Nuevas derechas, menos contrapesos: así cambia el mapa político en América Latina

El avance de liderazgos como los de El Salvador y Argentina refleja un cambio en la región, donde, según la politóloga Marcela Ríos Tobar, ya no se trata solo de alternancia ideológica, sino de proyectos políticos que cuestionan las reglas tradicionales de la democracia.

Ríos Tobar es directora para América Latina y el Caribe del Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA Internacional). Es socióloga, politóloga y política. Fue Ministra de Justicia y Derechos Humanos de Chile entre marzo de 2022 y enero de 2023.

Latinoamérica fue gobernada un tiempo por la derecha, Fujimori en Perú, más reciente Álvaro Uribe en colombia, Juan Orlando Hernández en Honduras, luego hubo una ola de izquierdas: El Salvador gobernado por la exguerrilla por 10 años, Bolivia, Ecuador en su momento, incluso México. Pero ahora vemos esta especie de outsider en la región: Bukele, Milei, Noboa. ¿qué gobierna Latinoamérica? ¿La derecha regresó al poder?

La respuesta corta es que no, que no es la misma derecha que regresa al poder, ¿no? Creo que estamos viendo un movimiento de actores políticos relativamente nuevos que están conectados con sectores tradicionales, pero que tienen eh idiosincrasias distintas en los distintos países, historias distintas, pero que  la emergencia de nuevas derechas es un fenómeno global y hay un repunte de sectores de ultraderecha que están, quizás, más conectados con estas tendencias globales. Esa es como la primera parte, ¿no? Pero efectivamente en América Latina nosotros durante los últimos 20 años o más, digamos 20 25 años, en la mayoría de las elecciones la tendencia era que ganaba la oposición.

Hemos tenido alternancias permanentes en casi todos los países y estos péndulos de fluctuación que muchos analistas han planteado que más que cambios de izquierda a derecha, como por convicción ideológica de los electores, lo que ocurría era que los electores votaban por eh la oposición, por los que no estaban en el gobierno demostrando un malestar con los gobiernos. Entonces, si estaba gobernando la derecha, se votaba por la izquierda si estaba gobernando la izquierda, se votaba por la derecha.

Eso es a lo que estábamos acostumbrados en América Latina con muy pocas excepciones en los últimos 20 años. Por ejemplo, rescatar como una excepción México, donde Morena se ha logrado consolidar y tiene un triunfo aplastante en el 2024, muy importante, una reelección y un triunfo mayoritario en el Congreso, los gobiernos regionales.

También en República Dominicana se produce una continuidad. Entonces, no en todos los países se ha dado alternancia, pero la tendencia mayoritaria había sido la alternancia. Por ejemplo, el caso de Chile ha sido paradigmático.

La última vez que hubo continuidad fue en el 2004-2005 cuando el presidente Lagos le entregó la banda presidencial a la presidenta Bachelet en su primer mandato y desde entonces hemos tenido izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha, digamos, hemos pasado de un lado al otro ideológicamente.

Ahora, volviendo a mi respuesta inicial, creo que estamos en un momento histórico distinto y que los péndulos que estamos viendo hoy día tienen características distintas.

Primero porque han surgido nuevos actores, no necesariamente solo antisistemas populistas como líderes populistas individuales que no tenían necesariamente conexiones fuera de sus países o mucho arraigo.

O sea, creo que tú mencionabas el caso de Fujimori, pensemos en en Bucaram, en Ecuador, o sea, tuvimos una serie de líderes populistas extra sistemas sin partido  históricamente en América Latina, ¿no?, que resurgían cada cierto tiempo.

Pero hoy día lo que estamos viendo es que han surgido movimientos y partidos políticos de ultraderecha que están a la derecha de las derechas tradicionales y que tienen fuertes vínculos internacionales.

El triunfo de Donald Trump y las conexiones de las derechas latinoamericanas con las derechas europeas, con Vox de España, con Orban de Hungría, más el triunfo de una parte de la extrema derecha en Estados Unidos ha permitido fortalecer los proyectos de ultraderecha en América Latina.

Y entonces esa alianza y recordemos la reunión de Trump en Florida con 12 presidentes de la región, nunca antes habíamos tenido una situación que líderes que podrían ser distintos, de procedencias distintas, de movimientos distintos, tuvieran una fuerza externa que los convocara, los ordenara, los ayudara, y hemos visto que Estados Unidos ha tenido un rol muy activo en intervenir en las elecciones de los distintos países.

Entonces, creo que esa es una diferencia, es una diferencia que hace que lo que esté pasando en cada país individualmente tenga connotaciones regionales y globales. Y estamos en un momento, por lo tanto, y este año tenemos elecciones muy prontamente en Perú, en Colombia y en octubre en Brasil. En Colombia y en Brasil son dos de las democracias grandes que siguen teniendo gobiernos de izquierda.

Si esos países también gana la derecha, vamos a tener una situación regional inédita prácticamente con mucha homogeneidad eh de la derecha en el poder.

¿Cómo diferenciar entre estas derechas conservadoras clásicas y estos liderazgos más personalistas que han surgido o inclusive estos liderazgos autoritarios en la región?

Yo creo que hay muchas diferencias entre países porque no en todos los países teníamos derechas tradicionales fuertes, ¿no? O sea, varios países de nuestra región nunca han tenido partidos de derecha propiamente tal fuertes. Por ejemplo, Brasil o México, las dos más grandes democracias de la región, nunca han tenido partidos tradicionales conservadores fuertes, ¿no? En otros países sí, pero creo que los partidos más tradicionales de derecha eran tradicional en el sentido que eran partidos que preferían el mercado por sobre el Estado, ¿no? Políticas neoliberales, políticas económicas de libre mercado con una mezcla de conservadurismo más social, religioso, a menudo vinculadas a la Iglesia Católica, pero no eran derechas necesariamente que estuvieran preocupadas por los temas internacionales ni eran derechas que tuvieran que construyeran necesariamente una lucha cultural respecto de los sectores progresistas, hoy día vemos que hay los temas económicos pasan casi a segundo plano.

Y lo que destaca de estos proyectos políticos son más bien proyectos de transformación cultural, muy anti los agenda de derechos humanos, antifeministas, etcétera. Entonces ahí es un tono y una forma distinta.

Y yo creo que hay que diferenciar porque no todos los proyectos de ultraderecha son personalistas,  o sea, creo que Argentina, El Salvador tienen claramente proyectos con líderes individualmente fuertes que son la razón, digamos, el motor de la política.

Pero si vemos otros países, en realidad tenemos más bien movimientos de ultraderecha que han llegado al poder, como el caso de Chile, por ejemplo, donde hay partidos formalmente, donde se trata de distintos movimientos y hay un líder, ciertamente, pero el movimiento no se explica solo por un liderazgo individual.

Entonces, tenemos distintos escenarios en la región y sí creo que hay una hebra común que hay esta reacción anti lo que había, anti el consenso de los 90 en materia de derechos humanos, antimultilateralismo, o sea, anti Naciones Unidas, antinormas internacionales, con un discurso nacionalista que apela a proteger la soberanía.

También es un discurso que es un discurso y una práctica muy crítica de la democracia representativa que se había construido en América Latina.

Entonces, son gobiernos que son digamos muy adversos y muy contrarios a la autonomía de los órganos electorales que han intervenido en debilitar la autonomía de los de los órganos electorales, que han intervenido para debilitar la autonomía del poder judicial, que tienen una visión de la democracia que era que es una visión de la democracia no republicana, que no tiene contrapeso de poderes y que tienen una agenda, por lo tanto, iliberal en el sentido de que no son las democracias representativas tradicionales y no son eh no tienen una apego a la agenda democrática que incluye el Estado de derecho y los derechos humanos. Yo creo que esa es una diferencia muy importante respecto de sectores políticos de derecha tradicionales que habíamos visto en otros momentos en América Latina.

¿Cuáles son estas implicaciones que tiene este giro para la calidad democrática en Centroamérica?

Sí, mira, yo quiero insistir en que no todos los gobiernos de ultraderecha son personalistas, que es importante tener esa distinción. Hay algunos que lo son y otros no, y tenemos distintas versiones, digamos, pero sí efectivamente tenemos un número importante de ese tipo de gobierno.

En Centroamérica acaba de asumir el nuevo presidente en Honduras. El presidente Chávez en Costa Rica sí ha mostrado muchas de las tendencias de las que hemos estado conversando y el impacto que ha tenido este tipo de gobierno en general es un debilitamiento de las democracias.

Vemos, por lo menos nosotros desde Idea Internacional, con nuestros datos del Estado del que publicamos una vez al año sobre el estado de la de la democracia en el mundo, vemos un deterioro particularmente en las dimensiones de estado de derecho y derechos en Centroamérica, en El Salvador. Además, El Salvador ha sido clasificado por  B. Democracy y Freedom House como que ha perdido el estatus de una democracia plena por, fundamentalmente, por deterioro eh en estas dimensiones de Estado derecho, falta de autonomía del poder judicial, debilitamiento de la credibilidad de las elecciones, falta de libertad de los partidos políticos.

O sea, estamos viendo un patrón que está teniendo impactos en Centroamérica fuertemente, pero también en el resto de la región donde estamos viendo los mismos tipos de deterioro, ¿no?, por ejemplo, el combate a la seguridad declarando estados de excepción que ya no son excepcionales, sino que se mantienen como la nueva normalidad. Estados de excepción permanente, la militarización de las policías han tenido impacto muy fuerte en el debilitamiento del acceso a la justicia, en el ejercicio de derechos, en el respeto de garantías y libertades.

Yo te diría que tenemos un impacto fuerte en Estado de derecho que tiene mucho que ver con derechos y justicia y, por otra parte, estamos viendo mucha intromisión y ataques a  la realización de elecciones libres y competitivas.

¿Cómo incide el respaldo ciudadano en estos modelos de gobierno?

El respaldo ciudadano es central porque a través del apoyo electoral contundente es que estos gobiernos llegan al poder. Hoy día la principal amenaza al deterioro democrático ya no es los golpes de Estado tradicionales.

Yo siempre digo, ya no es el bombardeo del palacio de gobierno un día en particular y decretar una dictadura y desde entonces cambiar todo en un solo momento. Lo que vemos son ataques que llegan, gobiernos que llegan con apoyo popular a gobernar y que con mayorías, muchas veces con mayorías en el Congreso, es mucho más fácil para los gobiernos, para los líderes autoritarios, deteriorar la democracia cuando además tienen mayorías en los congresos, porque también tenemos casos donde los presidentes no han tenido mayoría en los congresos, pero cuando vemos que tienen mayoría en el ejecutivo, mayoría en el Congreso, se generan las condiciones para  debilitar las democracias a través de formas legales.

Se empujan reformas para reformar las constituciones, para cambiar las designaciones de quienes integran eh los órganos de control como los las cortes constitucionales, las Cortes Supremas, los órganos electorales. Se cambian las reglas electorales, se cambian los distritos, o sea, el apoyo popular es esencial para llegar al poder y además para mantenerse en el poder. Ahora también vemos que líderes autoritarios han llegado al poder y después terminan haciendo trampa para mantenerse en el poder. Lo que ha ocurrido el caso más evidente es en Venezuela. También vemos que Nicaragua directamente ha dejado de ser una democracia. Entonces, las elecciones se realizan, pero en realidad ya no tienen, ya no son elecciones genuinas, ya no hay oposición, no hay libertad para los partidos políticos de oposición, no hay competencia real.

Entonces, claro, muchas veces es difícil saber cuánto apoyo es genuino y cuánto ayuda a mantener un alto apoyo el poder el hacer trampa para cambiar las reglas del juego.

Y este apoyo ciudadano o este respaldo ciudadano que están recibiendo estos modelos de gobierno, ¿será que estamos viendo una normalización eh de prácticas autoritarias bajo la legitimidad electoral?

Yo no creo que los ciudadanos latinoamericanos estén votando por líderes autoritarios porque quieren dictaduras en vez de democracia. Creo que el apoyo a estos líderes tiene que ver dependiendo de las condiciones de los países, producto de que los ciudadanos están hastiados, ya sea con crisis económicas como el caso de Argentina, ya sea con crisis de inseguridad como el caso de El Salvador, o sea, el apoyo a actores extras sistemas o que parecen autoritarios o que ofrecen soluciones fáciles para problemas complejo es una búsqueda de los ciudadanos de respuestas a problemas reales de sus vidas.

No necesariamente es un apoyo a al autoritarismo necesariamente, ¿no? Lo que pasa es que, claro, una vez que estos regímenes se instalan, estos gobiernos se instalan, tienen una retórica antidemocrática que están permanentemente denostando a la oposición, permanentemente criticando a la prensa libre, permanentemente criticando a la sociedad civil, a las ONGs, a las feministas, a los defensores de derechos humanos, a las cortes.

Entonces si se construyen narrativas que ayudan a generar apoyo ciudadano para medidas antidemocráticas, pero en general siempre con una retórica anticorrupción, con una retórica proseguridad, con una retórica pro transparencia y antielite.

Es interesante que en la mayoría de estos proyectos políticos sus narrativas pretenden hacer creer a los ciudadanos que ellos no son parte de la élite y entonces están permanentemente criticando a las élites tradicionales, a los partidos políticos tradicionales, a la política, a los jueces, a los periodistas, a todos quienes intenten oponerse o criticar o emitir opiniones distintas.

Entonces sí se genera de a poco un una narrativa y condiciones que permiten que los ciudadanos vayan también adhiriendo a estas normas y a estas propuestas antidemocráticas. Pero en un principio en general no es que las personas voten por el autoritarismo, no votan por el cambio, votan por mejores condiciones de vida, votan por más seguridad, votan por más estabilidad económica y creen que van a encontrar todas esas promesas en actores que son fuera de los partidos tradicionales, porque hasta ese momento los partidos tradicionales no han logrado responder adecuadamente estas demandas.

Y precisamente, ¿qué papel juega la oposición política en este contexto? ¿Hay una hay un debilitamiento de la oposición en la región o hay una reconfiguración de la oposición frente a estos modelos de gobierno?

Yo creo que tenemos distintos casos. En algunos países hay oposición clara y estructurada y en otros países no se ha destruido la oposición, ya sea deliberadamente por parte de los gobiernos o porque las oposiciones están tan fragmentadas que no logran organizarse de manera conjunta, porque están divididas en 1,000 grupos y fracciones, y eso les hace imposible poder entregar, ofrecer una visión conjunta, digamos, a la sociedad. Entonces, no hay una sola tendencia en que en todas partes la oposición esté destruida, pero las condiciones de fragmentación de los sistemas políticos latinoamericanos que tienden a ser recurrentes no ayudan a enfrentar este tipo de gobierno.

¿Dónde están los principales contrapesos en la región?

Nosotros hablamos que necesitamos seguir cuidando los contrapesos al interior del Estado. Por eso es tan importante proteger los órganos autónomos, ¿no? las instituciones electorales, las Cortes Constitucionales, los tribunal, las Cortes, el Poder Judicial, poder tratar de mantener que los sistemas de nombramiento de estos órganos puedan ser imparciales, meritocráticos, es esencial para la democracia porque terminan siendo los árbitros y cumplen un rol de poder proteger a los ciudadanos contra el abuso de poder. Entonces, eso es muy importante, pero, por otra parte, no es solo el Estado  que protege a la democracia, también la sociedad civil y los medios de comunicación son esenciales órganos de contrapeso.

Una democracia para poder seguir existiendo necesita una prensa libre, medios de comunicación independientes que puedan hacer su trabajo, que no sean perseguidos por eso, que no sean acosados y ese es un llamado de alerta que nosotros hacemos de Idea Internacional porque en toda la región estamos viendo una amenaza permanente a la prensa y a los medios de comunicación.

Hace un  poquito más de un mes publiqué una columna en El País de América respecto de esto, La prensa en América Latina acechada, ahí entregamos muchos datos, digamos, de lo que estamos viendo.

Por otro lado, la sociedad civil, porque los regímenes autoritarios han puesto como un objetivo de hostigamiento a las ONG y a la sociedad civil, criticando sus conexiones internacionales criticando formas de financiamiento que son una excusa para hacer una persecución de las disidencias, hacer una persecución de los defensores de derechos humanos, y de los activistas.

Entonces ahí nuestra llamada es a seguir protegiendo a la sociedad civil, a seguir protegiendo a los actores de  la prensa y ciertamente se necesitan partidos políticos que funcionen, partidos políticos representativos, partidos políticos que puedan reorganizarse, pero también hacer una oferta creíble a la ciudadanía para poder generar alternancia respecto de estos autoritarismos

¿Cómo reforzar o cómo fortalecer este contrapeso de la prensa cuando hay tanta calumnia, difamación de parte de los de los gobiernos de Latinoamérica en contra de los periodistas porque no se ataca al mensaje, sino que se ataca al mensajero.

Nosotros estamos trabajando en este tema fuertemente en Centroamérica y en otras partes y primero con algo básico, pero la unión hace la fuerza en el sentido de que los medios de comunicación y los periodistas van a ser mucho más vulnerables si trabajan de manera aislada.

Se necesitan redes con otros medios de comunicación, con medios de comunicación fuera de sus países, con sociedad civil, con el mundo académico, con los actores democráticos dentro de los sistemas políticos.

Yo creo que trabajar de manera colaborativa en red, apoyar contribuye ciertamente. Yo, no es un antídoto porque esto mismo que vemos en Centroamérica o en el resto de América Latina lo vemos claramente en Estados Unidos. Pero el impacto que tiene en un país donde los medios de comunicaciones son más fuertes, tienen más financiamiento, es distinto que es lo que puede tener en lugares donde son más débiles.

Entonces, primero creo que es esencial mantener las redes y estar conectados con medios de comunicación en otras partes.

Segundo, aplicar innovación. Es esencial que los medios de comunicación aprendan a usar inteligencia artificial, nuevos métodos de digitalización, responder con las mismas herramientas tecnológicas. Es importante, no resuelve nuevamente solo el problema, pero ayuda.

Y finalmente creo que desde los actores internacionales, desde la cooperación, desde el mundo empresarial que esté comprometido con la democracia, es esencial seguir trabajando para financiar a los medios de comunicación independiente.

Digamos, más allá de los autoritarismos, los medios de comunicación están sufriendo una crisis producto de la inteligencia artificial y de las transformaciones digitales que ya en sí misma es muy compleja y si le sumas a eso, la persecución por parte de gobiernos autoritarios se hace una y eso bueno que tú lo sabes mejor que yo, digamos, de una situación aún más compleja. Entonces, nuestro llamado también permanentemente es a buscar, a seguir apoyando a los medios de comunicación para que puedan realizar su trabajo.

Usted mencionaba estas relaciones con Estados Unidos, cómo se están redefiniendo estas relaciones entre los gobiernos de Estados Unidos, este Escudo de América que recién conformó Estados Unidos. ¿Cómo se analiza esto?

Este es un momento geopolítico central. Todo el mundo, no solo América Latina, está siendo afectada por un cambio radical de políticas de Estados Unidos, pero en América Latina el impacto es muchísimo mayor, porque Estados Unidos es la principal potencia global que tiene incidencia en nuestra región.

Estamos viendo una intervención muy activa en procesos electorales, en procesos democráticos, interviniendo en las decisiones autónomas de los países respecto de política comercial, política económica  y en materia de elecciones.

Entonces, es muy preocupante la intervención porque es un una históricamente hemos tenido intervención de Estados Unidos, participación, pero esta vez muy claramente un tipo de intervención que está asociada a un discurso y una narrativa antidemocrática, antiliberal, que nunca antes habíamos tenido.

Y, por otro lado, el hecho de tener tantos gobiernos en América Latina que sean afines ideológicamente al gobierno de Estados Unidos también genera una unas condiciones totalmente distintas de las que estuvimos en otras décadas, donde hay una confluencia de intereses que puede ser eh muy dañina para sectores disidentes, para sectores de la sociedad civil, los movimientos sociales que buscan promover agenda de derechos y que buscan fortalecer las democracias representativas en la región. Entonces, estamos en un momento particularmente complejo y grave respecto de la injerencia.

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