Categoría: Opinión

  • El vertiginoso ejercicio del periodismo salvadoreño

    El vertiginoso ejercicio del periodismo salvadoreño

    Con respecto a la historia del periodismo, el 31 de julio de 1824 se publica el primer periódico en El Salvador, “Semanario Político Mercantil de San Salvador”, el cual hace sus primeras publicaciones sobre política y comercio. Por esa razón, cada 31 de julio se conmemora el Día del Periodista.

    Los periodistas han aprendido sobre nuevas formas de comunicar, como en las redes sociales y otros medios. Los periodistas han tenido que luchar contra la libertad de prensa y libertad de expresión. En cada época de la historia salvadoreña han sido los periodistas los que han dado hasta la vida por llevar las noticias al pueblo.

    En tiempos del conflicto armado en El Salvador (1980 y 1992), el trabajo periodístico se convirtió en una profesión arriesgada; ya que fueron asesinados aproximadamente 30 periodistas. En la actualidad, han surgido otros medios de comunicación, los cuales, tienen su línea editorial. Algunos periódicos se quedaron haciendo publicaciones nada más virtualmente. Eso no quiere decir que su trabajo cambió.

    ¿Por qué debemos creer en el trabajo de los periodistas? Todo medio de comunicación (prensa, radio, televisión) y, actualmente, las redes sociales, son los que difunden las noticias sin tergiversaciones o datos amañados. Son los bulos, noticias falsas y personas malintencionadas las que difunden sin ética noticias sin contexto. Existen diferentes tipos de géneros periodísticos; cada uno debe ser practicado por expertos.

    Según el periodista Ryszard Kapuscinski: “Antes, el periodismo era una misión practicada por unas pocas personas con amplios conocimientos de cultura e historia. Lamentablemente, ahora ha pasado a ser una profesión de masas en la que no todos son competentes”. Por esa razón, sin haber una escuela de periodismo, anteriormente grandes escritores también ejercían el trabajo de periodista, entre ellos: Jorge Lardé y Larín, Alberto Masferrer, Claudia Lars, Napoleón Viera Altamirano, Francisco Gavidia, Claudia Lars, Roque Dalton, Salvador Salazar Arrué, etc.

    No existe una ley que regule la profesión periodística en El Salvador; eso sí, en la Constitución de la República, el artículo 6 dice explícitamente: “Toda persona puede expresar y difundir libremente sus pensamientos siempre que no subvierta el orden público, ni lesione la moral, el honor, ni la vida privada de los demás”. Además, la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) tiene un Código de Ética.

    Un periodista es quien indaga, busca datos y no tergiversa la información. Es quien apunta con el dedo en la llaga con respecto a corruptelas. Actualmente, debe luchar contra la desinformación, bulos o noticias falsas. Un periodista siempre debe ser objetivo, veraz y ético. En sus manos está que la información sea difundida sin censuras y con bases periodísticas.

    Mientras tanto, desde 1975, la Asamblea Legislativa de El Salvador, ha otorgado el premio “Periodista del Año” a los mejores periodistas de diferentes medios de comunicación. Además, la Asociación de Periodistas Independientes de El Salvador (ASPIES) también premia a los profesionales de la comunicación. Actualmente, ambas instituciones no están entregando galardones. En otro contexto, es encomiable destacar el trabajo de los maestros formadores de periodistas como: José Eduardo Cubías Colorado, Ítalo López Vallecillos, entre otros.

    Los trabajos que realizan los periodistas conllevan premios, entre ellos: Premio Pulitzer, Premio Gabo, Premios Ortega y Gasset, etc. En el periodismo existen diferentes ramas. Cada joven, cuando se inscribe en la universidad a estudiar la Licenciatura en Periodismo o carrera afín, podrá escoger en qué medio de comunicación desea trabajar y el tipo de periodismo que ejercerá. El periodismo salvadoreño ha sido premiado en sus diferentes ramas. Cada medio de comunicación tiene a periodistas que han empuñado un premio gracias a su esfuerzo y dedicación.

    Cabe señalar que se debe diferenciar entre el profesionalismo de un periodista graduado y alguien que anhela ejercer el periodismo. El trabajo de un periodista va más allá de publicar noticias. Los periodistas tienen en sus manos la misión de indagar, de buscar datos, de verificar, de ser curiosos hasta encontrar la información fidedigna y publicar objetivamente. Recordemos a los periodistas que dejaron un excelente legado. ¡Muchas felicidades a los periodistas en su día!

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • La Odisea de las MYPE

    La Odisea de las MYPE

    No toda la literatura antigua es clásica. «La Odisea» de Homero se ha ganado el calificativo por su calidad y vigencia casi tres mil años después de ser escrita. Ya no tenemos naves de veinte remos, pero la vida continúa siendo una travesía de tentaciones e imprevistos donde el heroísmo no consiste en vencer sino en no dejar de intentar volver. Eso mismo hace el casi millón de micro y pequeñas empresas (MYPE) de nuestro país cuando levanta la cortina metálica, enciende la plancha o carga la canasta para empezar de nuevo; aunque lleve demasiado tiempo sin llegar a Ítaca.

    Los dioses del Olimpo fiscal.

    En Homero, los dioses no son malos: son parciales. Poseidón persigue a Ulises por rencor; Atenea lo protege por afecto; Zeus arbitra según su humor. El destino del héroe depende menos de su mérito que de a quién le caiga bien.

    El sector público salvadoreño ha jugado ese papel con notable fidelidad al modelo homérico. En el informe “Estado de la MYPE 2023” se resaltaba que en 2016 los incentivos fiscales otorgados a las actividades del sector formal ascendieron a unos US$900 millones, equivalentes al 3.42 % del PIB. Ese apoyo se dirigió a empresas que emplean aproximadamente a un tercio de la población ocupada. Los dos tercios restantes —los que trabajan en o para las MYPE— reciben una mínima fracción de esa generosidad divina.

    No es que el Olimpo sea hostil. Es que mira hacia otro lado. Y como en «La Odisea», la indiferencia de los dioses cuesta tanto como su ira.

    Polifemo y la hospitalidad rota.

    Cuando Ulises llega a la cueva del cíclope, no pide un favor: invoca un derecho. La «xenía», la hospitalidad sagrada, obligaba al anfitrión a alimentar y proteger al forastero antes incluso de preguntarle su nombre. Polifemo se ríe de esa ley. Es grande, fuerte, y por eso cree que no le aplica. Devora a los huéspedes, apila desorden en su caverna y ensucia todo lo que toca.

    Vale la pena invertir el retrato habitual. En El Salvador se ha construido la narrativa de que el desorden, la suciedad y el abuso son atributos del pequeño: del vendedor en la acera, del taller de barrio, del comedor sin rótulo. Y sin embargo son las grandes unidades las que generan las mayores externalidades ambientales, las que más parquean en la vía pública y las que, con más frecuencia, obtienen que el espacio público —y en ocasiones el privado— se reorganice a su conveniencia. Ejemplo de ello son los desalojos de los centros históricos de varias ciudades, que el informe “El estado de la MYPE 2025” sitúa entre las causas de la caída en la contribución de las MYPE formales al PIB.

    Ulises venció a Polifemo diciéndole que se llamaba «Nadie». Esto no ha funcionado para un sector MYPE que lleva décadas llamándose así.

    Crédito: viento o huracán.

    Eolo le regala a Ulises un odre con todos los vientos adversos encerrados, y deja libre solo el que empuja a Ítaca. Durante nueve días la nave navega a la perfección. A la vista de la costa, Ulises se duerme; la tripulación, convencida de que el odre esconde oro, lo abre. Los vientos escapan todos a la vez y la nave es arrastrada de vuelta al punto de partida.

    No hay mejor descripción del crédito para las MYPE. Bien administrado, es el viento que lleva a puerto. Mal calibrado, es un huracán que arrastra las barcas de institución en institución hasta que naufragan. Casi cuatro de cada cinco asesores microfinancieros encuestados en 2024 reportaron un incremento significativo de microempresarios de subsistencia que cayeron en mora y dejaron de ser clientes de una institución. Entre estos empresarios, un 64.4 % consiguió crédito en otras entidades formales, pero más del 32 % presentaba mora en esos nuevos compromisos y el 18.2 % combinaba deudas formales con prestamistas informales.

    De ahí la advertencia más contraintuitiva del informe “El estado de la MYPE 2025”: el problema de fondo no es la necesidad de crédito, sino la incapacidad de generar ingresos sostenibles. Inyectar deuda en negocios con modelos poco diferenciados y flujos volátiles agrava la crisis en lugar de resolverla. El odre debe abrirse con criterio, o no tocarse.

    El hechizo de la usura.

    De todos los episodios del poema, ninguno describe mejor la usura que el de Circe. La hechicera no ataca sino que invita. Sirve queso y vino a marineros que llevaban semanas sobreviviendo a la sal y al viento. Solo después de comer descubren que el precio del banquete es la inhumanidad.

    Los prestamistas informales salvadoreños operan exactamente con ese guion. Desembolsan el mismo día, no piden papeles, cobran en el puesto de trabajo y se adaptan al flujo diario de la venta. Son, en apariencia, lo único que funciona.

    Pero el banquete sale caro: tasas de interés promedio anual de 1,869 % en 2022, con casos extremos por encima del 13,500 %, frente a una tasa máxima legal de 82.7 %. Montos de menos de US$500, plazos menores a 30 días, pagos diarios y garantías —pagarés, letras de cambio, firmas solidarias, hipotecas subvaloradas a menos del 30 % de su valor real— que permiten quedarse con el negocio entero ante el primer tropiezo.

    El tamaño del hechizo es macroeconómico: el financiamiento informal recibido por las MYPE asciende a US$1,251.5 millones anuales, equivalentes al 3.6 % del PIB y al 7.4 % de todo el crédito otorgado por el sistema financiero formal. El 49.7 % de las microempresas de subsistencia depende de él.

    Y aquí aparece la ironía más amarga: buena parte de este mercado fue empujado hacia Circe por un dios, la mal llamada Ley contra la Usura de 2013. Al fijar topes calculados con las condiciones de la banca comercial y de la banca estatal subsidiada, la ley volvió inviable para las microfinancieras formales atender al cliente más pequeño y riesgoso, lo que allanó el camino a los usureros. Una década después, el 62.2 % de las MYPE sigue recurriendo a prestamistas informales, y el mecanismo de denuncia que la ley creó apenas se usa: casi la mitad de los empresarios calla por temor a perder el acceso al financiamiento.

    Hermes entregó a Ulises la planta «moly» para inmunizarlo contra el hechizo. Aquí la planta se llama productos financieros formales diseñados para ingresos irregulares y baja documentación, pero la ley ha repartido más usura.

    La digitalización es la balsa.

    Ulises pasó siete años cómodo con Calipso, quien le ofrecía todo menos una nave para irse; hasta que, presionada por los dioses, finalmente le prestó las herramientas para que construyera su balsa.

    Así se ve hoy la digitalización de las MYPE salvadoreñas: una comodidad que no avanza. Cuatro de cada cinco establecimientos tienen conexión a internet y con frecuencia usan redes sociales y mensajería electrónica para coordinar ventas. Parecen cifras de un sector conectado. Pero cuando se mira qué hay debajo de esa fachada, aparece el cautiverio: un tercio de los empresarios MYPE no utiliza ninguna tecnología en las actividades cotidianas de su negocio —cifra que asciende a la mitad entre quienes no pasaron de sexto grado—. Apenas una cuarta parte usa correo electrónico y solo un 5.9 %, inteligencia artificial. En otras palabras, se vende por redes sociales, pero se sigue anotando en cuaderno. Las balsas de la digitalización necesitan un impulso. Es necesario salir de la isla.

    Telémaco: Sirenas o Esparta.

    Como Telémaco al salir a buscar a Odiseo, cada año alrededor de 85,000 jóvenes salvadoreños alcanzan la edad y la disposición para entrar al mercado laboral. En promedio, durante cuatro décadas, unos 15,000 se reúnen con Menelao y encuentran empleo formal, unos 35,000 se incorporan a la economía informal y unos 35,000 emigran (principalmente de forma irregular). El resultado acumulado es un país cuyas remesas rondan el 25 % del PIB y en el que un tercio de los microempresarios reporta que al menos un miembro de su familia emigró en los últimos cinco años.

    Una de las soluciones para evitar caer en el atractivo, pero peligroso, canto de sirenas de la migración es poner un negocio. Según el informe “Estado de la MYPE 2023”, esto reduce en más del 60 % la intención de emigrar entre quienes la estaban considerando —y el efecto supera el 80 % en los microempresarios de subsistencia y del sector agropecuario—. También llama la atención que casi la mitad de quienes abandonaron la idea de irse lo hicieron porque obtuvieron un préstamo para comenzar dicho negocio. Ulises se hizo atar al mástil. Aquí bastaría con darle a la tripulación una razón para quedarse en cubierta.

    Penélope: la travesía que ocurre en casa.

    Buena parte de «La Odisea» no transcurre en el mar sino en Ítaca, donde Penélope sostiene el reino con un trabajo que nadie contabiliza, que se deshace cada noche y se rehace cada día, y que es la única razón por la que hay algo a lo que volver. Sin ese telar, el regreso de Ulises no sería heroico sino trágico.

    En el sector MYPE salvadoreño, las responsabilidades del hogar restan unas 4.1 horas diarias y recaen tanto en Penélopes como en Odiseos, aunque de forma desigual. Las empresarias dedican en promedio cinco horas diarias al trabajo doméstico y de cuidado de personas, frente a 2.5 horas de los hombres.

    Como en Ítaca, el trabajo doméstico no se paga: tres de cada cuatro empresarios que reciben ayuda doméstica no remuneran a quien la realiza, y cuando pagan, el monto queda muy por debajo del salario mínimo.

    El mendigo en su propio palacio: la informalidad.

    El momento más duro del poema no es el cíclope ni la tormenta. Es el regreso. Ulises entra a su casa disfrazado de mendigo, y los pretendientes que se están comiendo su hacienda lo insultan y lo golpean. El dueño legítimo del palacio es tratado como un vagabundo en su propia sala.

    Ese es, lamentablemente, el lugar social de la informalidad salvadoreña. El sostén del 40.6 % del PIB —que, sumado al aporte de las MYPE formales, lleva al sector a explicar casi la mitad de la economía nacional— es percibido como estorbo, como «vivián» o como fuente de desorden. El 76 % de los microempresarios encuestados en el informe “Estado de la MYPE 2024” no cumplía ninguna de las tres obligaciones básicas (ISSS, AFP, IVA), pero no por astucia: el 37.2 % señaló que los ingresos del negocio no alcanzan para pagarlas, el 36.9 % los altos costos y el 30.6 % el exceso de trámites. La informalidad, como recuerda la OIT, es menos una elección que una estrategia de supervivencia.

    De hecho, los microempresarios informales ven como principal incentivo para formalizarse el hecho de que se reconozca su negocio como una actividad legal, más que el acceso a algún servicio gubernamental. No piden limosna. Piden que alguien mire la cicatriz. En Ítaca, Euriclea lavó al mendigo y reconoció al héroe. Los informes sobre el Estado de la MYPE cumplen esa función. Son el agua que limpia la mugre y revela al dueño de la casa.

    Ítaca.

    Ulises pierde su flota y el botín de Troya. Llega a Ítaca solo, desnudo y sin nada… pero llega. Informe tras informe, la mayoría del empresariado MYPE mantiene una visión optimista, esperando que el próximo trimestre sea mejor y revelando su rasgo más homérico: la negativa obstinada a aceptar un viaje que termine mal.

    Este optimismo es un activo. Pero un activo no es una política. Ulises llega a Ítaca porque Atenea interviene, porque Alcínoo lo hospeda, porque Euriclea lo reconoce y porque Penélope, durante veinte años, no soltó el telar. El regreso es un logro colectivo disfrazado de gesta individual.

    La otra cara de la economía salvadoreña —esa mitad del PIB que no aparece en los discursos— lleva demasiado tiempo remando sin dioses, vientos ni mareas favorables. Reconocerla no es un ejercicio estadístico. Es aceptar que el canto no termina cuando los reyes saquean Troya, sino cuando se libera la casa.

    Gabriel Pleités, Ph. D. en economía por la Universidad de Utah.

  • Cae el telón

    Cae el telón

    No es ninguna sorpresa la decisión del actual gobierno de Nicaragua de hacer mutis en la cuestión electoral. Desde hace años el terreno electoral era quebradizo, desequilibrado y excluyente. Lo de ahora es solo un ladrillo más que se quita.

    Ortega y sus ‘lumbreras’ políticas que lo asesoran (¿tendrá algo como eso?) ¿qué estarán pensando? ¿Acaso sueñan con un escenario límpido de adversarios y donde solo las voces quejumbrosas de Ortega y de su consorte se escuchen? ¿O ya deambulan platicando con el viento?

    A estas alturas, el octogenario Daniel Ortega ya no está, como la Magdalena, para tafetanes. Se ha de levantar cada mañana con el peso insoportable del sopor de la soledad política en la que se encuentra. Ese régimen político se ha quedado ya sin cuerda, aunque en términos de actividad económica general a Nicaragua no le va mal.

    Desde el campo opositor, sin embargo, hay poca visión aguda para apreciar con cuidado el momento actual y actuar en consonancia. Los egos, las engañifas, los lentes empañados, las ambiciones apenas ocultadas… han impedido que se configure un tejido organizativo político-social que, dentro y fuera de Nicaragua, sepa sentar las bases para articular una propuesta viable para sacar a ese país del pozo profundo en el que se encuentra.

    Aunque no lo diga, Ortega sabe que ha llegado la hora de quitar la carpa. Y la decisión de suprimir de manera formal la dimensión electoral tal y como estaba establecida (en los hechos, ya lo electoral no era algo sustantivo), es un intento ingenuo, tardío y peligroso con el que se pretende postergar el inevitable declive de un proyecto político autoritario que se ha quedado sin aire. Y no importa si después dicen que nadie entendió el trabalenguas de su visión electoral. Lo real es que este régimen ya está maniatado por su propia mano. El libreto se acabó y sacan de la chistera lo que pueden.

    ¿Qué viene? Pues nada. La inercia de un previsible despellejamiento. Capa por capa, hasta que solo queden los puros huesitos.

    Dentro del antiguo sandinismo, Bayardo Arce era lo último que tenía, y Ortega lo metió preso.

    Lo sucedido en enero pasado en Venezuela, al incursionar las tropas norteamericanas y llevarse a Maduro a los empellones, pareciera que Ortega no lo ha procesado con claridad. Nicaragua no tiene ese ‘océano’ de petróleo de Venezuela ni Ortega anda alardeando a los cuatro vientos su animadversión contra Trump. ¿Y eso lo hace candidato para que no lo toquen? No. El actual modo de operar de la política exterior norteamericana es desquiciante, sin embargo, pareciera que ‘por ahora’ Ortega no constituye un ‘peligro’ inminente que haya necesidad de ‘extirpar’. El modo carnavalesco como Trump y Rubio atienden los casos de Cuba y Nicaragua no permite, aún, atisbar el tipo de decisiones que adoptarán (si lo hacen) con respecto a estos países.

    De cualquier modo, en Nicaragua ya no hay máscaras: todas han caído. Ortega no va más. ¿Y Rosario Murillo? La Chayo patea ya los 75 años y está flaca como un fideo. ¿Las elecciones de 2027 serán ‘sus’ elecciones? ¿Creerá que es cierto, que por fin será la presidenta de Nicaragua por los siglos de los siglos?

    ¿Y el Chigüín Ortega Murillo, es decir, el tenor Laureano? En realidad, es un chiste imaginar que se vaya a producir un ‘traspaso dinástico’.

    Cuando un proceso político se ha agotado, como el de Nicaragua, no resulta imposible pensar en que los cuarteamientos internos, las disidencias sordas y las inconformidades de los afectados por un régimen cerrado en un momento determinado, difícil de establecer, puedan converger en un torrente social.

    El gobierno nicaragüense, en términos políticos, no va para ningún lado.  Y esto, que ya no se puede ocultar, tiene consecuencias internas.

    Lo que sostiene en pie a los copresidentes Ortega y Murillo es la obediencia del Ejército y de la Policía. No el de la población en general. En este momento eso de buscar el ‘apoyo popular’ ya es una carta gastada.

    Lo de ampliar a 7 años el mandato presidencial es un movimiento de piezas inútil, si se piensa que los beneficiados son Ortega y Murillo.

    Quiere Ortega salir del atolladero político y se decidió a mover ficha. En los hechos, le está pasando la estafeta a la señora Murillo, pero esa papa caliente quizá no la pueda sostener durante mucho tiempo.

    Cae el telón y el escenario empieza a desmontarse, los personajes a salir de cuadro y la noche a crujir…

    •Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • ¿“Bomba de tiempo”?

    ¿“Bomba de tiempo”?

    Al hablar de lo que determina a nuestro país en materia de emigración, establezcamos algo básico: esta “es alimentada por factores estructurales, tales como falta de oportunidades de empleo, inseguridad alimentaria, violencia, desastres, así como por factores de atracción que incluyen la reunificación familiar y las perspectivas de oportunidades de empleo en el extranjero, especialmente en los Estados Unidos”. Eso se lee en la “Estrategia de la OIM para El Salvador 2023 – 2026”. ¿Por qué lo cito? Pues porque la Organización Internacional para las Migraciones –la OIM– como parte de las Naciones Unidas es, según afirma, el principal organismo en la materia; sus investigaciones, asegura, “orientan la adopción de políticas y prácticas migratorias y ponen a disposición conocimientos que permiten dar mejores respuestas en todo el mundo”.

    Partiendo de la caracterización señalada, debemos reconocer algo elemental: fuera de aquella que tiene los recursos y las posibilidades para viajar a otra nación para vacacionar o estudiar, por ejemplo, la gente no abandona su tierra de origen por hobby; tal decisión está relacionada con el conflicto en su diversidad de expresiones: sociales, económicas, políticas, bélicas y climáticas, por ejemplo. Todas estas tienen que ver con violaciones de derechos humanos que no afectan a las minorías privilegiadas, obviamente; quienes real y crudamente han padecido y padecen sus riesgos y consecuencias, pertenecen a las mayorías populares.

    Asomarse al mundo de las personas que han dejado atrás su terruño por la conflictividad señalada en alguna o varias de sus manifestaciones, irremediablemente nos ubica ante un drama de incalculables y dolorosos alcances. Por la persistencia de la injusticia estructural, dicha movilidad humana existe y seguirá existiendo sin que la frene el trayecto inseguro y traumático hacia un imaginario y soñado “mejor sitio donde vivir”, pese a la desintegración familiar y las enormes dificultades para reconstruir espacios vitales en medio de realidades que –por lo general– resultan ser diferentes y adversas. Súmense además las indignas condiciones de trabajo en las que se desenvuelven cantidades de personas que arriban a un país extraño y no cuentan con documentos migratorios que les amparen; añádase también el maltrato, la discriminación y la permanente amenaza de la deportación o la denigrante consumación de la misma.

    Así las cosas, es sabido que con la llegada de Donald Trump de nuevo a la Casa Blanca el 20 de enero del 2025 la situación de mucha de la población que emigró a dicho país se volvió aún más dura. El Servicio de Control de Inmigración y Aduanas –conocido como ICE por sus siglas en inglés– arreció la cacería de personas en el desempeño frenético de su rol “policial”. En el marco de ese accionar, la llamada “migra” ha cometido atropellos brutales sin mayor contención;  ha habido, incluso, consecuencias fatales. Al temor de nuestra “paisanada” en ese entorno, súmese la preocupación actual por la renovación de los permisos de trabajo de quienes los poseen y la extensión del Estatus de Protección Temporal, más conocido como el “TPS”, para la gente que está bajo su amparo. A la fecha, no se sabe qué ocurrirá.

    Guardando la distancia y las proporciones, vuelven a mi mente situaciones conflictivas que generaron una considerable movilidad humana de retorno a El Salvador y de salida del mismo. La primera impuesta por los hechos de violencia ocurridos en Honduras antes de que se desatara la guerra con el país vecino en julio de 1969; muchísimas familias se vieron obligadas entonces a volver al suelo patrio, que habían abandonado buscando oportunidades para sobrevivir. Eso podría repetirse, producto de las decisiones de Trump. La otra está relacionada con lo acontecido en los tensos años previos al conflicto armado interno y durante los que duró este, principalmente a lo largo de la década de 1980; por la violencia política desatada y los combates militares, el desplazamiento forzado interno de buena parte de la población y la búsqueda de seguridad en territorios del norte de América fueron sobresalientes.

    Del segundo escenario, pecando de realista, no me atrevería a asegurar que la convulsiva historia regional es imposible que se repita. En Nicaragua la familia dictatorial suspende las elecciones; a Honduras regresa “triunfante” un expresidente narco, indultado por el inquilino actual de la Casa Blanca; en El Salvador, el autócrata “digital” está a punto de reelegirse por segunda vez para permanecer en el “trono” hasta ‒al menos‒ el 2033; en Costa Rica a este lo consideran ejemplo; en Guatemala, de su presidente se dice que no perdió el norte pues “nunca lo tuvo”. A ese panorama, agréguele la extendida pobreza y el crimen organizado transnacional. Por ello, cabe preguntarnos si nuevamente Centroamérica es o no una “bomba de tiempo”.

  • Más que condenas de feminicidas se anhela erradicar estos casos

    Más que condenas de feminicidas se anhela erradicar estos casos

    La noche del martes de la semana pasada María Idaura callejas, de 42 años de edad había ido a realizar algunas compras a un supermercado en Sensuntepeque, Cabañas, cuando fue interceptada por su expareja Fabricio Antonio Meza, de 48 años, quien le disparó hasta asesinarla en el estacionamiento. El sujeto, quien era locutor y subsargento administrativo de la Fuerza Armada abordó su motocicleta y se dio a la fuga rumbo a Dolores.

    En su huida Meza perdió el control y con todo y motocicleta se precipitó a un barranco en el caserío El Carrizal Río Grande, donde fue rescatado con vida por socorristas, pero debido a la gravedad de las lesiones murió instantes después. Unos dicen que fue accidente y otros que su intención fue suicidarse. Al final producto de este feminicidio y posterior muerte del supuesto feminicida, cuatro menores de edad han quedado huérfanos da padre y madre.

    Resulta que desde hace más de un año María fue a los tribunales a denunciar a su pareja por violencia intrafamiliar y en el juzgado le impusieron medidas al sujeto, entre ellas excluirse del hogar y no acercarse a la víctima (medidas de alejamiento), no obstante, Meza incumplía y se la pasaba persiguiendo, acosando y amenazando a su expareja, quien le contaba sus temores a sus amigos y familiares, pero nunca se atrevió a avisar a las autoridades policiales y judiciales sobre el acoso que recibía de su victimario.

    Las mujeres deben darse a respetar y hacer prevalecer las medidas a su favor cuando son dictadas por un tribunal. Las medidas de alejamiento funcional solo si la víctima se atreve a denunciar el incumplimiento de los victimarios de lo contrario en ocasiones terminan en horrendos crímenes con secuelas lamentables. Una hipótesis, en este caso, es que Meza había citado a su expareja a un comedor cercano al supermecado, donde al parecer solían ir en ocasiones a comer.

    Ningún caso de homicidio debe quedar impune, mucho menos los casos de feminicidio que dejan como consecuencias orfandad y angustia. Ayer se conoció que el Juzgado Especializado de Sentencia para una Vida Libre de Violencia y Discriminación para las Mujeres de San Salvador impuso 50 años de cárcel a  Geovanny Pablo Gómez Milán y a Jorge Efraín Vásquez Ibarra, por el feminicidio agravado en perjuicio de una adolescente de 14 años, crimen el 30 de mayo de 2025 en un predio baldío de Soyapango.

    El cuerpo de la adolescente, que al parecer adolecía de problemas mentales y fue asesinada  con arma blanca, fue localizado un día después en una finca en la comunidad 10 de Octubre, en Soyapango. Las investigaciones permitieron reconstruir los hechos y establecer la participación de los acusados en el crimen.  En la vista pública la Fiscalía presentó pruebas que vincularon a Vásquez  y Gómez  con el homicidio. como el arma utilizada en el ataque, en la que también se encontró ADN de la adolescente.

    Desde el primer caso de feminicidio en El Salvador registrado en marzo de 2012 en la colonia Escalón. con la vigente Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres (LEIV) se han procesado y condenado a más de 400 feminicidas, así como se ha logrado la sentencia condenatoria en 181 casos de intento de feminicidio agravado. Por supuesto han quedado algunos casos impunes, pero han sido los menos y en algunos casos no hay a quien perseguir porque el feminicida optó por suicidarse,

    Uno de los casos más sonados ocurrió el 29 de mayo de 2022 cuando en la colonia Santa Elena de Antiguo Cuscatlán, la expresidenta de la Defensoría del Consumidor  Jancy Urbina, de 58 años de edad, fue asesinada por su esposo alemán Peter Wachowski. Dos años después, tras las pruebas certeras y contudentes del Ministerio Público, el ciudadano europeo fue sentenciado a 30 años de cárcel.

    En la mayoría de los casos el feminicida actúa bajo los efectos de las drogas o las bebidas embriagantes y motivados por la enfermiza celotipia que conduce al desequilibrio emocional y a la posterior perdida del equilibrio emocional y psicosis que embrutece a los hombres. Las secuelas son las mismas: Orfandad, sed de venganza, odio, cárcel, condena y muchos años (hasta 50) en prisión.

    Que la mayoría de casos de feminicidios terminen en condena no es consuelo de la sociedad ni el fin de la LEIV. La sociedad pretende que se acaban estos bochornosos y repudiables hechos que tanto angustian a las familias; mientras que la LEIV busca prevenir estos ilícitos y castigar a los que sobrepasan la sensatez para cometer delitos contra las mujeres.

    Todo feminicidio puede evitarse con la denuncia inicial. Ninguna mujer, por mucha dependencia material que tenga, debe soportar violencia de su compañero de vida. Denunciar es la clave. Todos los hombres debemos rechazar toda forma de violencia, principalmente contra la mujer y abstenernos de ser entes generadores, provocadores o ejecutores de violencia contra la mujer y cualquier ser humano.

    Las condenas son el éxito procesal jurídico contra los feminicidas y los que intentan cometer un feminicidio, pero el éxito existencial de una sociedad, es evitar que esos casos ocurran. Nadie tiene derecho a arrebatarle la vida a nadie. Todo homicidio es condenable. Repudiable.

  • La Habana y Teherán, una pareja peligrosa

    La Habana y Teherán, una pareja peligrosa

    Todo parece indicar que los más altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos han llegado a la conclusión de que la convivencia con el totalitarismo castrista es imposible, asumiendo que es ineludible situar al depredador mimetizado como perpetua víctima, en el lugar que le corresponde.

    Cierto que las relaciones entre Washington y La Habana a partir de la llegada de los Castro al poder han sido caótica con periodos muy difíciles, los que paradójicamente, a mi modo de ver, han concluido con ventajas publicitarias para la Isla, en detrimento del vecino poderoso entrampado por su propia fortaleza.

    La Cuba de los Castro ha sido muy hábil en presentarse como el cordero martirizado, cuento, que muchos estadounidenses se han creído por años, sin ser una excepción, las últimas visitas de funcionarios electos, quienes criticaron a su gobierno por presionar a la dictadura, no al régimen por reprimir a la población, menos, por el bloqueo interno impuesto al ciudadano que lo ha sumido en la extrema miseria.

    Confieso que vi con mucha satisfacción el debate en Naciones Unidas entre el embajador Michael Waltz y el esbirro con corbata del castrismo Bruno Rodríguez, quien intentó neutralizar a Waltz con sus acostumbradas diatribas y este como se decía en Cuba, le cantó las cuarentas al decirle simplemente, “esto no es La Habana”, además, me complace en extremo ver como el embajador Mike Hammer, encargado de negocios de este país en Cuba, es un defensor de la causa democrática cubana, sentimiento que expresa públicamente.

    Por otra parte, y aunque las afirmaciones del secretario de Estado, Marco Rubio, de que el régimen cubano contribuye al desarrollo de grupos extremistas de izquierda no es una novedad, el tono en el cual lo expresó fue como si su gobierno no fuera a seguir tolerando las maquinaciones destructivas de los castristas.

    Hay mucha información que demuestra que Cuba sirvió a la URSS con devoción por el odio compartido contra Estados Unidos, verdadero nutriente del totalitarismo insular.

    Mencionar a Irán y Cuba, demostrar que ambos países están confabulados en la misión de apoyar a los extremistas de izquierda, nos conduce a recordar los estrechos y profundos vínculos de La Habana con Teherán, relaciones que solo han procurado a través de los años, 1979, gestionar el fortalecimiento de ambos regímenes, junto, a la mutua disposición de destruir las democracias y toda forma de vida en libertad.

    La República Islámica de Irán ingresó a la farsa del Movimiento de los No alineados, una organización de carácter mundial que fuera muy útil a la extinta Unión Soviética, cuando esa entidad estaba bajo el liderazgo indiscutido de Fidel Castro.

    Los ayatolas se percataron que Castro era su igual, compartían un profundo odio hacia quienes ellos llaman el Gran Satán, codiciando lo mismo: “la muerte a America”, consigna que primer líder supremo de Irán,  Ruhollah Jomeini usó ampliamente en los días iniciales de la revuelta que lo llevó al poder, algo parecido a lo que Fidel le escribió en una carta a Celia Sánchez en la que señala que su futuro y verdadero enemigo iba a ser Estados Unidos.

    El primer aliado de la revolución islámica en este hemisferio fue Fidel Castro, de inmediato ambos despotismos que deberían haber sido enemigos mortales si realmente hubieran sido honestos en sus propuestas filosóficas, encontraron áreas políticas e ideológicas comunes en los cuales promover sus verdaderos intereses: el poder y su expansión.

    Los verdugos iraníes como Fidel Castro y sus acólitos, en mi opinión, nunca han actuado en base a doctrinas religiosas o ideologías, son fundamentalistas del poder, sujetos obsesionados con el control y la autoridad, condición que explica la colaboración estrecha entre las propuestas del castrismo y lo que promulgan los ayatolas, fórmulas antagónicas, aunque los oportunistas se esfuercen por hacerlas compatibles.

    Castro recurrió a las fórmulas marxistas porque le aportaba una propuesta de reivindicación y alianza vital con una gran potencia dispuesta a facilitarle recursos y una siempre necesaria retaguardia, los ayatolas, con independencia de sus creencias religiosas, pactan con sus enemigos naturales por el odio compartido.

    La misión de los amos de Teherán y La Habana nunca dejará de ser la destrucción de lo que representa Estados Unidos. En mayo de 2001, durante una conferencia en la Universidad de la capital de Irán, Fidel Castro, dijo «Irán y Cuba, en cooperación mutua, pueden poner a Estados Unidos de rodillas». Una amenaza que siempre tratará de cumplir.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • La persona detrás del personaje de Gilberto «Gil» Martinez 

    La persona detrás del personaje de Gilberto «Gil» Martinez 

    La noticia corrió como pólvora en las diferentes plataformas de redes sociales este pasado 24 de julio de 2026. Luego de una semana de ingreso en máxima urgencia y cuidados intensivos del Hospital Nacional San Juan de Dios el reconocido creador de contenido Gilberto Antonio Martinez García quien desarrollaba su programa, personaje y fenómeno digital «El Criaturo tóxico» paso a la presencia de su Señor Jesucristo.

    Tuve la oportunidad y la bendición de tener una relación cercana con el estimado «Gil» como siempre me referí a él, y estar en su primera entrevista en tiempo real en su canal. Un mañana recibí varios mensajes a mis multiplataformas para invitarme a su programa, acepté y demostró su alta capacidad de conducir un conversatorio sobre la seguridad pública, el combate a las pandillas criminales, las fases del Plan Control Territorial. Estuve en varias ocasiones en su plataforma y logramos desarrollar una relación compartiendo además de la seguridad, de prevención de adicciones, prevención del suicidio y del alcoholismo. La semana anterior nos comunicamos todos los días en su ingreso, pude ser testigo de su excelente estado de ánimo, actitud enfrentando la situación del ingreso, pero sobre todo de su Fe en El Señor.

    En nuestro país donde los titulares suelen estar dominados por la política, la economía o los sucesos de última hora, el fútbol, la partida de un creador de contenido podría parecer, a ojos de las generaciones más tradicionales, un evento menor. Sin embargo, cometeríamos un grave error al subestimar el impacto que Gilberto tuvo en la cultura popular salvadoreña contemporánea.

    Para entender el trabajo y aportes del Gilberto, primero debemos despojarnos de los prejuicios hacia el término «influencer». Gil no era un simple presentador frente a un aro de luz y una computadora; era un verdadero cronista urbano de la era digital. A través de la sátira, el humor negro y ese sarcasmo tan característico salvadoreño, logró algo que muchos académicos, intelectuales, sociólogos, políticos y medios tradicionales intentan con gran esfuerzo: retratar fielmente cómo somos, cómo hablamos, cómo sobrevivimos al día a día, cómo es un día del salvadoreño que tiene que salir a trabajar de madrugada dentro y fuera del país, por medio de su contacto cercano con la gente y una poderosa red de contactos dentro y fuera del país. Su programa era seguido y monitoreado por diferentes actores y sectores de la sociedad salvadoreña y de nuestros hermanos fuera del país.

    Algunos de sus principales aportes con su humor tóxico:

    Demostró, es testigo y evidencia que un hombre puede cambiar su destino con la gracia y el favor del Señor Jesucristo a quien rindió su vida posterior a la pandemia y con la Fe en El dejo las adicciones que lo mantuvieron esclavo. Supo reconocer la derrota y busco la ayuda en Dios, quien le dio la fortaleza para perseverar hasta el día de su partida.
    Deja un mensaje claro sobre su capacidad para trabajar duro y emprender. Era un hombre que tenía su negocio de transporte privado, en ese microbus atendia a sus clientes, les orientaba, les asesoraba, y les hablaba bien de El Salvador.

    De madrugada Gil salía a trabajar para ganarse la vida. Sabía que tenía que trabajar y esforzarse para ganarse el sustento.
    Gil es un hombre que luego de su paso por el programa de Alcohólicos Anónimos y con el apoyo incondicional del Oratorio San José en San Miguel fundo este grupo para ser bendición a la zona oriental. El oratorio fue un lugar donde Gil recibió amor, acompañamiento, comprensión, solidaridad y donde libro grandes batallas en la Fe, que ganó.
    Gilberto Martínez fue víctima de las extorsiones, amenazas de muerte, persecución y absurdos de las pandillas criminales.

    Su vida estuvo en riesgo. Y los políticos y grupos de poder del partido FMLN le dieron la espalda y le manifestaron que había que acostumbrarse a pagar la extorsión, su negocio quebró por las pandillas criminales y la grave inseguridad de diez años de esta administración. Pero desde la pandemia y posterior gracias al trabajo de la PNC, Fuerza Armada, Fiscalía General de la República fue libre de la extorsión, él me dijo que llego a creer lo que el FMLN le había dicho. Pero disfruto varios años de las ganancias de sus negocios en un nuevo El Salvador. Estaba muy agradecido con la estrategia de seguridad Plan Control Territorial del presidente Nayib Bukele y el apoyo de la Asamblea Legislativa a la seguridad del país.

    La democratización de la comedia salvadoreña. Antes de la masificación de TikTok, YouTube y las plataformas de streaming, el humor nacional estaba fuertemente centralizado en la televisión abierta. Gil fue parte de esa vanguardia de creadores que demostró que, con un teléfono celular, talento empírico y una conexión a internet, se podía construir una audiencia masiva. Su personaje, irreverente y sin filtros, le dio voz a la clase trabajadora, a los más necesitados, al estudiante de a pie y al salvadoreño de barrio y de la comunidad, así como a nuestros hermanos que abandonaron el país por la inseguridad.

    Generó un puente nostálgico con nuestros hermanos en el exterior, por todo el mundo. Quizás uno de sus mayores logros, y muchas veces el menos reconocido, fue su capacidad para conectar a nuestros hermanos en el exterior con el terruño.

    Para los salvadoreños en Los Ángeles, Maryland, Milán o Sidney, los videos del «Criaturo Tóxico» no eran solo chistes de 20 minutos; eran una ventana directa a su país. Era volver a escuchar las jergas, ver las calles y reírse de las mismas tragedias cotidianas que los vieron crecer. Gil enviaba un pedacito de El Salvador en cada actualización de estado. Pero con un profundo contenido social de manera clara y directa.

    La catarsis a través del personaje no era casualidad. Gil entendió que nuestra sociedad tiene dinámicas complejas, muchas veces disfuncionales, en las relaciones interpersonales y familiares. Al exagerar estos rasgos hasta el absurdo, nos obligó a vernos en un espejo. Nos reíamos de sus exageraciones porque, en el fondo, todos conocíamos a alguien exactamente igual a su personaje. Detrás de la «toxicidad» de su alter ego, había una aguda crítica social sobre el machismo, los celos, cultura patriarcal, la economía del rebusque, la viveza criolla y la incapacidad y falta de voluntad de gobiernos anteriores de resolver la seguridad y erradicar las pandillas criminales.

    Gilberto «Gil» Martínez duerme en la presencia de su Señor, nos deja una lección invaluable sobre el poder de los nuevos medios y la importancia de no perder nuestra identidad en un mundo globalizado. Apagó su cámara, su móvil, pero su risa, sus frases célebres y su capacidad para hacernos olvidar los problemas cotidianos, aunque fuera por unos minutos, quedarán inmortalizados en los servidores del internet y en la memoria colectiva del salvadoreño y de sus colegas creadores de contenido. Gil murió lleno de vida, compartiendo su testimonio, mostrando su Fe en Dios y sonriendo.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y Msc. en Criminología / @jricardososa 

  • El Brujo (II)

    El Brujo (II)

    Aunque en un primer momento, en febrero de 1980, el brujo Melitón se fue para San José, Costa Rica, un par de meses después desembarcó en Managua, tierra de promisión en aquellos años. Había sido derrotado, en lo político y en lo militar, el dispositivo somocista. Aquella era una revolución inusual, heterodoxa, podría decirse, con alianzas con los sectores propietarios, apelando al no alineamiento internacional y proponiendo la economía mixta. Y Melitón Barba decidió, como explorador que era, averiguar de qué iba eso.

    Alquiló una pequeña casa en el kilómetro 12 y medio de la carretera Sur, un poco lejos del calor asfixiante de la capital nicaragüense y consiguió trabajo en el hospital de Jinotepe y un par de años después abrió su consultorio particular en Managua, cerca del parque Las Piedrecitas, en el kilómetro 7 de la carretera Sur. Y aquí es donde el brujo se desató…

    Quienes lo visitaron en esa clínica de Managua pueden dar fe de la cantidad de personas de varias nacionalidades que acudieron allí en búsqueda de mejorar de sus dolencias y pudieron verificar que sí, el brujo Melitón Barba, practicaba ‘brujerías’, porque no tenían manera de explicarse esas remisiones ni esas mejorías notables en sus cuerpos maltrechos, antes sajados por cirugías inútiles e ingestas interminables de químicos incontables.

    Esos pacientes no lo supieron, pero paralelo a su intensa práctica médica no ortodoxa el brujo Melitón, al atardecer y en los fines de semana iba hilvanando sus cuentos que ahora, que puede verse hacia atrás, resulta que han terminado por convertirse en uno de los filones clave de la cuentística salvadoreña (y centroamericana) de los últimos 50 años, junto a Álvaro Menéndez Leal y Salarrué.

    La fama infame del famoso (parodiando el título de un texto de Alfonso Kijadurías) brujo Melitón con el paso del tiempo fue creciendo en Nicaragua. Y de otros países cercanos llegaban a consultarle. Él, muy serio, explicaba a cada uno de sus pacientes que lo que practicaba en materia médica no era azaroso ni estaba vinculado a brujerías y que debían atender al pie de la letra sus indicaciones. Pero muchos pacientes que lograban mejorar y curarse de sus males no salían de su asombro y prefirieron (hasta el día de hoy) siempre atribuirle su bienestar a las ‘brujerías’ del galeno Melitón.

    Entonces llegó la hora de que el brujo Melitón Barba regresara a El Salvador. Eso ocurrió en el primer semestre de 1988, en plena cresta de la guerra. Ocho años de ostracismo fueron demasiado para el brujo, y desoyendo los consejos de sus más cercanos decidió retornar. Puso un anuncio en un periódico y anunció que su clínica ya estaba abierta en tal y cual dirección. Y, como era de esperarse, antiguos y nuevos pacientes comenzaron a buscarlo.

    Igual que en Nicaragua, al final de las tardes y durante los fines de semana, sus cuentos iban saliendo uno tras otro. De esa época son los libros ‘Cartas marcadas’, ‘Hermosa cosa maravillosa’, ‘La sombra del ahorcado’, ‘En un pequeño motel’…

    A los pocos años del regreso, se empeñó en ir más a fondo en la práctica médica y su consultorio se convirtió en un espacio más complejo y de más actividades, no solo una mera clínica. El registro que hay de la cantidad de personas que pasaron por allí está en las fichas clínicas que el brujo Melitón elaboró con precisión e imaginación. Son, sí, fichas médicas, pero con ‘color literario’.

    Han pasado 25 años de la muerte del brujo Melitón Barba, y todavía se escucha por aquí y por allá: que a mi mamá la curó de una ciática que padeció por años y con dos sesiones de acupuntura, puf, se alivió; que a mi hija le quitó unos terribles hongos de los pies con unos emplastos de lechuga y miel; que a mí me iban a operar de apendicitis aguda y le llevé los exámenes y la indicación médica que me debían operar y el hombre , calmado (yo muerto de miedo) me dijo que no era necesario, me sentó, me aplicó acupuntura y una hora después me mandó a hacerme exámenes y el asunto había desaparecido; que mi papá estaba sin poder caminar y se hallaba todo debilitado, vino el doctor y le cambió la dieta, le preguntó si prefería el frío o el calor, si le gustaba lo dulce o lo salado, si prefería hablar o escuchar y un montón de cosas más, y le explicó lo que de manera especial debía comer (y nosotros no le dábamos), y como al mes mi papá volvió a caminar y a llevar su vida normal.

    Una vez, un colega médico de su generación, lo fue a visitar. La clínica estaba a reventar de personas que iban y venían. Lo esperó a que terminará, al mediodía, y antes de retirarse le dijo: Púshica, Melitón, vos en un día atendés veinte pacientes y yo apenas uno al mes. ¿Cómo le hacés? El brujo, con la mente ágil que tenía le respondió: ¡Hago ‘brujerías’, mano!

    * Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • La historia de El Salvador merece rescatarla

    La historia de El Salvador merece rescatarla

    En lo que escribo este artículo, se lleva a cabo el XVII Congreso Centroamericano de Historia, evento que se desarrolló en la Universidad de El Salvador (UES) y Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA). Fueron 400 ponencias de investigadores de 15 países. Se evidencia que el congreso dejó más cimientos para seguir profundizando en la importancia de la historia, no solo la salvadoreña, sino la de los hermanos centroamericanos.

    La historia es importante, ya que permite tener, con datos certeros, información para poder saber aspectos de toda índole. La historia puede ser estudiada por cualquier persona; sin embargo, cuando ya se incorporan datos científicos, lo idóneo es que sea analizada por historiadores.

    En lo que se desarrollaban esas majestuosas conferencias, ocurre un hallazgo arqueológico en El Salvador. En una publicación de este prestigioso periódico El Mundo (21 de julio de 2026), “Entre los hallazgos destaca una osamenta humana, una pequeña vasija del tipo cerámica Usulután, con forma de tortuga marina; dos surcos de cultivo de yuca encontrados bajo segmentos de ceniza de erupciones volcánicas (de diferentes épocas), uno del Plan de la Laguna (850 a. C.) y otro surco bajo la erupción de la Caldera de Ilopango Circa 431-539 CE”. No se pueden cerrar definitivamente las investigaciones históricas. Lo anterior comprueba que aún existen hallazgos por investigar y publicar para futuros historiadores y lectores.

    Hablando de historia, el 22 de julio de 2025, junto con el exdirector de la Casa de la Cultura de Tacuba, don Ciro Pineda, publicamos el libro Tacuba, un lugar mágico. Según El Mundo (21 de julio de 2025) “Tacuba, un lugar mágico también es un homenaje a personajes ilustres como el Dr. Arturo Romero, médico y revolucionario; y a mujeres pioneras como Mercedes Martínez y Margot Lanza, consideradas las primeras químicas-farmacéuticas del país. La publicación, de 262 páginas, incluye recetas ancestrales, glosarios en náhuat, testimonios de espiritualidad, resistencia y despojo territorial, así como una rica descripción del entorno natural, entre ellos el bosque El Imposible”.

    Los historiadores son como una brújula, calibran su horizonte e inician la búsqueda de datos. En ocasiones, los datos no concuerdan con lo que puede narrar, por ejemplo, un oriundo de un municipio. Cuando el historiador se adentra a buscar información a través de referencias bibliográficas, es importante que, también indague con otras fuentes. Los que estamos del otro lado, los lectores, queremos que nos muestren la historia sin censuras o tendencias de toda índole.

    Hace poco vi un video del historiador salvadoreño Hugo Lindo, quien manifiesta sobre datos manipulados de parte de mandatarios, personas poderosas o historiadores. Además, en el ámbito periodístico, la historia es también contaminada. La historia se debe contar sin ataduras, colores políticos, favoritismos, etc. ¿Se recuerda usted sobre los viajes de Cristóbal Colón? Los maestros no contaron las atrocidades que hicieron los españoles a los indígenas. Solo supimos, a través de libros, los viajes, las conquistas y todo lo que parecía bueno para los pobladores del viejo mundo. Cuando visité el Archivo General de Indias (Sevilla, España), corroboré los castigos físicos propinados a los indígenas por parte de sacerdotes y frailes.

    Cuando me refiero a que la historia del país merece rescatarla, es porque hace falta tener más datos, información, libros escritos sobre acontecimientos suscitados en todo el territorio. Un historiador lleva en sus manos un trabajo delicado, minucioso, exhaustivo y enriquecedor de datos. Indaga sobre personajes, culturas, antropología, arqueología, ciudades, países, etc. En síntesis, se respalda en otras ciencias para tener información objetiva, fidedigna y sin tergiversaciones.

    ¡Adelante historiadores! Ustedes pulan cada vez más las plumas y dejen a la humanidad libros para que las futuras generaciones se enriquezcan de lo que un día sucedió en el Pulgarcito de América, El Salvador.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

  • “Mundiáfrica” y “futbolicidas“

    “Mundiáfrica” y “futbolicidas“

    Comencé a escribir estas líneas en la mañana del recién pasado domingo 19 de julio. Estaba a punto de finalizar la Copa Mundial de Fútbol, que cada cuatro años se convierte en foco de atención para buena parte de la humanidad y motivo de lucrativos negocios inimaginables para quienes son dueños de la maquinaria que maneja el evento. Especial significado tiene para mí la fecha previa, pues el 18 de este mes cumplieron años Nelson Mandela y mi padre, Roberto Emilio Cuéllar Milla. El primero nació en 1918; el segundo tres años después. A ambos les guardo respeto y admiración por varias razones lógicas relacionadas con mi recorrido por este mundo, pero también con ese que llaman “el deporte rey”.

    El segundo de estos personajes no jugó ni siquiera dentro del llamado “fútbol aficionado”, pero sí acompañó y apoyó a sus hijos que lo hicimos; un par, hasta en la “Liga Mayor” –también conocida como “primera división”‒ en la década de 1970. El compromiso con la defensa de los derechos humanos de nuestro pueblo en aquellos años de preguerra, con sus exigencias y riesgos, fue el motivo por el cual no continuamos nuestro desarrollo más o menos decente dentro de esa actividad.

    En cuanto a Mandela, él no fue fanático del fútbol pero descubrió su potencial al llegar a la Isla Robben en la que permaneció durante dieciocho años de los veintisiete que estuvo prisionero; pero vio en este la posibilidad de utilizarlo para mejorar, aunque fuera un poco, las condiciones del confinamiento común. Luego, tras su liberación y siendo presidente sudafricano, lo utilizó como medio para combatir y derrotar el apartheid, sistema de segregación racial prevaleciente en su país. Por ello impulsó la realización en 1996, dentro de este como sede, de la Copa Africana de Naciones y de la Copa Mundial de Fútbol en el 2010; también la del Mundial de Rugby en 1995.

    Dicho lo anterior, pienso que el torneo futbolístico recién concluido se convirtió en la antítesis del legado “mandeliano”. Fue vergonzoso por razones conocidas como, entre otras, el trato a la selección iraní y al árbitro somalí. Pero, además, por sepultar el “juego bonito” que aunque generalmente se ha relacionadocon Brasil, no es exclusivo de esa nación; también se paseó por Sudamérica y Europa, sobre todo conaquella “Naranja mecánica” holandesa. Ya quisiera que regresara la favela o la playa, el potrero o la calle como campos de entrenamiento, enfrentamiento y –sobre todo– entretenimiento. Pero mejor apago la vela y no espero más. Ya no. Lo enterró el negocio del consumismo bandido, perpetrado por quien considero unos descarados “futbolicidas” armados con una fatal arma: la corrupción.

    Y a pesar de que aprecio al recién realizado certamen como el “Mundiáfrica”, por la cantidad de equipos provenientes de ese continente y de jugadores afrodescendientes distribuidos en selecciones de otras regiones, pienso e insisto al término de este que se perdió el espíritu y la herencia de Mandela. Acabó ganando la “lógica” del energúmeno rubio.

    No valoraré la calidad del partido conclusivo del campeonato por parte de sus contendientes; aunque fue evidente la diferencia entre uno y otro, creo que terminó convirtiéndose en una final para el olvido. De las peores que recuerdo, no solo en lo deportivo. Debemos ensurar tajantemente, al término de esta, tanto la violenta reacción de algunos jugadores argentinos como la antideportiva e inmadura actitud de sus compañeros dándole la espalda a la entrega de medallas y el trofeo al conjunto ibérico. También repudio la presencia, en dicho momento, de un inapropiado colado “anaranjado” a quien ‒esto hay que rescatar‒ dos jugadores gauchos se negaron a saludar de mano.

    Así las cosas, lo que para Gramsci fue el “reino de la lealtad humana ejercida al aire libre” ahora es el imperio de la corrupción malsana presumida sin vergüenzas para tener una masa humana que ya no vibre, se indigne y se rebele ante la impudicia global. En eso han terminado convirtiendo lo que fuera el fútbol espectáculo sus actuales jerarcas que, sin reparo alguno, se lo robaron al pueblo; al menos desde Havelange hasta el que ahora lo controla, en descarado maridaje con lo peor de lo peor.

    Por eso, hoy hay que escuchar cada vez más lo que el papa Francisco demandó a quienes “campeonizan”: deben sentir siempre “gratitud por su historia de sacrificios, victorias y derrotas”; tienen que “sentir también la responsabilidad educativa, que debe ser implementada a través de la coherencia de vida y la solidaridad con los más débiles para animar a los más jóvenes a crecer en su interior y tal vez, incluso, a ser campeones en la vida”.