La importación de ropa usada desde Estados Unidos se ha consolidado como un pilar clave para el acceso a vestimenta asequible en El Salvador, según un estudio elaborado por Full Cycle Resource Consulting para Garson & Shaw. El estudio detalla que entre el 96 % y 99 % de las prendas de segunda mano que ingresan al país provienen del mercado estadounidense.
El estudio examinó más de 21.8 millones de artículos y determinó que el 99.56 % de estas prendas se comercializa por menos de $15, siendo $3 el precio más frecuente.
En los niveles más bajos, algunas prendas se venden entre $0.15 y $0.33, lo que facilita su acceso a consumidores con menor poder adquisitivo.
«Los mercados de reutilización como el de El Salvador no son una historia secundaria en la circularidad textil; son su base. Este estudio muestra un sector construido en torno a satisfacer la demanda de los consumidores de manera responsable, con una clasificación clara de la calidad, precios que mantienen la ropa al alcance y una distribución que refleja el poder adquisitivo local”, comentó Lisa Jepsen, CEO de Garson & Shaw, una empresa global líder en la industria de la comercialización de ropa usada y el reciclaje textil
El informe destaca que, tras la pandemia y con una inflación que alcanzó el 7.25 %, este mercado se ha convertido en una solución permanente para muchas familias salvadoreñas.
Además, señala que cerca del 65 % de la fuerza laboral se encuentra en el sector informal, lo que refuerza la dependencia de este tipo de productos.
En comparación, la ropa nueva importada tiene un costo promedio de $8.77 por kilogramo, lo que representa aproximadamente cuatro veces más que la ropa usada.
El estudio sostiene que el sector de ropa de segunda mano en el país opera bajo un sistema organizado que incluye clasificación, evaluación de calidad y redes de distribución a nivel nacional.
Además resalta que este mercado no es informal ni desordenado, sino que cuenta con procesos estructurados de fijación de precios y rotación de inventario.
También se identificaron diferencias regionales, con precios más altos en zonas urbanas del centro del país y más bajos en áreas rurales del occidente.
El informe advierte que la fuerte dependencia de Estados Unidos como proveedor implica vulnerabilidad ante cambios en políticas o flujos de exportación.
