El presidente de Honduras, Nasry ‘Tito’ Asfura, se reunirá en los próximos días con su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump, para abordar la imposición de aranceles a las exportaciones hondureñas y el futuro del Estatus de Protección Temporal (TPS), informó este lunes una fuente oficial en Tegucigalpa.
Aunque no se ha precisado la fecha exacta del encuentro, el ministro de la Presidencia de Honduras, Juan Carlos García, confirmó a periodistas que la cita ya está programada y que será el propio mandatario hondureño quien brinde los detalles finales en las próximas horas.
De manera extraoficial, ha trascendido que la reunión bilateral se celebraría en la residencia de Trump en Mar-a-Lago, en el estado de Florida.
Según García, este acercamiento representa «una buena apertura» para dinamizar la inversión extranjera y fomentar procesos de expansión comercial entre ambas naciones.
El funcionario señaló que en la agenda figura la discusión sobre el arancel del 10 % que se aplica a productos hondureños exportados a Estados Unidos.
Desde abril de 2025, la Administración de Trump aplica una tasa universal del 10 % a las importaciones de su país, en medio de una guerra comercial que es el ariete de una política con la que pretende dar un renovado impulso a la industria estadounidense.
García subrayó que, además de la cuestión arancelaria, la agenda incluirá asuntos comerciales y migratorios, entre ellos el futuro del TPS que beneficia a miles de hondureños y la situación de más de dos millones de nacionales, residentes legales e indocumentados, que viven en Estados Unidos.
Este sería el primer encuentro bilateral entre ambos mandatarios desde que Asfura asumió la presidencia de Honduras el pasado 27 de enero, tras ganar las elecciones generales del pasado 30 de noviembre.
Asfura, del conservador Partido Nacional, recibió durante la campaña el respaldo público de Trump, quien lo calificó como «el único verdadero amigo de la libertad» y afirmó que, de llegar al poder, ambos podrían «combatir a los narcocomunistas».
Ese apoyo generó rechazo en sectores políticos y sociales de Honduras, así como en otros países de la región, que denunciaron una injerencia extranjera en el proceso electoral.

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