Época para reflexionar y fortalecer la fe cristiana

Cada ser humano, al margen de su raza o cualquier otra condición, es un templo y todos fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios, es decir como criaturas de la existencia tenemos cualidades divinas que nos hacen diferentes al resto de la creación.

Nuestra semejanza se basa en la espiritualidad y moralidad, donde se refleja el carácter divino. Todos somos hijos de Dios, un Dios pletórico de bondad, amor al prójimo, misericordia y omnipotencia infinita. Tanto es su amor por los seres humanos que mando a su hijo unigénito a que nos trajera el mensaje de la salvación eterna y que sufriera el sacrificio de la pasión y la crucifixión para lavar los pecados de todo aquel que por fe este convencido que Jesucristo es el camino de la salvación eterna.

En la Biblia Juan 3:16 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” La humanidad fue testigo de su sacrificio, pero también de su resurrección, que fue la concreción de su divinidad. Jesús, el hijo de Dios, cumplió su promesa y con ello validó su mensaje de salvación hacia la vida eterna a través de la fe y las obras o acciones que sean bonancibles para la humanidad.

Nadie sabe la fecha exacta de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, pero la historia registra que la pasión, muerte y resurrección de Jesús tiene su origen en el siglo II d.C. basada en los relatos del Nuevo Testamento.

La conmemoración se deriva de la pascua, celebrando la liberación espiritual, y evolucionó de reuniones íntimas a una festividad pública, consolidándose con el Concilio de Nicea en el 325 d.C. Por derivarse de la Pascua Judía no tiene una fecha fija. En el referido concilio se estableció la celebración el domingo siguiente a la primera luna llena tras el equinoccio de primavera para separarla de la Pascua judía.

La Pascua judía es una festividad fundamental que celebra la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto hace más de 3000 años, conmemorando el Éxodo narrado en la Biblia. Se celebra durante siete u ocho días en primavera (marzo-abril) e incluye tradiciones familiares.

Por supuesto que la Semana Santa es una celebración pagana. pero es muy simbólica y nos permite a los cristianos fortalecer la fe y motivar la espiritualidad de nuestras vidas, sabiendo que hay una promesa de vida eterna y un caminode fe y esperanza de salvación que nos lleva hacia ella.

Todos los días, especialmente en Semana Santa debemos reflexionar sobre el mensaje cristiano y permitir que Jesús resucite entre nosotros, Más que un templo, Jesús es amor yobras de bien. Lo ideal es acompañar alguna procesión o un acto simbólico sobre la vida, la pasión, muerte y resurrección, pero es mucho mejor una obra o una acción desinteresada hecha con amor y humildad hacia el prójimo.

En América Latina y muchos países cristianos, la población trabajadora sale de vacaciones y muchos aprovechan para hacer turismo, para pasar en casa con sus seres queridos o simplemente descansar. Eso está bien, pero la ocasión es propicia para reflexionar sobre nuestra espiritualidad y nuestra relación con nuestros prójimos y con Dios.

Dios agradecerá de mejor manera a quien le da comida al hambriento, abrigo al desnudo y techo al pordiosero, que a quien hace una sentada frente al altar. Aunque obviamente una sentada frente altar tiene un gran valor y una enorme recompensa si se hace con fe buscando la fortaleza espiritual, que nos haga mejores personas de cara a la sociedad.

A Dios hay que agradecerle por su bondad, misericordia e infinito amor todos los días. Ese agradecimiento en el alma y corazón debe concretizarse con acciones buenas hacia nuestros semejantes. Jesús se sacrificó por la humanidad y para allanarnos el camino a la salvación. Y eso es lo que conmemoramos en la Semana Santa. Es una fiesta pagana, sí, pero nos viene a reconfortar y avivar nuestra fe. Gracias Jesús, porque con tu sacrificio se fortaleció la esperanza de una vida eterna a través de la bondad y la fe. Amén Señor.

*Jaime Ulises Marinero es periodista

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