Conscientemente emocional

A veces puede sentirse como si la vida doliera en varios aspectos. Y las razones son tan particulares para cada uno de nosotros, que resultan como muchas veces fuera del alcance el poder controlarlas. Pero es que cuando algo aparece o es notado, no solamente para el caso del dolor en percepción de consciencia, es porque  ese algo se encuentra presente y este pide nuestra atención, nuestra observación. Al hacerlo, observar, existe la posibilidad de llegar a comprender si ante lo que sentimos estamos reaccionando mecánicamente o actuando desde el cuerpo, emoción y pensamiento integrados.

George Ivánovich Gurdjieff, místico y filósofo armenio, dedicó gran parte de su vida a la búsqueda de conocimientos sobre la naturaleza del ser humano y las leyes universales que rigen la existencia, y se refirió en su momento a la mecanicidad  con la que los seres humanos respondemos ante lo que suceda. Siendo el término mecanicidad,  indistintamente el plano donde se aplique, un referente de repetición y rigidez, con falta de intención y aún más, de vida.

La filosofía del maestro Gurdjieff es mística, profunda y rica en enseñanzas. Entre ellas encontramos los postulados de observación de si y recuerdo de sí. Estos en conjunto consisten en el esfuerzo consciente por observar los propios pensamientos, emociones y reacciones sin intentar justificarlos ni modificarlos, y sin identificarse con ellos. Su aplicabilidad puede ser que ante un evento o circunstancia cualquiera, tendemos a reaccionar mecánicamente, ya luego en la observación de sí, hay una respuesta de nuestro cuerpo ante lo que percibimos y, según Gurdjieff solo estamos respondiendo a un estímulo ya aprendido que se ha mezclado con la mecanicidad dándonos una idea total de la realidad, acá con el riesgo de nublar, limitar o condicionar la mente y sus posibilidades de comprensión los hechos como tal. Pero también, puede surgir una observación más profunda donde se logre manifestar el recuerdo de si, que sería el poder contemplar  la propia presencia ante lo que sucede, sin inmutar la consciencia sobre lo que transcurre. Esta última técnica, conforme al filósofo armenio, es la que nos hace estar en el presente conscientemente, evitando que el remolino de la vida nos succione y nos haga vagar en el sueño despierto.

El dolor emocional no lo podemos explicar cuando proviene de un sentir empático. Creo que  eso es parte de una consciencia solidaria, que luego una estela de impotencia traza  el pensamiento por no poder frenar o cambiar de tajo lo que sucede.

Así mismo, creo que muchas veces nuestros pensamientos son producto de reacciones mecánicas, de esqueletos encenizados que se vuelven monstruos ante la mirada helada que no observa, que se nublan. Y es allí donde debería de manifestarse el aquí y ahora, con nuestros pies en el suelo, escuchando la respiración, convencidos que no somos lo que nos pasa, somos mucho más desde siempre, porqué hemos visto nuestro interior y pudimos encontrar esa luz cálida, que no la apaga nadie.

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