Esta es una columna de seguimiento a la semana anterior, a menudo veo que la prevención más efectiva de las conductas de riesgo o de desviación no las podemos ver o leer en las audiencias en los tribunales, la cárcel o delegaciones policiales, sino que debería de ser en las salas y comedores de nuestras casas. Si entendemos que fenómenos como el de los therians son un síntoma de una necesidad humana fundamental no cubierta como la identidad, pertenencia y seguridad; el abordaje y el tratamiento desde mi opinión debe enfocarse en restaurar el núcleo familiar, restaurando las familias.
Desde la perspectiva de la criminología la prevención conductual y la teoría de los vínculos sociales, un adolescente con lazos fuertes hacia su familia y su entorno real tiene menos probabilidades, mínimas, de buscar refugio en subculturas extremas o de imitación. A continuación, presento algunas posibles estrategias claves para reconstruir o iniciar esa comunicación y anclar a nuestros jóvenes a la realidad:
1. Fortalecer el control social informal
La criminología sociológica nos enseña que el comportamiento se regula a través de nuestros vínculos con la sociedad. Cuando un joven está invertido en metas tangibles, es menos propenso a desviarse.
Qué hacer: Fomente la participación de su hijo en actividades prosociales en el mundo físico. Deportes, arte, voluntariado, música o clubes extracurriculares. Estas actividades construyen una identidad basada en habilidades reales y fomentan relaciones con pares de carne y hueso, compitiendo directamente con la validación efímera de las redes sociales y el internet.
2. Establezca límites claros, no castigos
La hiper-permisividad genera tanta ansiedad en los adolescentes como el autoritarismo extremo. Un joven necesita saber dónde están las barreras para sentirse seguro.
Qué hacer: Diferencia entre el mundo digital/privado y el espacio público. Validar sus emociones no significa tolerar que interrumpa su vida académica o social por una conducta de imitación. Establezca reglas claras sobre el uso de dispositivos y los espacios donde ciertos comportamientos no son aceptables, y explique el porqué preparación para la vida adulta, respeto a las normas sociales, etc.
3. La regla del refuerzo positivo
Si un adolescente solo recibe atención de sus padres cuando hace algo raro o problemático, su cerebro aprenderá que esa es la única forma de ser mirado y que capta atención
Qué hacer: Atrape a su hijo haciendo cosas bien. Refuerce positivamente cuando enfrente problemas del mundo real, cuando comunique sus frustraciones con palabras y no con gruñidos o aislamientos, y cuando participe en la dinámica familiar.
4. La escucha activa como herramienta de «diagnóstico»
En los casos que ya estén presentes características o manifestaciones, el análisis conductual, nunca nos quedamos con el comportamiento superficial; buscamos su función. ¿Qué logra el adolescente al ponerse una máscara y actuar como un animal? ¿atención? ¿Evadir la ansiedad social? ¿Pertenecer a un grupo en TikTok?
Qué hacer: Ya no puede prevenir, en lugar de lanzar un interrogatorio acusatorio ¿Por qué haces esas ridiculeces? ¿Qué acaso sos animal?, utilice preguntas abiertas orientadas a la curiosidad «He notado que te sientes muy cómodo con este grupo/comportamiento, ¿qué es lo que más te gusta de ello?». Escuche sin interrumpir y sin emitir juicios inmediatos.
La crianza moderna requiere competir contra algoritmos diseñados por ingenieros para capturar la atención de nuestros hijos de las redes sociales. No podemos ganar esa batalla solo apagando el router de internet o quitándole el dispositivo móvil; debemos ofrecerles algo mejor del otro lado de la pantalla: una presencia adulta significativa, constante, firme, empática y real. Romper y salir de nuestra zona cómoda, y en muchos casos pedirles perdón a nuestros hijos por nuestra indiferencia, abandono, falta de cuido y por no involucrarme en cada día, y haga un compromiso de cambio, establezca canales de comunicación. Inicie compartiendo los alimentos en el comedor sin dispositivos móviles y sin televisión, aún es tiempo de restauración familiar.
*Por Ricardo Sosa / Doctor y máster en Criminología / @jricardososa

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