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  • El TAS rechaza recurso deportista ucraniano contra su exclusión por no renunciar a su casco

    El TAS rechaza recurso deportista ucraniano contra su exclusión por no renunciar a su casco

    El Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) rechazó este viernes el recurso presentado por el deportista ucraniano de skeleton Vladyslav Heraskevych contra su exclusión de los Juegos de Milán Cortina 2026, tras su decisión de competir con un casco que mostraba imágenes de atletas de su país fallecidos en la guerra con Rusia.

    El TAS confirmó así la resolución adoptada por la Federación Internacional de Bobsleigh y Skeleton (IBSF) y el Comité Olímpico Internacional (COI), al concluir que la normativa vigente prohíbe expresiones de carácter político durante las competiciones oficiales. La árbitra única encargada del caso señaló que, aunque “simpatiza plenamente con la conmemoración del Sr. Heraskevych, con su intento de concienciar sobre el dolor y la devastación sufridos por el pueblo y los atletas ucranianos a causa de la guerra, está obligada a cumplir la normativa del COI”.

    Tras la audiencia celebrada este viernes, el tribunal analizó las Directrices sobre la Expresión de los Atletas y determinó que “estas establecen que la libertad de expresión es un derecho fundamental de cualquier atleta que compita en los Juegos Olímpicos, pero limitan el derecho a expresar opiniones durante las competiciones en el terreno de juego”. En ese sentido, la árbitra consideró que “estas Directrices proporcionan un equilibrio razonable entre el interés de los atletas por expresar sus puntos de vista y el interés de los mismos por recibir una atención exclusiva a su rendimiento deportivo en el terreno de juego”.

    El fallo también subraya que “estas limitaciones son razonables y proporcionadas, teniendo en cuenta las otras oportunidades que tienen los atletas para concienciar (en zonas mixtas, ruedas de prensa, redes sociales o, en el caso del Sr. Heraskevych, el uso del casco durante cuatro sesiones de entrenamiento)”. Añade además que el objetivo es “mantener el enfoque de los Juegos Olímpicos en el rendimiento y el deporte, un interés común de todos los atletas que han trabajado durante años para comparecer en los Juegos y que merecen una atención indivisa por sus logros y desempeño deportivo”.

    Aunque la resolución reconoce que “la árbitra única está vinculada por dichas normas proporcionadas y no tiene medios para anularlas”, también señala que “fue injusto retirar la acreditación del Sr. Heraskevych en estas circunstancias y respalda la decisión del COI de devolvérsela”.

    El caso se tramitó por la vía de urgencia luego de que el deportista, de 27 años y abanderado de Ucrania en Milán Cortina, impugnara su descalificación tras lucir el casco en dos sesiones de entrenamiento. El jueves, el COI lo excluyó de la ronda clasificatoria y le retiró la credencial, decisión que posteriormente reconsideró para permitirle permanecer en la sede olímpica.

    Heraskevych defendió su postura tras la audiencia y afirmó que no se arrepiente de “defender” su dignidad. “Tendría que estar hoy en los Juegos compitiendo y no formar parte de una audiencia con el TAS. Continuamos con la lucha, con la lucha por nuestra verdad. Estoy convencido”, expresó. Por su parte, la presidenta del COI sostuvo: “Nadie, nadie, y menos yo, está en desacuerdo con el mensaje. El mensaje es un mensaje poderoso. Es un mensaje de recuerdo. Es un mensaje de memoria. No se trata del mensaje. Se trata simplemente de las reglas y del reglamento. Debemos ser capaces de mantener un entorno seguro para todos. Y, lamentablemente, eso significa que no se permiten mensajes”.

     

  • El casco con deportistas ucranianos muertos, última polémica en los JJ.OO

    El casco con deportistas ucranianos muertos, última polémica en los JJ.OO

    La decisión del COI de expulsar de los Juegos de Milán Cortina al atleta ucraniano de skeleton Vladyslav Heraskevych, abanderado de su país, por utilizar un casco con fotografías de deportistas asesinados por Rusia, es la última de las polémicas surgidas en los JJ.OO de Invierno.

    El atleta, readmitido por el COI tras la controversia, aunque sin poder competir es la enésima muestra de que las normas olímpicas sobre neutralidad política, el dopaje y la conducta de los atletas siguen siendo fuente constante de debate y sanciones, con decisiones que en muchos casos han marcado la historia del olimpismo moderno.

    Esta es una relación de los casos más destacados.

    Las reglas del COI sobre propaganda política, dopaje y conducta de los atletas han generado expulsiones y descalificaciones desde comienzos del siglo XX. Uno de los primeros casos ocurrió en Estocolmo 1912, cuando el estadounidense Jim Thorpe fue despojado de sus medallas de oro en pentatlón y decatlón por haber jugado béisbol profesional. El COI restituyó sus títulos en 1983, décadas después de su muerte.

    En México 1968, John Carlos y Tommie Smith fueron expulsados por alzar el puño en el podio en apoyo al movimiento Black Power. Ese mismo año, el sueco Hans-Gunnar Liljenwall protagonizó la primera descalificación por dopaje al dar positivo por alcohol en pentatlón moderno.

    El dopaje volvió a sacudir los Juegos en Seúl 1988 con el canadiense Ben Johnson, despojado del oro en los 100 metros por uso de esteroides. En Sidney 2000, el equipo español de baloncesto para discapacitados intelectuales fue descalificado al comprobarse que diez de sus doce jugadores no tenían discapacidad, uno de los mayores fraudes en la historia paralímpica.

    En Pekín 2008, el británico Dwain Chambers fue excluido por antecedentes de dopaje, mientras que el COI prohibió a atletas españoles portar un crespón negro por el accidente aéreo de Spanair, aplicando estrictamente la regla que veta símbolos políticos.

    Londres 2012 también dejó múltiples controversias, como la descalificación de varias medallistas en 1,500 y 800 metros por dopaje, entre ellas Asli Çakir y Ekaterina Guliyev. Además, el surcoreano Park Jong-woo fue excluido de la premiación tras mostrar una pancarta con el mensaje «Dokdo es nuestro territorio».

    A partir de Río 2016 se destapó el programa ruso de dopaje de Estado vinculado a los Juegos de Sochi 2014, lo que derivó en sanciones históricas y la participación de atletas rusos bajo bandera neutral. En Tokio 2020 volvió a discutirse la regla 50 de la Carta Olímpica, que prohíbe manifestaciones políticas o religiosas en sedes olímpicas.

    En París 2024 también se registraron sanciones, como la descalificación de la afgana Manizha Talash por exhibir el mensaje “Free Afghan Woman”, la sanción al serbio Nemanja Majdov por santiguarse antes de competir y la pérdida del oro del español Yassine Ouhdadi tras una sanción por dopaje.

    Ahora, en Milán Cortina 2026, el caso de Heraskevych coloca nuevamente al COI en el centro de la discusión sobre los límites entre libertad de expresión y neutralidad política en el deporte, en un contexto marcado por la guerra en Ucrania y la participación de atletas bajo estrictas condiciones simbólicas.

    La polémica confirma que, más allá de la competencia deportiva, los Juegos Olímpicos continúan siendo escenario de tensiones políticas, éticas y reglamentarias que influyen directamente en el desarrollo y la imagen del movimiento olímpico moderno.

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