Al cumplirse el primer año de su segundo mandato, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha colocado los aranceles en el centro de su política económica, utilizándolos no solo como castigo comercial, sino como una herramienta para atraer inversión, presionar aliados estratégicos y reforzar su postura frente a China.
En abril de 2025, Trump sorprendió al mundo al imponer aranceles “recíprocos” a las importaciones de casi todos los países, con el argumento de reducir el déficit comercial estadounidense. Aunque los mercados reaccionaron con fuertes caídas, los posteriores acuerdos bilaterales demostraron que el objetivo era mucho más ambicioso: convertir los aranceles en moneda de cambio geopolítica.
“El objetivo declarado es revitalizar la manufactura estadounidense, recuperar empleos y reducir el déficit, pero la Administración también busca influir en las decisiones de otros países usando la amenaza de aranceles”, explicó el economista Robert Blecker.
Además, Blecker considera que Trump utiliza esta política para reafirmar su poder personal: “Le encanta que empresas y gobiernos se arrodillen ante él para obtener favores”.
El pasado fin de semana, Trump amenazó con imponer nuevos gravámenes a ocho países europeos miembros de la OTAN que enviaron tropas a Groenlandia.
El mandatario advirtió que las tarifas permanecerán “hasta que se alcance un acuerdo para la compra completa y total de Groenlandia”, aunque se mostró dispuesto a negociar.
Para el profesor Alton Worthington, de la Universidad de Míchigan, el enfoque proteccionista de Trump no traerá beneficios duraderos.
“La autarquía nunca ha producido los resultados macroeconómicos que sus defensores prometen”, afirmó, cuestionando el aislamiento que provocan los aranceles en un mundo globalizado.
Fiel a su estilo empresarial basado en el “arte del trato”, Trump ha privilegiado los acuerdos bilaterales, intercambiando la reducción de tarifas por beneficios específicos con cada país. Su objetivo final es derrotar a China en la competencia por el liderazgo global, especialmente en áreas como los semiconductores, la inteligencia artificial y las energías críticas.
Sin embargo, Blecker advierte: “No está ganando a China, solo ataca a aliados y agrada a autócratas”.

