El palacio de La Moneda, ubicado en el corazón de Santiago de Chile, volverá a ser residencia presidencial el próximo 11 de marzo, cuando José Antonio Kast asuma el cargo y se convierta en el primer mandatario desde 1958 en vivir en la sede del Gobierno.
“Yo vivo a más de una hora y media de La Moneda. No voy a arrendar una casa especial para generar más gasto al Estado”, afirmó Kast en diciembre, pocos días después de ganar ampliamente las elecciones. El último presidente que habitó este edificio neoclásico fue Carlos Ibáñez del Campo (1952-1958).
Desde entonces, los mandatarios han optado por residir en sus viviendas particulares o alquilar inmuebles, como hizo el presidente saliente, Gabriel Boric, quien al asumir en 2022 se trasladó a una casona en el barrio Yungay.
Kast, exdiputado y líder de extrema derecha, se mudará junto a su esposa, Pía Adriasola, con quien tiene nueve hijos. El palacio, diseñado a finales del siglo XVIII por el arquitecto italiano Joaquín Toesca, está protegido desde 1951, por lo que cualquier intervención mayor requiere autorización del Consejo de Monumentos Nacionales.
Desde el equipo del presidente electo aseguraron que no se realizarán grandes cambios y que las modificaciones serán superficiales.
“Nuestros hijos nos irán a visitar, podrán tomarse un café o un helado y, si se hace muy tarde, podremos tener una cama nido o un camarote”, comentó Kast en diciembre.
Expertos explican que La Moneda dejó de utilizarse como residencia hace casi siete décadas por razones funcionales. El crecimiento del aparato estatal convirtió antiguos espacios privados en oficinas ministeriales. Además, tras el bombardeo durante el golpe de Estado de 1973 y la reconstrucción en el régimen de Augusto Pinochet, el edificio se consolidó como sede administrativa.
Actualmente, el palacio cuenta con varias cocinas, espacios amplios y hasta un gimnasio, además de estar en ejecución un proyecto para renovar sistemas de climatización, iluminación y construir baños accesibles y salas de lactancia.

Impacto en el centro de Santiago
La decisión coincide con un proceso de recuperación del centro de Santiago, afectado en los últimos años por el deterioro urbano, la criminalidad y el cierre de negocios, especialmente tras las protestas de 2019 y la pandemia.
Para algunos urbanistas, la presencia permanente del presidente podría tener un impacto simbólico positivo en la revitalización del sector. Sin embargo, advierten que no necesariamente generará mejoras inmediatas en inversión o seguridad y que el eventual cierre de espacios públicos cercanos podría resultar contraproducente.
Con esta decisión, Kast marca un giro en la tradición reciente de los presidentes chilenos y reabre el debate sobre el uso histórico y funcional del principal edificio gubernamental del país.





