Fui de quienes celebramos la captura y extracción del tiranuelo sanguinario Nicolás Maduro Moros, por delitos cometidos contra la humanidad de manera reiterada, planificada y ejecutada; quizás sin saber él mismo el alcance de las ordenes que impartía o el reporte que recibía sobre tal o cual decisión de neutralizar, capturar o ejecutar a “un enemigo”.
Su ascenso al poder bajo el Socialismo del Siglo XXI, ha sido una de las afrentas más humillantes a la que sido sometida Venezuela desde 1811. Y dejo al lector el razonamiento del porqué de esta afirmación tan contundente. Baste señalar el talante de su perdida idiosincrasia, cuando llegan a nuestra memoria aquellas vulgares y macabras danzas que ejecutaba con su no menos siniestra esposa, la de la sonrisa enigmática, montado sobre una tarima rodeado de acólitos y enormes bocinas ensordecedoras, mientras que encorvado, mirando sus pies, como para constatar que seguía el ritmo, en la calle en ese justo momentos caían ensangrentados sobre el asfalto caraqueño o de nuestra provincia, jóvenes asesinados por efectivos embrutecidos de la Guardia o Policía Nacional bolivariana, o de colectivos armados mimetizados en uniforme verde olivo.
Y así, primero con el militar felón, Hugo Chávez Frías, quien entregó el territorio, la nación sobre el cual se asentaban los venezolanos de ese entonces y, aún los nacidos antes de esa emblemática fecha de 1811 con toda su carga histórica y riqueza del suelo y del subsuelo, a una pequeña y torturada isla caribeña sometida a un tirano locuaz y temerario que inundó de sangre y división a Hispanoamérica. y luego con su sucesor, con el apátrida Nicolás Maduro Moros, tenido en realidad como un mero empleado de Cuba, Venezuela fue perdiendo su dignidad como nación libre, soberana y soñadora.
Celebro, sin hipocresías, explicaciones o complejos la acción militar realizada por los Estados Unidos de América el pasado 3 de enero. Ya los venezolanos, en particular nuestros jóvenes, ancianos, monjas, amas de casa, políticos (algunos, los comprometidos con la realidad) maestros, militares, actrices, escritores, habían caído o neutralizados. Desde aquella icónica marcha convocada por jóvenes madres bajo la consigna de “con mis hijos no te metas”, cuando un envalentonado Chávez pretendió politizar y dogmatizar a nuestros escolares bajo un programa único educativo supervisado por fiscales impuestos a cada institución.
Que vaina con Chávez, no pudo con las mujeres, ni con las que fueron sus parejas, ni con las madres de jóvenes escolares a quienes apenas pudo intentar disminuirlas, afirmando que habían tenido una concentración “escuálida”. Ni con María Corina Machado desde aquél señero día en la Asamblea Nacional, cuando a un Presidente envalentonado, propio de una figura extraída de alguna novela de Rómulo Gallegos, o de un poema de Andrés Eloy Blanco para resaltar la barbarie frente a la civilización, se le enfrentó y le espetó ante sus tímidos compañeros de bancada, y el mundo entero: “Presidente, expropiar es robar”.
De modo que no pudimos solos. Se luchó hasta la agonía, como si fuésemos un Cristo colectivo. Fue la primera vez en la historia de nuestro país, que una generación no pudo sacar del poder al dictador de turno… si ya casi no teníamos con quién. Quizá nuestro plan divino fue el de ir enriqueciendo con nuestra idiosincrasia, los pueblos del mundo donde nos asentábamos, con sus artes, ciencias y bonhomía, mezclado el trigo con la hierba mala; tal como nos enriquecimos con las olas de europeos, asiáticos y del Medio Oriente que igualmente se refugiaron en esta Tierra de Gracia, para hacernos uno.
Sabía que estaba descartada una toma territorial, no somos Iraq o Libia. Caracas, está enmarcada de montañas, para llegar a la capital habría que vencer 912 metro del nivel del mar, por una sola autopista interrumpida por dos túneles y sendos barrancos, al igual si un desembarco hubiere sido por Puerto Cabello, una sola vía en subida y otro túnel más, y así, selvas, llanos, ríos, y cordilleras. De forma que esta operación quirúrgica de altísima tecnología, acompañada por militares altamente especializados, duros, guerreros, precisos, la hago mía. En cada soldado allí presente, en cada colaborador interno y externo que hizo posible la extracción del criminal y su despiadada cónyuge, me siento representado, uno de ellos.
Solo me preocupa, aún consciente de la necesidad del paso intermedio para evitar males mayores, la designación de una criminal amoral como lo es Delcy Rodríguez, en el cargo de presidente interino, acompañada por el presidente de hecho de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, su esquizofrénico hermano. Así como lo que representa el Ministro del Interior Diosdado Cabello y sus colectivos armados (es decir civiles entrenados en la guerra de guerrilla urbana por el Frente Francisco Miranda, primero en Cuba y, luego en la propia Venezuela, desde el 2002.
Era obvio, no se podía generar una vacío de poder luego de la extracción del delincuente internacional, con toda la complejidad que conlleva en un país tan desarticulado, penetrado por ideologías e intereses geopolíticos e ideológicos de países lejanos, como Irán, Palestina, España, Líbano, Rusia, China, Cuba y ahora Turquía y Qatar, todo ello a unas 2.000 millas de las costas de Florida y a unas 1.450 millas del Canal de Panamá.
Su función era o es, en esencia, desarticular este poder ilegítimo y peligroso para el área y para los propios Estados Unidos de América.
Tampoco están dadas las condiciones para convocar a unas elecciones generales libres, supervisadas y creíbles. Es así que nombrar a Delcy Rodríguez Presidente interina bajo control del país liberador, fue lo ajustado a la realidad. Tendría un año completo para ir creando las condiciones para el acto electoral que devolvería a Venezuela de vuelta al concierto de las naciones democráticas y republicanas, bajo la certeza de la gobernabilidad.
No obstante nos salta una inquietud lacerante, observamos que el estamento represivo sigue en manos de uno de los personajes más siniestro y amoral de la tiranía, Diosdado Cabello con el control total de los servicios de seguridad, inteligencia y de los colectivos armados (paramilitares, trenes y presidiarios), aparte de buena parte de la economía y negocios paralegales. No he leído u oído a pesar de la presencia del Secretario de Estado Marcos Rubio, y su sensibilidad sobre el tema de la democracia, dado su origen cubano, la palabra reinstitucionalización, Estado de Derecho, desmantelamiento del entramado del poder fáctico, libertad total para los presos políticos aún en prisión o simplemente liberados pero impedidos de sus derechos civiles.
Por el contrario, ya el poder público, el mismo presidente estadounidense se dirige a Delcy Rodríguez como Presidenta, y ella de manera altanera discursea en son de reto, tanto a la potencia liberadora como a los venezolanos aún prisioneros, dentro y fuera de las cárceles.
Esta delincuente, tiene sus propios prisioneros aunque no políticos. Tres años lleva ya en la cárcel del Rodeo el abogado José Ignacio Moreno Suárez, representante legal de una de las más poderosas empresas mineras existentes en el orbe, la Gold Reserve Ltd. de origen canadiense, con presencia en el Arco Minero venezolano que fuere expropiada por Chávez. Se fue ajuicio y se ganó, pero se interpuso la señora Rodríguez, y les dijo claramente que para pagarles debía incluirla de alguna forma, y le exigió al abogado participación en las ganancia empresariales, para dejarlos actuar. Moreno se negó a ser chantajeado o participar de alguna manera contra los intereses de su representado, por lo que la señora Rodríguez, actual “presidenta de Venezuela”, lo metió en la cárcel El Rodeo, sin pasar por tribunal alguno, sin cargos penales ni derecho a defensa, le confiscó sus bienes e incluso, amenazó con meter presa a su hija abogada, por asumir su defensa.
Tres años sometido a torturas, en condiciones inaceptables, como la de tantos ciudadanos secuestrados, sin juicio, sin defensa, sin asistencia médica o familiar.
Nos preocupa, me preocupa, que no se hable de Estado de Derecho, de democracia, separación de poderes, legalidad de los actos públicos y, de la necesidad de una Junta de Gobierno cívico militar, como paso intermedio luego de esta primera etapa de desarme y negociaciones con los usurpadores, para convocar a elecciones generales libres y supervisadas, luego de garantizar la gobernabilidad mediante la creación de instituciones electorales y administrativas para elegir una nueva Asamblea Nacional, de cuyo seno salga una nueva Corte Suprema de Justicia y Consejo Electoral Nacional donde voten todos los venezolanos inscritos dentro y fuera de Venezuela.
*Juan José Monsant Aristimuño, exdiplomático venezolano, fue embajador en El Salvador

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