La guerra en Irán cumple seis meses desde que Estados Unidos e Israel lanzaron el 28 de febrero de 2026 un ataque conjunto contra la República Islámica, después de una ronda de negociaciones en la que el presidente estadounidense, Donald Trump, buscaba presionar a Teherán para alcanzar un acuerdo nuclear. La ofensiva inicial mató al líder supremo iraní, Alí Jameneí, además de importantes dirigentes políticos y militares.
Las primeras semanas estuvieron marcadas por una fuerte escalada militar. Irán respondió con ataques contra Israel y bases estadounidenses ubicadas en países árabes de la península Arábiga. Durante el primer mes, Washington aseguró haber atacado más de 11,000 objetivos en territorio iraní, incluidos centros de mando, instalaciones de inteligencia de la Guardia Revolucionaria y objetivos relacionados con la industria militar.
Irán dejó de divulgar cifras de fallecidos después de la primera semana, cuando informó de 1,230 muertos. A estos se suman más de 3,400 fallecidos desde que los ataques se reanudaron el 30 de julio. En Israel murieron más de 30 personas, mientras otros ataques dejaron decenas de víctimas en países como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irak y Kuwait.
El estrecho de Ormuz se convirtió en uno de los principales puntos de disputa. Irán cerró este paso estratégico para el comercio mundial de hidrocarburos y el precio del barril de petróleo llegó a $120, frente a los aproximadamente $70 previos al inicio de la guerra. La tensión también alcanzó a la OTAN, cuyos demás integrantes rechazaron una petición de Trump para enviar buques militares que garantizaran la navegación por la zona.
Las amenazas acompañaron los seis meses de hostilidades. Trump llegó a exigir la “rendición incondicional” de Irán y advirtió que Teherán podía enfrentarse a la muerte de “toda una civilización”. Del lado iraní, el nuevo líder supremo, Mojtaba Jameneí, no apareció públicamente y se limitó a emitir pronunciamientos escritos, mientras la Guardia Revolucionaria advirtió sobre una guerra prolongada y anunció el despliegue de nuevas armas estratégicas.
Los primeros avances hacia una salida negociada llegaron mediante la mediación de Pakistán. El 8 de abril, 39 días después del comienzo de los bombardeos, las partes alcanzaron un alto el fuego de dos semanas y acordaron reabrir temporalmente el estrecho de Ormuz. La propuesta iraní contemplaba, entre otros puntos, el compromiso de no desarrollar armas nucleares, el levantamiento de las sanciones estadounidenses, indemnizaciones por los daños sufridos y el fin de las agresiones.
Una nueva negociación permitió acordar el 17 de junio otro cese de hostilidades durante 60 días. Sin embargo, la tregua terminó el 18 de agosto sin un acuerdo para renovarla ni planes concretos para retomar las conversaciones destinadas a poner fin definitivamente al conflicto. Los intercambios de ataques y bombardeos volvieron mientras el diálogo permaneció paralizado.
Al cumplirse medio año de guerra, las hostilidades continúan y el estrecho de Ormuz permanece como uno de los principales focos de tensión.
Estados Unidos también reforzó la presión económica contra Teherán mediante nuevas sanciones bajo la operación ‘Paria Económico’, mientras las vías diplomáticas siguen estancadas y sin perspectivas inmediatas de un acuerdo.
