Cardenal Rosa Chávez: «No es fácil, ahora, vivir en El Salvador»

Para el cardenal Gregorio Rosa Chávez, la búsqueda hacia monseñor Óscar Romero de parte del pueblo salvadoreño que lo visita es, en una parte, el hecho de relatarle las alegrías y tristezas, pero también, una forma de tomar fuerzas porque «no es fácil, ahora, vivir en El Salvador».

El prelado indicó que el pueblo de monseñor Romero debe tomar su mensaje, visión, y volverla realidad para que El Salvador sea un país «donde se sienta uno libre, en paz, en justicia, en libertad, agusto».

El cardenal hizo estas reflexiones, este martes 24 de marzo, en medio de una jornada en la que cientos de fieles se congregaron para recordar a Romero, compartir sus vivencias y renovar su fe.

“Esta es la parte más linda: un pueblo que se congrega libremente para decirle a monseñor sus alegrías, sus tristezas, su gratitud, y también para tomar fuerza para seguir adelante, no es fácil ahora vivir en El Salvador”.
Gregorio Rosa Chávez, cardenal salvadoreño.

Rosa Chávez también dirigió un mensaje a los jóvenes, a quienes instó a no renunciar a sus aspiraciones. “Que tengan sueños, que tengan perspectiva de futuro, que no se dejen robar sus sueños”, expresó. Según dijo, la juventud “es presente y futuro” y, cuando está acompañada de fe, “es maravillosa e invencible”.

En su intervención, el cardenal hizo referencia además al llamado “Día de la Verdad”, que recordó fue impulsado como un homenaje a monseñor Romero con respaldo de Naciones Unidas. “Sin verdad no hay justicia, sin perdón tampoco hay justicia y tampoco hay paz”, sostuvo.

Para Rosa Chávez, el legado del arzobispo trasciende fronteras y mantiene un mensaje vigente. “Él nos da un mensaje global que, si lo tomamos en serio, el mundo cambia”, afirmó.

La conmemoración, añadió, es también una oportunidad para “volver a soñar con esperanza y un futuro diferente” frente a las dificultades que atraviesan tanto el país como el mundo.

El cardenal fue uno de los sacerdotes más allegados a monseñor Romero en su labor sacerdotal y uno de sus voceros, tras el asesinato del ahora santo. Romero fue asesinado el 24 de marzo de 1980, y según la investigación de la Comisión de la Verdad, fue ordenado por el exmayor de la Fuerza Armada y posterior fundador del partido Arena, Roberto d’Aubuisson y los capitanes Álvaro Saravia y Eduardo Ávila participaron en su ejecución.

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