Etiqueta: pobreza

  • Fews Net advierte que escasez de comida en El Salvador se extenderá hasta agosto

    Fews Net advierte que escasez de comida en El Salvador se extenderá hasta agosto

    La Red de Sistemas de Alerta Temprana contra el Hambre (Fews Net) alertó que la temporada de escasez de alimentos en El Salvador se extenderá de abril a agosto de 2026.

    El último boletín, divulgado por Fews Net la semana pasada, señala que durante este período los agricultores de subsistencia enfrentarán brechas de consumo de alimentos.

    “Es probable que los agricultores de subsistencia en el Corredor Seco, en particular, enfrenten brechas en el consumo de alimentos y condiciones de deterioro de abril a agosto de 2026, durante la temporada de escasez de El Salvador”, señala el documento.

    La red advirtió en un informe de diciembre de 2025 que la seguridad alimentaria en El Salvador sufriría un deterioro a partir del cuarto mes de 2026, en la medida que se agotaran las reservas de alimentos de los hogares, así como las oportunidades laborales en el campo.

    Esta estimación se reafirma en la nueva actualización, al mismo tiempo que se señala que los hogares pobres deberán cubrir sus necesidades alimenticias con estrategias negativas.

     

    Pobreza

    Según la red, parte de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), este sector poblacional en El Salvador consumirá menos alimentos preferidos, reducirán el tamaño de sus porciones, así como la frecuencia en la que comen.

    Además, las familias serán obligadas a reducir la diversidad dietética .

    En El Salvador, hubo al menos 114,097 personas en condición de pobreza para el 2024, un 28.5 % de la población estimada para ese año, según la Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples (EHPM).

    La situación de Guatemala no es diferente a la de El Salvador, Fews Net advirtió que de febrero a mayo de 2026 los hogares más pobres retornarán a resultados más “generalizados de crisis”, en la fase tres.

    Mientras tanto, para Honduras anticipó un alto riesgo de deterioro de la seguridad alimentaria y exposición a los fenómenos estacionales a partir de abril de 2026, con principal enfoque en los hogares del Corredor Seco.

     

    En 2025

    Para el cierre de 2025, señala Fews Net, las condiciones de seguridad alimentaria en El Salvador comenzaron a mejorar, en comparación con mediados de ese año.

    En esta situación contribuyó la salida al mercado de la primera cosecha de maíz que garantizó reservas para los hogares así como empleo en el campo.

    La red también prevé un impulso “temporal” a los ingresos de las zonas rurales por la mano de obra que se demanda en los cultivos de café y caña en El Salvador.

    De esta forma, los hogares del Corredor Seco que enfrentaron escasez alimentaria en el 2025 se beneficiaron temporalmente de los resultados de la primera cosecha; además, el déficit de consumo se reduciría de forma mínima hasta marzo de 2026.

    Las temporadas de escasez de alimentos no son nuevas en El Salvador, el año pasado las condiciones cálidas y la irregularidad de las precipitaciones provocaron que buena parte de los productores sembrara en junio, esperanzando la mejora de las condiciones de las familias hasta la salida de la primera cosecha del ciclo 2025-2026.

  • El 77.3 % de los salvadoreños destinan las remesas a gastos de subsistencia

    El 77.3 % de los salvadoreños destinan las remesas a gastos de subsistencia

    Los hogares receptores de remesas familiares destinan estos ingresos principalmente a gastos de subsistencia, educación, salud o pago de servicios básicos, reveló la Encuesta Nacional de Inclusión y Educación Financiera del Banco Central de Reserva (BCR).

    La investigación, realizada de manera digital entre el 22 de septiembre y el 22 de octubre de 2025, encontró que un 25.8 % de los salvadoreños recibe remesas. Aunque existe un sesgo que señala que los receptores malgastan este dinero, diversas investigaciones han matizado esta percepción y destacan que las remesas son clave para el sostenimiento familiar y para que más personas salgan de la pobreza.

    Con opción de respuestas múltiples, la encuesta encontró que el 77.3 % de los salvadoreños destina las remesas a gastos de subsistencia, frente a un 38.4 % que las utiliza para pagar servicios básicos.

    Además, un 23.9 % indicó que usa las remesas para gastos de salud, un 30 % para emergencias y un 11.9 % para educación.

    En menor medida, un 1.9 % paga la cuota del hogar o el alquiler; un 2.3 % compra o remodela una vivienda; y un 0.5 % utiliza el dinero para la compra de un terreno o un vehículo.

    Otro 2.3 % afirmó que amplía o inicia un negocio; un 0.5 % destina parte de las remesas a vacaciones; un 1.6 % paga deudas; un 0.1 % presta dinero a conocidos; un 2.8 % ahorra en una institución financiera, y un 0.2 % compra animales como medio de inversión.

    Dónde y cómo llegan las remesas

    De acuerdo con la encuesta, La Unión es el departamento con mayor proporción de hogares receptores de remesas, ya que un 46 % reportó haber recibido estos ingresos. Le siguen Cabañas, con un 45 %, y Usulután, con un 43.7 %.

    En San Salvador, el 18.8 % de los hogares recibe remesas, el porcentaje más bajo a escala nacional, pese a que el departamento concentra el 18.4 % del total de remesas recibidas por los hogares salvadoreños a noviembre de 2025. Esto se explica, en parte, porque es el departamento más poblado del país.


    Asimismo, la encuesta encontró que el 60 % de las remesas se paga a través de casas remesadoras, seguido de un 26.2 % que llega como abono en cuenta bancaria.

    Un 6.7 % se paga en corresponsales financieros; un 5.2 % en efectivo; un 3.2 % como abono en una cuenta de una institución financiera diferente; y un 3.1 % en puntos de pago.

    Las remesas representan más del 20 % del producto interno bruto (PIB) y colocan a El Salvador como uno de los países más dependientes de estos ingresos en América Latina, junto con Guatemala y Honduras.

  • Remesas sacan de la pobreza a más de 369,000 salvadoreños

    Remesas sacan de la pobreza a más de 369,000 salvadoreños

    Al menos 369,617 salvadoreños ven una mejora en su condición económica gracias a las remesas familiares, según un análisis del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

    En su informe anual sobre las remesas en América Latina y el Caribe, publicado en noviembre pasado, el multilateral elaboró un experimento conceptual sobre el impacto potencial de estos ingresos en los niveles de pobreza en Guatemala, El Salvador, Honduras, República Dominicana, México, Ecuador y Colombia.

    Dicho análisis parte de un “sesgo”, plantea el BID, según el cual la mayor parte de las remesas se destina a hogares que no son pobres, pero que, si no recibieran estos ingresos, podrían serlo.

    El texto señala que el 80 % de la masa total de remesas en Guatemala llega a hogares que no viven en pobreza, un porcentaje que sube a 90 % en El Salvador, República Dominicana y Colombia.

    Según el estudio, al menos cuatro millones de personas en estos países pasan de un nivel de pobreza extrema a relativa, o alcanzan ingresos que los ubican por encima de la línea de pobreza.

    En el caso de El Salvador, 116,201 personas en pobreza extrema pasan a no pobres gracias a las remesas, mientras que 80,262 salen de pobreza extrema a relativa.

    Además, 173,254 pasan de pobreza relativa a no pobres.

    Remesas no siempre llegan a los más pobres

    Uno de los enfoques más usados para medir la pobreza es el monetario, es decir, que los ingresos que reciba un hogar cubran la canasta básica alimentaria (CBA). En pobreza extrema se encuentran quienes no tienen suficientes recursos para una CBA simple, y en pobreza relativa quienes no alcanzan para una CBA ampliada (dos CBA).

    De esa manera, el análisis señala que el 20.5 % de los hogares que reciben remesas no son pobres, frente a un 11.5 % que se encuentran en el umbral de pobreza relativa y un 3.5 % en pobreza extrema.

    El BID plantea que los hogares receptores de remesas que aún se mantienen en condición de pobreza extrema no salen de este umbral por varios factores, como que el monto recibido es reducido o que debe distribuirse entre varios miembros. Además, señala que muchas familias no reciben estos ingresos porque nadie ha migrado al exterior, ya que la migración requiere una inversión significativa.

    El multilateral recuerda que las remesas son un músculo clave en las economías de la región y que llegan a representar un 27.3 % del producto interno bruto (PIB) de El Salvador, el tercer país de mayor dependencia de estos ingresos en América Latina.

    El VII Censo de Población y VI Censo de Vivienda, presentado en 2024, reveló que el 26.8 % de los hogares recibe remesas familiares, mientras que el Banco Central de Reserva (BCR) reporta que más de 2.2 millones de salvadoreños han recibido al menos una vez estos ingresos en 2025.

  • La inflación obliga a familias latinas a buscar ayuda en bancos de alimentos en EEUU

    La inflación obliga a familias latinas a buscar ayuda en bancos de alimentos en EEUU

    La imagen de la Navidad con mesas llenas y abundancia contrasta con la realidad de miles de familias en Estados Unidosque dependen de los bancos de alimentos para subsistir, golpeadas por una inflación persistente que afecta con mayor dureza a la comunidad latina.

    En el barrio de Pacoima, en Los Ángeles, las filas comienzan de madrugada frente al centro MEND (Meet Each Need with Dignity). Joe Nino, un jubilado de avanzada edad, llega a las tres de la mañana para asegurar alimentos para su hogar. “La situación económica es muy baja. Llevo comida para mi sustento en casa y familias que no tienen una buena situación económica”, dijo a EFE.

    Las colas se extienden durante horas y, en algunos días, MEND atiende hasta 600 personas en una sola jornada. La presión aumenta en temporada festiva, cuando los gastos se elevan y los ingresos no alcanzan para cubrir comida y vivienda.

    Victoria Hernández, residente en EE.UU. desde hace 50 años, acude con frecuencia al banco de alimentos. Retirada desde hace seis años, explica que su pensión es insuficiente.

    “Lo que nos dan del seguro social no es suficiente… Comida y rentas, es muy difícil”, relató.

    Según Feeding America, la mayor red de bancos de alimentos del país, la inseguridad alimentaria afecta a 47 millones de personas, de las cuales 14 millones son latinas. En el centro de la emergencia está el Los Angeles Regional Food Bank, con capacidad para alimentar a 1.2 millones de personas al mes en una región de nueve millones de habitantes.

    Christina Quesada, directora de Relaciones Corporativas del banco de alimentos en City of Industry, explicó que productos que antes costaban $25 ahora alcanzan entre $35 y $40, un aumento cercano al 60 %. Aunque el Índice de Precios al Consumidor bajó al 2.7 % en noviembre, el impacto acumulado sigue golpeando a hogares de ingresos medios.

    Quesada señaló que cada vez más usuarios tienen empleo, pero no logran cubrir sus necesidades básicas. “Es lo que llamamos el working poor: tienen trabajos, pero no ganan lo suficiente para vivir”, indicó, al describir la ansiedad constante por alimentar a sus familias.

    En ciudades como Paramount, con un 80 % de población hispana, surgen iniciativas solidarias como Season of Giving de la cadena Grocery Outlet, que busca recaudar fondos para tres millones de comidas antes del 31 de diciembre. A través de donaciones y redondeo de cuentas, los vecinos tejen redes de apoyo frente a una crisis que se profundiza en plena Navidad.

     

     

  • El 39 % de los latinos en EE.UU. se saltan comidas por falta de dinero, según un sondeo

    El 39 % de los latinos en EE.UU. se saltan comidas por falta de dinero, según un sondeo

    Un 39 % de los adultos latinos en Estados Unidos asegura haberse saltado comidas por no tener suficiente dinero, según un sondeo de la organización Voto Latino que alerta sobre una profunda crisis económica y alimentaria que afecta de forma desproporcionada a minorías como latinos y afroamericanos.

    El estudio, realizado entre el 10 y el 19 de noviembre a nivel nacional, encuestó a 1,300 adultos y fue publicado este martes. Los resultados muestran que muchas familias estadounidenses están reduciendo su consumo de alimentos, omitiendo comidas y buscando segundos empleos para cubrir gastos básicos.

    «Las familias en todo Estados Unidos están viviendo una crisis económica severa», señaló Voto Latino en su informe.

    Entre los hallazgos, se destaca que el 38 % de los afroamericanos también ha tenido que saltarse comidas, mientras que 43 % reconoció haber omitido o retrasado pagos. Además, el 64 % de los encuestados afroamericanos y el 55 % de los latinos cargan con deudas no hipotecarias superiores a los $5,000.

    La presión financiera ha obligado a muchos padres a reducir el presupuesto alimentario y tomar trabajos adicionales, pero aun así no logran cubrir sus necesidades básicas, lo que ha llevado a un aumento del endeudamiento.

    El informe indica que el 60 % de los participantes compra menos alimentos o productos más económicos, el 28 % admitió haber dejado de comer en ciertas ocasiones para ahorrar dinero, y el 24 % tomó un segundo empleo o trabajos extras.

    El pesimismo sobre el rumbo del país también quedó reflejado: 68 % de los encuestados cree que Estados Unidos va por el camino equivocado, y 57 % considera que el llamado “sueño americano” ya no existe.

    En cuanto a la salud mental, el estrés alcanza niveles alarmantes. Las principales causas son la política (55 %), el costo de atención médica (53 %), el precio de la vivienda (48 %), el presidente de EE.UU., Donald Trump (48 %), y la situación de la democracia (47 %).

    Según Voto Latino, las comunidades latinas y afroamericanas enfrentan las condiciones más duras, siendo las más afectadas por la inflación, el endeudamiento y la inseguridad alimentaria, factores que también están agravando una crisis nacional de salud mental.

    «Los estadounidenses nos están diciendo, en cada métrica que recopilamos, que la economía simplemente no está funcionando para ellos», concluyó la organización

  • Latinoamérica es la región más desigual por ingresos y también de las que más en riqueza

    Latinoamérica es la región más desigual por ingresos y también de las que más en riqueza

    Latinoamérica continúa siendo la región más desigual del mundo en distribución de ingresos y una de las más desequilibradas en términos de riqueza, según el más reciente Informe sobre la Desigualdad Global, elaborado por el Laboratorio de las Desigualdades Mundiales (WIL), presentado este miércoles en París.

    El estudio revela que el 10 % de la población más rica concentra el 57 % de los ingresos totales en la región, mientras que el 50 % más pobre apenas accede al 8 %. Solo el África Subsahariana y el sur y sudeste asiático se acercan a esos niveles, con una distribución del 55 % y 10-14 % respectivamente.

    En cuanto a la riqueza, el panorama también es crítico. El 1 % más rico en América Latina es dueño del 36 % de todos los bienes, cifra superada únicamente en Oriente Medio y el norte de África (37 %), y Rusia y Asia Central (46 %). A modo de comparación, ese porcentaje es del 25 % en Europa y del 34 % en Norteamérica y Oceanía.

    La desigualdad es todavía más marcada en la base de la pirámide: el 50 % más pobre en la región solo posee el 3 % de la riqueza. Aunque este dato es similar al europeo, supera el 1 % de Norteamérica, Asia y África Subsahariana.

    El economista mexicano Ricardo Gómez Carrera, principal autor del informe, explicó que entre 2014 y 2024 se observaron mejoras en México y Chile, aunque la desigualdad sigue siendo “extremadamente alta”. En contraste, Brasil y Colombia han retrocedido.

    En el caso de Argentina, la desigualdad en ingresos aumentó del 32 % al 36.8 %, aunque sigue siendo menor al promedio latinoamericano. El 10 % más rico en ese país concentra el 58.7 % de la riqueza, frente al 69 % regional.

    México es el país que más ha avanzado en reducir la desigualdad de ingresos, gracias al incremento sostenido del salario mínimo. “La desigualdad se puede reducir con políticas redistributivas, pero también con políticas predistributivas como el aumento del salario mínimo”, indicó Gómez Carrera.

    Sin embargo, en términos de riqueza, México sigue siendo profundamente desigual: el 10 % más rico controla el 70.6 %, mientras que el 50 % más pobre posee apenas el 2.3 %. Chile muestra un perfil similar con el 69.4 % de la riqueza en manos de los más ricos y el 2.6 % para los más pobres.

    En Brasil, el 10 % más acaudalado acapara el 59 % de los ingresos y el 70.1 % de la riqueza, dejando al 50 % inferior con apenas el 9 % y el 2.4 %, respectivamente. Colombia presenta el caso más crítico: el 10 % más privilegiado se queda con el 60 % de los ingresos y el 70.9 % de la riqueza, mientras que la mitad más pobre apenas recibe el 7 % de los ingresos y es dueña del 2.2 % de los bienes.

    En términos de ingreso medio por persona ajustado por paridad de poder adquisitivo, Argentina lidera entre los cinco países analizados con $56,300 anuales, seguido de Chile con $20,600, México ($14,600), Brasil ($13,500) y Colombia ($13,000).

  • Salario mínimo en Venezuela cae a medio dólar al mes pese a bonos estatales

    Salario mínimo en Venezuela cae a medio dólar al mes pese a bonos estatales

    El salario mínimo en Venezuela alcanzó este martes su punto más bajo en términos reales, al ubicarse en el equivalente a $0.50 al mes, según el tipo de cambio oficial del Banco Central de Venezuela (BCV), que cotizó el dólar en 262 bolívares, la moneda local.

    El sueldo básico permanece congelado en 130 bolívares desde marzo de 2022, cuando equivalía a unos $30 mensuales, pero la fuerte devaluación de la moneda ha reducido drásticamente su valor. Aunque el gobierno entrega bonos adicionales por hasta $160, estos no inciden en prestaciones laborales, como vacaciones o aguinaldos.

    Consultado por EFE, un economista que solicitó anonimato afirmó que “es prácticamente imposible sobrevivir con ese salario”, y señaló que millones de venezolanos se apoyan en bonos, remesas familiares y ayudas para cubrir sus necesidades básicas.

    El experto aseguró que aumentar el salario mínimo en Venezuela es inviable debido al tamaño de la nómina pública, estimada en 5.5 millones de empleados, más 4.5 millones de pensionados, quienes reciben el mismo monto mensual. Aumentar el salario a $250 implicaría, dijo, un gasto que superaría los ingresos totales del país por exportaciones petroleras y recaudación fiscal.

    “La baja productividad, los altos costos operativos y la fragilidad fiscal impiden elevar el salario significativamente”, apuntó el economista, quien cree que podría hacerse un aumento moderado dada la mejora relativa de los ingresos, aunque no precisó cifras por la ausencia de datos oficiales confiables.

    Bonos sin impacto en prestaciones

    Ante la imposibilidad de incrementar el salario mínimo, el gobierno venezolano ha optado por fortalecer los bonos económicos, que considera una herramienta para “combatir la guerra económica y evitar la inflación”, según declaraciones oficiales.

    Actualmente, los trabajadores públicos reciben un bono de alimentación de $40 y otro denominado “ingreso de guerra económica”, que asciende a $120, ambos pagados a la tasa oficial del día, pero fuera del cálculo de beneficios laborales.

    Organizaciones como Provea han insistido en que esta práctica contradice la Constitución, que obliga al Estado a garantizar un ingreso digno, ajustado al costo de la canasta básica familiar, que en abril fue de $503.73, según el Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cendas-FVM).

     

  • Siria marca un año del derrocamiento de Al Assad, bajo crisis humanitaria y acercamiento a Occidente

    Siria marca un año del derrocamiento de Al Assad, bajo crisis humanitaria y acercamiento a Occidente

    Siria conmemora este lunes un año desde la caída del régimen de Bashar al Assad, derrocado por una ofensiva combinada de rebeldes y yihadistas liderados por el grupo Hayat Tahrir al Sham (HTS). En este periodo, el país ha experimentado un frágil proceso de transición encabezado por el exlíder de HTS, Ahmed al Shara, quien busca legitimidad internacional mientras enfrenta una aguda crisis humanitaria y severos desafíos en seguridad y gobernabilidad.

    El colapso del régimen, que se mantuvo en el poder desde 1971 tras un golpe de Estado liderado por Hafez al Assad y sucedido por su hijo Bashar en 2000, se consolidó entre el 27 de noviembre y el 8 de diciembre de 2024, cuando los rebeldes tomaron control de Damasco tras avanzar desde Idlib. Bashar al Assad huyó a Rusia en medio del desplome de su estructura militar y política.

    La ofensiva coincidió con un alto el fuego en Líbano entre Israel y Hezbolá, mientras aliados clave del régimen, como Irán y Rusia, se encontraban debilitados o distraídos por otros conflictos, dejando al gobierno sirio expuesto tras años de guerra civil.

    Desde su llegada al poder, Al Shara —también conocido como ‘Abú Mohamed al Golani’— ha buscado reformar la imagen del nuevo gobierno ante la comunidad internacional. Su participación en septiembre ante la Asamblea General de la ONU y su histórica visita en noviembre a la Casa Blanca, donde se reunió con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reflejan su intento de legitimación. Durante esa visita, incluso se fotografió jugando baloncesto con altos mandos militares estadounidenses.

    Este giro diplomático ha dado frutos parciales. Países como Estados Unidos, Reino Unido y miembros de la Unión Europea han levantado algunas sanciones, lo que ha sido presentado por Al Shara como un esfuerzo para reactivar la economía y facilitar la llegada de ayuda humanitaria.

    El presidente de Siria, Ahmed Al Sharaa (c), en una imagen de archivo. EFE

    Persisten los conflictos y las denuncias

    Pese a los avances internacionales, la situación interna de Siria sigue marcada por conflictos armados, abusos y tensión social. La desarticulación del aparato de seguridad vinculado al régimen alauita generó conflictos entre antiguos oficiales y nuevas fuerzas, ahora conformadas por exrebeldes y yihadistas. En marzo, un levantamiento liderado por un exfuncionario de Al Assad fue aplastado violentamente, con denuncias de ejecuciones sumarias y desapariciones.

    En la provincia de Sueida, los enfrentamientos entre comunidades beduinas y drusas dejaron más de 1,000 muertos y obligaron al desplazamiento de decenas de miles. La intervención de las fuerzas de seguridad a favor de los beduinos desató una crisis regional, que Israel aprovechó para lanzar ataques aéreos y ocupar posiciones estratégicas en defensa de los drusos.

    El portavoz del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Thameen al Keethan, reconoció que las nuevas autoridades han tomado algunos pasos positivos, pero advirtió que son “solo el inicio” de un proceso más amplio de justicia. Mencionó casos de asesinatos arbitrarios, secuestros y ataques selectivos contra minorías o personas relacionadas con el régimen anterior.

    Israel, por su parte, ha intensificado su presencia militar en Siria. Aunque se ha mostrado dispuesto a negociar con el nuevo gobierno, exige como condición una zona tapón desmilitarizada en la frontera. En paralelo, sectores radicales han criticado a Al Shara por su acercamiento a Occidente y por sumarse a la coalición internacional contra el Estado Islámico, considerando que ha traicionado los principios yihadistas de su pasado.

    Crisis humanitaria y pobreza extrema

    A nivel humanitario, Siria sigue enfrentando condiciones críticas. La Agencia de la ONU para los Refugiados estima que más de 16 millones de personas necesitan asistencia urgente. Las infraestructuras básicas como agua potable, centros de salud y escuelas están destruidas o colapsadas, mientras que la mayoría de refugiados que han retornado encuentran condiciones igualmente precarias.

    Desde la caída del régimen de Al Assad, más de 1.2 millones de refugiados y 1.9 millones de desplazados internos han regresado a sus hogares, según datos de la organización Save the Children. No obstante, el 90 % de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y el acceso a servicios básicos sigue siendo limitado.

    Rasha Muhrez, directora de Save the Children en Siria, advirtió que “muchas personas quieren regresar a sus hogares, pero se encuentran con la devastación y la falta de servicios básicos”. Añadió que la infancia debe estar al centro de la reconstrucción y urgió a la comunidad internacional a mantener la inversión. “La crisis está lejos de haber terminado”, concluyó.

     

  • El Salvador perdería hasta 36 % del PIB per cápita en 2050 por cambio climático

    El Salvador perdería hasta 36 % del PIB per cápita en 2050 por cambio climático

    El Salvador podría reducir hasta un 36 % su producto interno bruto (PIB) pér capita por el incremento en las temperaturas, que derivará en eventos extremos como lluvias o sequías más intensas, reveló un estudio publicado por la Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano (Secmca).

    La investigación, elaborada en colaboración con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), analiza el impacto económico proyectado para 2050 debido al cambio climático, a partir de variables como la temperatura, las precipitaciones y el crecimiento económico.

    Las proyecciones realizadas en la investigación advierten que todas las economías de la región sufrirán pérdidas del PIB per cápita (por persona) de entre 28 % y 37 % en un escenario en el cual las temperaturas incrementen entre 1.4 y 2.2 grados Celsius.

    Según las conclusiones, El Salvador sería uno de los países más afectados, con pérdidas que reducirán el PIB en hasta un 36 %, un porcentaje solo superado por el 37 % calculado para Nicaragua.

    El Salvador es el segundo país de la subregión con los valores más altos de pérdidas económicas producto del cambio climático. En 2050, estimamos que, sin ningún esfuerzo en materia de mitigación de emisiones de GEI, el aumento de temperaturas de +2 °C que experimentaría El Salvador produciría que el valor del PIB per cápita sea un 36 % menor de lo que habría sido sin el impacto del cambio climático”, señala el documento.

    Para Costa Rica se prevé una reducción del PIB de un 31 %, mientras que para Guatemala sería de un 30 %, Honduras de un 33 % y Panamá de un 32 %.

    No hay que esperar hasta 2050 para comenzar a registrar las pérdidas. El estudio detalla que, si la temperatura sube 0.7 grados Celsius para 2030, la reducción del PIB per cápita de El Salvador será de 3.6 %.

    La temperatura ya superó el nivel óptimo

    El informe señala que la temperatura promedio de la última década ya superó los “niveles óptimos estimados para el crecimiento económico”, por lo cual los países centroamericanos se encuentran en una “trayectoria en la que futuros aumentos de temperatura seguirán teniendo efectos adversos sobre su desempeño económico”.

    Incluso si la temperatura solo incrementa entre 0.3 y 0.8 grados, la investigación calcula que habrá pérdidas del PIB per cápita de entre 2.7 % y 3.8 % para 2030.

    Además de dejar pérdidas tras un evento extremo, el impacto de las variaciones climáticas limita la capacidad de crecimiento económico de manera duradera.

    El estudio hace énfasis en la necesidad de integrar el riesgo climático en la formulación de políticas macroeconómicas, fiscales y de desarrollo, como eje central de una estrategia regional.

  • La canasta alimentaria bajó ocho centavos en la zona urbana, pero en la rural subió a su valor más alto en dos años

    La canasta alimentaria bajó ocho centavos en la zona urbana, pero en la rural subió a su valor más alto en dos años

    El precio de la canasta básica alimentaria (CBA) bajó ocho centavos en la zona urbana, pero en la rural experimentó un nuevo incremento que la colocó en su valor más alto en dos años, informó la Oficina Nacional de Estadísticas y Censos (Onec).

    La última actualización de la Onec señala que el precio de la canasta alimentaria urbana se ubicó en $250.71 en septiembre, ocho centavos menos en comparación con los $250.79 de agosto, alcanzando así su nivel más bajo desde junio pasado.

    Por el contrario, la canasta básica rural -donde viven las familias con menores ingresos- aumentó $1.50, hasta $190.93 en septiembre, el precio más alto registrado desde octubre de 2023.

    La canasta básica es uno de los indicadores utilizados para medir la pobreza monetaria, aunque la metodología vigente en El Salvador data de 1983, la más desfasada de Centroamérica. Este método considera 22 productos para la zona urbana y 15 para la rural, donde se excluyen los vegetales, pese a ser parte esencial de la dieta de los salvadoreños.

    ¿Qué cambió de precio?

    De acuerdo con la Onec, en la zona rural aumentó el precio de la ración de tortillas y carnes -res, cerdo y ave-. También se encarecieron las grasas -aceite, margarina y manteca vegetal-, así como los huevos y los frijoles.

    En cambio, hubo una reducción en el precio del arroz, las frutas -naranja, plátano y guineo-, y el azúcar.

    En la zona urbana, se incrementó el costo del pan francés, las tortillas, las carnes, las grasas y los frijoles, mientras que bajaron los precios del arroz, el azúcar, las frutas y las verduras (papa, cebolla, chile verde, tomate, güisquil y repollo).

    La Onec señaló que el precio de la leche fluida se mantuvo estable a nivel nacional.

    Asimismo, el costo promedio de la cocción de alimentos, que representa el 10 % de la CBA, aumentó en la zona rural pero disminuyó en la urbana.

    El principal método energético de las familias salvadoreñas sigue siendo el gas propano, aunque el VII Censo de Población y VI Censo de Vivienda reveló que uno de cada 10 hogares aún utiliza leña o carbón para preparar sus alimentos.