quedó el modelo a lo Pablo Escobar. Ahora, los nuevos líderes de redes criminales se camuflan entre empresarios de alto perfil, mantienen un bajo perfil y operan desde lugares “herméticos” como Dubái, según revelaron investigadores de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil de España tras el desmantelamiento de una red internacional que introducía 120 toneladas de cocaína al año desde Colombia a Europa, en gran parte por puertos españoles.
Este nuevo perfil es conocido como “narco invisible” o de “cuarta generación”. A diferencia del capo tradicional afincado en su territorio, los nuevos líderes criminales son móviles, usan tecnología para encriptar sus comunicaciones y estructuran sus operaciones tras redes empresariales aparentemente legales.
“Sacan los vuelos en el mismo día y hoy pueden estar en Colombia, mañana en España, al día siguiente en Dubái, luego en Catar… y a la semana siguiente de vuelta”, explicaron a EFE fuentes de la UCO.
A los capos de hace unos años les gustaba exhibir que llevaban una vida de alto nivel adquisitivo, mostrando sus grandes mansiones, sus vehículos de lujo, sus mujeres… Los de ahora prefieren permanecer en el anonimato, se comportan como discretos empresarios y, aunque acumulan mucha riqueza, la disfrutan en zonas donde pueden pasar más desapercibidos, como por ejemplo en Dubái.
Entre tanto rico, los ‘narcos invisibles’ no llaman la atención. Y, además, han aprendido a llevarse su riqueza a países «herméticos» que, como el propio Dubái, no suelen colaborar con las investigaciones que se llevan a cabo en otros países y donde es muy difícil «atacar» esos bienes procedentes de actividades delictivas.
Estas organizaciones funcionan como multinacionales: usan sociedades mercantiles legales, como exportadoras de fruta, para ocultar cargamentos de droga, y crean otras firmas paralelas para lavar el dinero. Se alejan de la logística directa y delegan funciones clave en intermediarios, lo que les permite no figurar en investigaciones tradicionales y así evitar su detección.
Un hombre con una camiseta del narcotraficante colombiano Pablo Escobar en Medellín (Colombia). EFE
El modelo Pablo Escobar ha quedado obsoleto
Por lo que parece, el modelo Pablo Escobar, el colombiano que lideró una de las más potentes organizaciones criminales del mundo, ha quedado obsoleto. Aquellos narcos que querían construir urbanizaciones, patrocinar equipos de fútbol o incluso, como en el caso el Escobar, entrar en política, ya no existen.
Ese paso al ‘narco invisible’ lo han dado los narcotraficantes colombianos, conscientes de que la ostentación de la que antes hacían gala les ponía a tiro de las agencias policiales, como hizo la DEA con Pablo Escobar.
No hay constancia de la existencia narcos de ‘cuarta generación’ como tales en España, aunque en la operación recientemente conocida y bautizada como Gulupa se detuvo en nuestro país a los hermanos ‘Zuluaga’ y ‘Black Jack’, pero eran colombianos.
España es un país de tránsito para la droga, no es productor y, por tanto, no surgen esos grandes empresarios. Sí existen aún algunos narcos que todavía hacen ostentación de todo lo que consiguen con su actividad delictiva.
El perfil de los capos como Pablo Escobar dibujaba a personas afincadas en su zona, sin salir de ella prácticamente y sin establecer contactos para el negocio más allá de con los locales o con quienes se desplazaran a su feudo.
Sin embargo, los de ‘cuarta generación’ viajan constantemente. Tienen una gran movilidad en un mundo globalizado, ya que son quienes hacen los negocios. Eso también les hace ‘invisibles’ y dificulta su seguimiento.
«Sacan los vuelos en el mismo día y hoy pueden estar en Colombia, mañana en España, al día siguiente en Dubái, luego en Catar…. y a la semana siguiente de vuelta», recalcan gráficamente los investigadores de la UCO.
Como dificulta también su persecución el hecho de que hagan uso de las mas modernas tecnologías para encriptar sus comunicaciones.
Una tienda con la foto de Pablo Escobar en Budapest, Hungría.
La tendencia actual, según la Guardia Civil, apunta a una “franquiciación” del narcotráfico. Pequeños clanes en Colombia se integran bajo el paraguas del Clan del Golfo, considerado una de las organizaciones más poderosas del mundo.
Esta modalidad complica las investigaciones, pues diluye responsabilidades y fortalece la estructura criminal. Aunque pasen desapercibidos, advierten las autoridades, estos narcos continúan siendo peligrosos: “Si tienen que acabar con alguien, si hay cualquier problema, lo solucionan por la vía rápida”.