La Casa Editorial Maucci fue fundada en la ciudad condal de Barcelona (Cataluña, España) en 1892. El italiano Emanuele Maucci Battistini (Parana, comuna de Mulazzo, provincia de Massa y Carrara, 1850-Barcelona, abril de 1937) fue el responsable de la operación. Hijo de Domenico Maucci, vendedor ambulante en Francia, y de Brigida Battistini, perdió a su padre en edad temprana y, según la consolidada tradición ambulante de la Lunigiana toscana, se entregó desde muy joven al comercio del libro.1
En 1868 inició su primera aventura ultramarina con destino a Buenos Aires (Argentina), donde lo esperaba su tío Giacomo, que había abandonado Parana quince años atrás. En la ciudad de La Plata trabajó como obrero en la construcción de carreteras y ferrocarriles y como vendedor ambulante de libros. En 1872, atraído por las favorables condiciones que ofrecía el gobierno de Domingo Faustino Sarmiento a los inmigrantes europeos, regresó a la capital porteña y abrió una librería en la plaza Lavalle, con notable éxito. Pronto se le sumaron varios hermanos y primos —Luigi, Carlo, Battista, Giacomo y Alessandro—, que con el tiempo conformarían la sucursal Maucci Hermanos de la localidad bonaerense.2
En 1885, Maucci dejó el negocio porteño en manos de su primo Giacomo. Tras un viaje a Italia, se trasladó a Barcelona, donde abrió un depósito de libros y emprendió una primera tentativa editorial, frustrada por la competencia de las firmas españolas que dominaban el mercado peninsular. En 1889 partió a México. En esa capital montó una nueva librería y trabajó como librero y editor. En 1892 confió esa casa mexicana a su cuñado y primo Alessandro Maucci, futuro responsable de la sucursal Maucci Hermanos México y emprendió el retorno al puerto catalán para iniciar la tercera fase de su negocio. Las redes familiares previas en Buenos Aires y ciudad de México le resultarían decisivas para tejer una densa malla de comercialización transatlántica.3
Instalada al inicio en los números 226-228 de la calle barcelonesa de Mallorca, a poca distancia de la obra recién emprendida de la Sagrada Familia, la empresa editorial de Maucci se especializó en un doble producto. Por un lado, ediciones encuadernadas en tela, con papel cuidado e ilustraciones, dirigidas a bibliotecas privadas e instituciones y a un público selecto. Por otro lado, libros baratos, impresos a menudo en papel periódico, de grandes tirajes y precios ínfimos, destinados al consumo masivo en España y, sobre todo, en las repúblicas hispanoamericanas, donde la oferta editorial local aún era escasa o inexistente, apenas cubierta por sellos locales o por grandes firmas como la división hispanoamericana de la estadounidense D. Appleton & Cía. Esa política convirtió pronto a Maucci, en palabras del bibliógrafo catalán Manuel Llanas, en «una fortaleza económica del papel impreso y en una auténtica pesadilla para la competencia».4
El despegue se afirmó en 1901. El edificio de la Casa Manuel Maucci fue inaugurado en ese año en los números 166-168 de la calle Mallorca. Su diseño y construcción fueron obra del maestro catalán de obras Josep Granier i Prat (1844-1930), quien ideó un innovador complejo de modelo horizontal capaz de unificar en una sola manzana toda la actividad de la gran empresa editorial. Esas instalaciones estaban pensadas para sostener la masiva exportación de libros hacia América y se dividían, de manera funcional, en dos grandes áreas. La primera era de carácter industrial y albergaba la imprenta, el taller de encuadernación, los almacenes de papel y el departamento de envíos. La segunda correspondía al ámbito residencial y administrativo, porque reunía las oficinas de la compañía con el chalé familiar y privado de Emanuele Maucci, el fundador. Como apunte histórico destacado dentro del patrimonio modernista catalán, cabe mencionar que Granier i Prat intervino el edificio dos décadas después, en 1921, para dotarlo con una fachada de estilo modernista.

Desde 1902, la editorial incorporó fondos enteros adquiridos a otras firmas editoriales, como las de Daniel Cortezo y de Eduard Domènech i Enric. En 1906 abrió una sucursal en Madrid, en la calle de Espoz y Mina, que puso al cuidado de su hijo Domingo. La empresa cosechó numerosas medallas de oro en certámenes internacionales, como Viena (1903), Madrid y Budapest (1907), Londres y París (1913), Buenos Aires (1910). A ese palmarés sumaron la medalla de oro del Ateneo de Lima (1900) para el sello Maucci Hermanos de México y la medalla de plata en la Exposición de Turín (1911) para Maucci Hermanos de Buenos Aires.5
Hacia 1935, su catálogo, de unas 250 páginas, alcanzaba unos 2,500 títulos de casi mil autores, distribuidos en más de cuarenta colecciones, todas en lengua castellana. La ficción ocupaba casi tres cuartas partes del fondo editorial; el resto repartía obras de filosofía y sociología de ideologías comprometidas (con autores como Reclus, Kropotkin, Nettlau, Proudhon, Voltaire, Stuart Mill, Spencer, Jaurès), libros de espiritismo y magia, traducciones literarias de autores de múltiples lenguas (incluido el japonés), materiales escolares, diccionarios, gramáticas y publicaciones afines a la Escuela Moderna de Francisco Ferrer i Guàrdia. Entre los italianos publicados, los nombres más frecuentes fueron Dante, Boccaccio, De Amicis, Fogazzaro, Motta y Salgari, pero el récord de tiradas con 138 títulos correspondió a Carolina Invernizio, la reina del folletín italiano.6
La fortuna comercial de la casa Maucci se cimentó en la extensa red de sucursales abierta por hermanos, primos y sobrinos del fundador en Buenos Aires, México, Lima, La Habana y Montevideo, con capacidad no solo de distribución sino también de impresión. La portada del libro Historia negra de Juan de Urquía (1899) ya mostraba la marca tripartita característica de la casa: Casa Editorial Maucci: Barcelona; Maucci Hermanos: Buenos Aires; Maucci Hermanos: México.
Esa estructura le permitió a Maucci colocar libros en lengua castellana en mercados donde apenas existían editoriales locales y responder con agilidad a la demanda americana. La intuición del fundador, según resumió su hermano Juan Bautista tras su muerte, consistió en producir «la edición modesta, económica, que adquiere presuroso, apenas puesta a la venta, el humilde hijo del pueblo para satisfacer sus legítimos anhelos de cultura».7

Durante la Guerra Civil española, la empresa fue incautada por la editorial anarquista Tierra y Libertad. En 1939, los herederos del fundador recuperaron la propiedad y la mantuvieron activa, pero en un tono mucho menor y con reediciones de parte del fondo antiguo, hasta su desaparición en 1966.8
Para la historia literaria centroamericana, y en especial para la salvadoreña, el vector decisivo de la presencia de Maucci fue la serie de Parnasos nacionales que la casa publicó durante las primeras décadas del siglo XX. Se trataba de antologías de poesía concebidas como representaciones de casi todas las repúblicas hispanohablantes —Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, El Salvador, Uruguay, Venezuela, además de las Antillas y Filipinas—, destinadas en buena medida a su venta en los propios países antologados.9
Como han subrayado el académico Martin Leona y, en el ámbito centroamericano, el costarricense Carlos Manuel Villalobos, la colección operó como réplica comercial e ideológica frente a la Antología de poetas hispano-americanos de Marcelino Menéndez Pelayo (Madrid: Sucesores de Rivadeneyra, 1893-1895), encargada por la Real Academia Española con motivo del IV Centenario y marcada por una óptica hispanocéntrica. Los «parnasos» de Maucci daban voz a compiladores y poetas locales y, a la vez que llenaban los huecos del corpus reunido por el erudito y selectivo Menéndez Pelayo, se prestaban a una lectura emancipadora del canon poético americano.10

En esa serie se inscribió el Parnaso salvadoreño. Antología esmeradamente seleccionada de los mejores poetas de la República del Salvador, compilado por Salvador Leiva Erazo (1883-1963), que la Casa Editorial Maucci publicó en Barcelona en un volumen de 303 páginas, en edición con tapas de lujo y una sobreguarda con solapas que presentaba en colores cromolitografiados el retrato del compilador y el nuevo escudo nacional adoptado en 1912. De estilo editorial Art Nouveau, la tapa dura principal o cubierta, de color rojo, era de lino gofrado, lo cual confería un aspecto táctil al diseño, destacado por un amplio adorno floral estilizado que recorría el borde izquierdo en un tono oscuro y servía de marco asimétrico. El título y el nombre del compilador aparecían impresos en una tipografía con serifas de estilo clásico y acabado dorado, centrados en el espacio libre a la derecha. El uso de la estampación y los ornamentos tipográficos o florones, debajo del nombre del autor salvadoreño y del título, reforzaba la estética decorativa y añadía un toque de distinción al volumen, con una portada funcional y de estética coherente con su fecha de publicación. La contratapa también era de lino gofrado, material asimismo presente en el lomo estampado.
Sin explicación aparente, ciertos ejemplares del Parnaso salvadoreño llegaron a las 318 páginas —tal es el caso del que conserva la Biblioteca Robarts de la Universidad de Toronto, hoy digitalizado en Internet Archive—. Cabe señalar que toda la edición tuvo problemas bibliográficos como ese y otros de datación. Las portadas y portadillas, tanto de la edición rústica como de la de lujo, aparecieron sin año de publicación, y los catálogos comerciales lo fecharon en 1910, 1912, 1915, 1916 o 1917. La investigación del académico costarricense Dr. Carlos Manuel Villalobos sobre las catalogaciones literarias en Centroamérica situó la edición en 1917, con 34 poetas y 164 poemas, datos hoy aceptados como referencia académica de la pieza.
Ese volumen fue la segunda gran antología panorámica de la poesía salvadoreña tras la Guirnalda salvadoreña (San Salvador, Imprenta Nacional, 1884-1886) del nicaragüense Román Mayorga Rivas (1862-1925) y se convirtió en un eslabón canónico entre ella y el Parnaso migueleño de Juan Romero (1942) y las Cien de las mejores poesías líricas salvadoreñas del educador Francisco Espinosa (1951). Dentro de la propia serie barcelonesa, el Parnaso salvadoreño se sitúa entre el Parnaso nicaragüense de Alberto Ortiz (Maucci, 1912; 253 pp., 137 poetas y 30 poemas) y el Parnaso costarricense de Rafael Bolívar Coronado (Maucci, 1921; 207 pp., 15 poetas y 89 poemas), con los que comparte criterios de selección, diseño material y vocación de mercado.

Los autores salvadoreños que ingresaron al catálogo de Maucci a través de esta antología cubren desde la independencia hasta la generación que empieza a publicar en los albores del siglo XX, es decir, toda la nómina fundacional de las letras del país. Leiva Erazo abrió su antología con voces preindependentistas y postindependentistas —Enrique Hoyos, Ignacio Gómez, Carlos Bonilla, Doroteo José Guerrero y Miguel Plácido Peña—, continuó con los románticos de mediados del siglo XIX —Juan José Cañas, Joaquín Méndez, Antonio Guevara Valdés, Rafael Cabrera, Ana Dolores Arias, Antonia Galindo y su hermano Francisco Esteban Galindo— y desembocó en los nombres mayores del modernismo y el postmodernismo salvadoreños, encabezados por Francisco Gavidia (1863-1955); Vicente Acosta (1867-1908), fundador y director de la revista sansalvadoreña La Quincena (1903-1908) y firma habitual del periódico La Unión, dirigido en San Salvador por Rubén Darío (1889-1890); Calixto Velado; Alberto Masferrer (1868-1932) y Sarbelio Navarrete, así como los entonces jóvenes vates José Calixto Mixco, Armando Rodríguez Portillo, Jorge F. Zepeda, Gustavo A. Ruiz y el propio Leiva Erazo, quien se incluyó a sí mismo en esa primera puesta en circulación europea de la poesía salvadoreña como conjunto nacional.
Después del trabajo antológico de Leiva Erazo, el escritor salvadoreño Raúl Contreras Díaz (Cojutepeque, 1896-Madrid, 1973) publicó con la casa Maucci una reedición de su primer poemario Armonías íntimas (San Salvador, 1919), bajo el nuevo título Poesías escogidas (Barcelona: Maucci, 1926, 254 págs.). Fuera de él, no consta que otro autor salvadoreño publicara con la editorial barcelonesa-bonaerense-mexicana una obra individual propia (poemario, novela, ensayo, cuentario) bajo firma exclusiva, aunque cabe la posibilidad de que más de uno haya tanteado la opción de ser editado por ese sello hispanoamericano de amplio alcance comercial.
Considerado en su conjunto, el Parnaso salvadoreño y Poesías escogidas representan los dos episodios sustantivos en la relación de la casa Maucci con la literatura salvadoreña. El primero fue una operación editorial barcelonesa que, al inscribir a El Salvador en una serie panhispánica concebida para el mercado lector americano, contribuyó de modo decisivo a fijar —en un volumen accesible y de amplia circulación en sus dos ediciones simultáneas— el primer canon impreso de la lírica salvadoreña. El segundo fue un espacio para posicionar a un escritor que ya merodeaba entre las tertulias de los cafés madrileños, en plena era de efervescencia intelectual de la capital española entre las generaciones del 98 y del 27.
Notas
1 Manuel Llanas, «Semblanza de la Casa Editorial Maucci (Barcelona, 1892-1966?)», Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – Portal EDI-RED, 2016, https://www.cervantesvirtual.com/obra/casa-editorial-maucci-barcelona-1892-1966-semblanza/, 1; Loris Jacopo Bononi, «Parana di Mulazzo. «…ofrecer a América el negocio de ser Europa…»», en Libri & destini. La cultura del libro in Lunigiana nel secondo milennio (Lucca: Maria Pacini Fazzi Editore, 2000), 223-263.
2 Llanas, «Semblanza», 1-2; Bononi, «Parana di Mulazzo», 230-235; Martin Leona, «Entre La antología de poetas hispanoamericanos de Marcelino Menéndez Pelayo y los Parnasos de la Editorial Maucci: reflejos del ocaso de la hegemonía colonial», Ciberletras 15 (2006), https://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v15/martin.html.
3 Llanas, «Semblanza», 1-2.
4 Salvador Contijoch, «El ramo editorial y la casa Maucci», Revista Gráfica (Barcelona, 1901-1902), 85-88; Llanas, «Semblanza», 2.
5 Contijoch, «El ramo editorial», 86-88; Manuel Llanas, L’edició a Catalunya: el segle XX (fins a 1939) (Barcelona: Gremi d’Editors de Catalunya, 2005), 268-276.
6 Llanas, L’edició a Catalunya, 270-274; Manuel Llanas, «Notes sobre l’editorial Maucci i les seves traduccions», Quaderns. Revista de traducció 8 (2002): 11-16.
7 Bononi, «Parana di Mulazzo», 240-258; Casa Editorial Maucci (Barcelona, España), entidad corporativa con sus autores asociados, Portal de Archivos Españoles (PARES), https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/autoridad/235730; Juan Bautista Maucci, citado en Luis María Marina, «Manuel Maucci», Luis María Marina (blog), 29 de noviembre de 2009, http://luismariamarina.blogspot.com/2009/11/manuel-maucci.html.
8 Llanas, L’edició a Catalunya, 275-276; Biblioteca Virtual de Defensa, «Casa Editorial Maucci (Barcelona), editor», https://bibliotecavirtual.defensa.gob.es/BVMDefensa/es/consulta_aut/registro.do?id=1108365.
9 Carlos Manuel Villalobos, «El criterio instituyente en las catalogaciones literarias en Centroamérica», Filología y Lingüística 31, n.º 2 (julio-diciembre 2005): 35-43.
10 Villalobos, «El criterio instituyente», 39-40.
