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    El Gueto de Varsovia: Regreso al pasado

    VARSOVIA, Polonia — Cada vez que Irene Shashar viaja a su natal Polonia tiene muy presente el terreno que pisa. Más allá que recorrer la ciudad que la vio nacer en 1937, la hoy sobreviviente del Holocausto sabe que camina por un campo santo. 

    “Cada vez que voy al Gueto de Varsovia, camino en punta de pies para no pisar los esqueletos que están seguramente ahí debajo de la superficie de la tierra”, dice Shashar, quien logró escaparse de los nazis con su madre siendo aún una niña.

    Algunos familiares del periodista israelí-español Ofer Laszewicki Rubin, no corrieron con esa suerte. Pero el nieto de sobrevivientes del Holocausto hoy colabora con programas educativos sobre la memoria histórica y se dedica a preservar los testimonios de quienes fueron testigos de esos amargos días de la Segunda Guerra Mundial en Polonia —donde unos 3 millones de judíos como él y Shashar fueron asesinados en campos de concentración o perecieron en paredones y por hambruna y enfermedades en los guetos donde se vieron atrapados.

    El Gueto de Varsovia fue el mayor gueto judío establecido por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial (1940-1943). Los nazis confinaron a cerca de 400,000 judíos en 3.4 km2, provocando la muerte de más de 100,000 personas por hambre y enfermedades antes de las deportaciones masivas al campo de concentración de Treblinka en 1942.

    El Gueto de Varsovia será una vez más el foco de atención en Polonia este mes: el 19 de abril se marcará el 83º. aniversario de su levantamiento, un momento histórico en el cual entre 700 y 1,000 judíos formaron una insurrección armada contra la ocupación nazi.

    Rubin regresó a Polonia en vísperas de ese aniversario, a principios de este año, y prepara un libro sobre lo que los suyos vivieron ahí. El viaje también ha servido como una manera de retomar sus raíces.

    “Es importante de vez en cuando recordarle a la gente que [el Holocausto] no fue una cosa más”, asegura Rubin. “Yo [viajé a Polonia este año] por una necesidad de llenar un vacío vital enorme en mi familia”, agrega este, quien hoy vive en España. “Del lado de la familia materna, yo nunca conocí a primos ni a tíos, ni tíos abuelos, ni nada básicamente porque toda la familia fue asesinada”.

    Ofer Laszewicki Rubin comparte un libro donde se muestra hoy en día la facultad de derecho de Lublin, que antes era donde los nazis planearon la operación Reinhard.

    En Israel quedaron sus abuelos paternos, su madre y padre. Él mismo no supo mucho de la familia que perdió en el Holocausto hasta que fue mayor de edad. El tema era un tabú a evitar. “Mis abuelos jamás se sentaron a tomar un café y explicarle a mi madre y a [mi tío] esto es lo que pasamos chicos, fue A, B, C”.

    Los traumas que sus antecedentes sufrieron eran terribles pinceladas en los recuerdos familiares: las pesadillas de su abuelo, por ejemplo, quien “se despertaba en medio de la noche soñando que un alemán le apuntaba, jugaba la ruleta Rusa en su cabeza”.

    Rubin aun recuerda el tatuaje con el cual los nazis marcaron la piel de su abuela, una persona que describe como atormentaba y perturbada.  Entre sus peores recuerdos: “el momento que ella aguantaba un bebé huérfano en uno de los campos de exterminio y lo mataban en sus mano”, dice Rubin.

    Irene Shashar junto a su madre, Elena, en París. Fotografía: cortesía de Irene Shashar.

    Shashar, de hoy 89 años, quedó huérfana de padre en el Gueto de Varsovia a tierna edad. Inició su vida en Polonia con el nombre bíblico de Ruth; en el transcurso de la guerra “mi mami me [lo] cambió a Irene”, apunta.

    Sus primeros recuerdos son traumáticos. Con una maleta en mano, su familia fue expulsada de su hogar. “Como perros nos echan al gueto”, dice. En este lugar, las condiciones eran precarias, caracterizadas por hambre, enfermedades y hacinamiento, con el objetivo de debilitar y aislar a la población judía del resto de los ciudadanos polacos.

    Varsovia destruida debido a las órdenes de Hitler. Fecha: 15 de marzo de 2026. Foto por Dulce Rodriguez- Escamilla.

    Shashar, su madre y su padre fueron asignados a una pequeña habitación que ella describe como sucia y en malas condiciones. Para sobrevivir, madre e hija salían a las calles del gueto en busca de alimento. Un día, al regresar a su hogar, encontraron una multitud cerca de su edificio. Al entrar, Shashar descubrió a su padre muerto en la cocina; había recibido un disparo en el cuello.

    Su madre reaccionó con desesperación, y el cuerpo de su padre nunca recibió un entierro digno. Ya adulta ha buscado su tumba, hablado con profesores e investigadores de esa época; solo saben decirle que su progenitor probablemente yace en una fosa común. Los nazis, dice ella, “amontonaban a los muertos y los tiraban allí como sacos de arena”.

    Ante el peligro constante, su madre decidió huir para evitar correr el mismo destino de su padre. Hoy día recuerda ese momento con claridad: “[Mami] me pone una manta, y me da mi muñequita que la pongo en mi brazo izquierdo; ella hace un paquete en una bolsa negra”.

    Edificios renovados de lo que fue el antiguo Gueto de Varsovia. Foto Dulce Rodríguez-Escamilla.

    Juntas escaparon a través del alcantarillado, enfrentando aguas sucias y condiciones extremas.“Yo estoy empapada, ratas bailan alrededor nuestro”, dice. “Mi mami me dice que me agache y que en cuatro avance”.

    Una vez fuera del gueto, la madre de Shashar logró esconderla en Polonia en más de siete lugares distintos. Eventualmente terminaron en Paris, donde su progenitora falleció. Shashar fue adoptada por una familia en Perú, creció y se mudó a Estados Unidos, donde cursó estudios en la Universidad de Nueva York antes de trasladarse a Israel, donde hoy vive con su familia y donde publicó su autobiografía, Yo vencí a Hitler.

    Tal como el libro que Shashar escribió, ella combate el antisemitismo a través de usando su historia y su voz como una herramienta para parar las injusticias que hayan ya que ella siente que es su deber y propósito como sobreviviente del Holocausto, “qué hacer por el mundo, qué hacer en este mundo, y en esta vida, porque yo sobreviví, debo de tener alguna actitud, algún desafío, y tomé ese desafío y empece hablar”, dice. “De repente me abrí como una fuente que no tenia cese, iba de colegio en colegio, de grupos a grupos, hablaba en casas de amigos y de extraños”.

    Shashar comparte su libro, “Yo Venci A Hitler”, cuando se acuerda de que sobrevivió al Holocausto y pudo contra los desafíos. Fecha: 15 de marzo de 2026. Foto por Dulce Rodriguez- Escamilla.

    Hoy, Shashar lamenta los actos y protestas antisemitas que ocurren alrededor del mundo, especialmente en universidades como su alma mater en Nueva York, donde estudiantes judíos han reportado sentirse inseguros debido a protestas pro-Palestina tras el ataque terrorista de Hamas el 7 de octubre de 2023.

    “Es terrible, que en una Universidad donde tiene que haber una libertad académica, abierta, libre, libre de influencias democráticas. De repente profesores que dictan ciertos cursos, hablen en contra o a favor del antisemitismo, no, o al contrario tengan miedo de abrir la boca y de decir lo que piensan porque no es lo que la corriente, en la corriente popular de ese momento”, dice Shasar y advierte que si estuviera en estas universidades ella protestaría y gritaría contra el antisemitismo y con la seguridad de por lo cual alza la voz para luchar.

    Rubin asegura que su viaje a Polonia lo hizo para mejor entender cómo el Holocausto aun lo afecta y otros en el presente, especialmente en tiempos difíciles para los judíos después del 7 de octubre. Y su jornada ahí también lo expuso a una inesperada agresión en la ciudad de Lublin.

    Parado cerca de una placa en la plaza Alibaba, una mujer se le acercó, lo miró a los ojos y le dijo: “Lublin es demasiado judío, Hitler tenía razón”, relata Rubin. La mujer acompañó sus palabras trazando su dedo sobre su cuello, cuál cuchillo cortando una cabeza.

    El mural es conocido como Varsovia Judía, creado por el artista y arquitecto Tytus Brzozowski. El mural sirve como homenaje al distrito judío que fue destruido y en memoria de lo que sobrevivió después de la Segunda Guerra Mundial. Fecha: 15 de marzo de 2026. Foto por Dulce Rodriguez- Escamilla.