Los beatos Rutilio Grande, Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus cumplen este 12 de marzo de 2026, 49 años de haber sido asesinados en El Paisnal, al norte de San Salvador.
El jesuita Rutilio Grande, a punto de cumplir 49 años, Manuel Solórzano de 72 años y Nelson Rutilio Lemus, de 15, viajaban en un jeep tipo safari, donde el padre Grande oficiaría una misa, pero fueron ametrallados a eso de las 5:00 de la tarde.
Las investigaciones de aquel entonces determinaron que el sacerdote jesuita recibió 19 impactos de bala, calibre 12, tipo «doble cero», un proyectil blindado de uso militar.
La Iglesia reconoció a Grande y sus acompañantes, Solórzano y Lemus, como mártires de la Iglesia por «odio de la fe». Los tres fueron beatificados el 22 de enero de 2022 por el papa Francisco.
El asesinato fue atribuido a escuadrones de la muerte, pero nunca fue judicializado y nadie fue condenado por ello.

¿Quién era el padre Grande?
Nacido el 5 de julio de 1928 en El Paisnal, Grande era amigo personal de Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, su superior inmediato en aquella época.
Grande, era el hijo de Salvador Grande -alcalde de El Paisnal durante varios períodos y de Cristina García quien murió cuando el futuro sacerdote tenía solo cuatro años- entró al seminario en 1941 y luego de ordenarse, se destacaría como formador de los futuros clérigos en el seminario de San José de la Montaña de San Salvador.
En 1967 comenzó su amistad con Óscar Romero, sacerdote diocesano: un vínculo que crecería a lo largo de los años, ya que en junio de 1970, Grande sirvió como maestro de ceremonias en la ordenación de Romero como obispo auxiliar de San Salvador.
En 1972, Grande fue nombrado párroco en Aguilares, y fue uno de los fundadores de las Comunidades Eclesiales de Base, lo generó molestias de terratenientes locales, así como críticas de sacerdotes más conservadores.
Dos meses antes de su asesinato, criticó duramente la expulsión del sacerdote colombiano, Mario Bernal, previamente secuestrado cerca de Apopa y pronunció uno de sus sermones más conocidos:
«Queridos hermanos y amigos, me doy perfecta cuenta que muy pronto la Biblia y el Evangelio no podrán cruzar las fronteras. Solo nos llegarán las cubiertas, ya que todas las páginas son subversivas—contra el pecado, se entiende. De manera que si Jesús cruza la frontera cerca de Chalatenango, no lo dejarán entrar. Le acusarían al Hombre-Dios… de agitador, de forastero judío, que confunde al pueblo con ideas exóticas y foráneas, ideas contra la democracia, esto es, contra las minorías. Ideas contra Dios, porque es un clan de Caínes. Hermanos, no hay duda que lo volverían a crucificar. Y lo han proclamado», dijo Grande en esa ocasión.

En un comunicado del arzobispado de San Salvador, con fecha 13 de marzo de 1977, señalaron que la causa del asesinato fue “la intensa labor pastoral del tipo concientizador y profético que el referido párroco realizaba en todos los ámbitos de la parroquia. Llevaba una labor de promoción humana integral. Esta labor eclesial posconciliar, ciertamente, no es agradable para todos porque despierta conciencia de los campesinos”.
Se suele decir que el asesinato de Grande provocó un giro en Monseñor Romero que hasta entonces era considerado un obispo conservador, cercano a las élites. El asesinato de Grande marcó un profundo cambio en monseñor Romero y abrió sus ojos para entender el sufrimiento de los pobres de su país, y por ello asumió como bandera la denuncia de la injusticia.
El proceso de beatificación del padre Tilo y el resto de ahora beatos inició en octubre de 2018. Ahora, las parroquias lo recuerdan con su sonada frase hecha canto: “Vamos todos al banquete, a la mesa de la creación, cada cual con su taburete tiene un puesto y una misión”.

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