El segmento wearable se mueve en dos direcciones: más autonomía y más asistentes inteligentes. Un nuevo reloj inteligente de gama alta apuesta por una caja de titanio, integración directa de un modelo de IA conversacional y hasta 16 días de batería, intentando resolver el principal cuello de botella de los smartwatches actuales. En paralelo, los móviles plegables siguen consolidándose: la nueva familia de smartphones tipo concha prevista para 2026 ya tiene ventana de lanzamiento y gama de colores cerrada, apuntando a un ciclo de renovación centrado en diseño más que en cambios radicales de hardware.
En el terreno de los gadgets curiosos, aparece un collar wearable para mascotas que emplea modelos de IA para interpretar patrones de ladridos y maullidos y asociarlos con estados o necesidades básicas. Sus promotores hablan de una eficacia cercana al 95 % en la clasificación de señales, apoyándose en bases de datos de sonido y comportamiento, aunque por ahora se trata más de un traductor de probabilidad que de una comprensión literal del lenguaje animal.
IA como motor de demanda y presión sobre precios
En ordenadores personales y sobremesa, la inteligencia artificial reordena las prioridades. Fabricantes de CPU han empezado a ajustar al alza el precio de algunos procesadores al incorporar aceleradores específicos para cargas de IA, mientras que los grandes fabricantes de portátiles han detectado un repunte de la demanda ligado a tareas de entrenamiento ligero, inferencia local y edición multimedia asistida. El interés por ejecutar modelos en el propio dispositivo impulsa configuraciones con más núcleos, mayor memoria y mejores GPU integradas.
En el lado contrario, los PC premontados resisten la subida de precios con equipos de gama media que integran hasta 32 GB de RAM DDR5 a costes contenidos, buscando un equilibrio entre juego, creación de contenido y uso de herramientas de IA en local. Para muchos usuarios, esta vía permite entrar en el nuevo ciclo de hardware sin asumir el sobrecoste de los componentes tope de gama.
Hogar conectado, gafas inteligentes y carga sin cables
En el hogar, los robots aspiradores viven una nueva etapa: algunos modelos han pasado a integrar motores de terceros y sistemas de navegación más avanzados, reflejando una cadena de suministro más modular y centrada en sensores y procesamiento a bordo. Las gafas inteligentes, por su parte, avanzan en diseño y capacidad técnica —cámaras, micrófonos, asistentes de voz y proyección de información—, pero siguen buscando el caso de uso que las convierta en masivas; hoy son más un laboratorio de interacción que un sustituto del móvil.
Finalmente, la infraestructura de energía de los gadgets empieza a cambiar con la expansión de estándares de carga inalámbrica mejorada, que prometen sustituir progresivamente a muchos cargadores tradicionales mediante bases y superficies con mayor eficiencia y alineación magnética. Este ecosistema, sumado a asistentes generativos que ya generan documentos, hojas de cálculo o PDFs de forma automatizada, dibuja un 2026 en el que la innovación en gadgets se mide menos por el tamaño de la pantalla y más por lo que el dispositivo es capaz de hacer por sí solo.
