Ventana de luz y esperanza

Necesitamos reforzar nuestro compromiso no solo con diseño y la funcionalidad, sino con la creación de espacios que fortalecen a la comunidad, la cultura y la conexión con nuestro entorno. La cita anterior es parte de la filosofía  que definen al  arquitecto  mexicano Michel Rojkind, quien ve el diseño en función social, inclusivo y al servicio de los demás. Y es que las palabras claves como entorno y comunidad son la base piramidal para que se sostenga y motive la cultura, además de influir en gran manera en la calidad de vida de todos sus miembros. Pero un espacio que fortalezca y funcione debe comenzar primero en una idea integrada que busque materializarla. Si, parece una utopía cuando se tratan de armonizar proyectos habitacionales, turísticos, etc., con la empatía social, pareciera que es sacado de otro nivel que no sea el utilizado para humanos. De igual manera, alguien calificó de inaplicables las ideas de Rojkind en sus primeros años de diseño arquitectónico y con la visión firme al paso del tiempo, llego a fundar su propia firma inspirada en lo socialmente responsable.

Así como los efectos de planeaciones estructurales irresponsables y excluyentes los sufrimos todos y podemos notarlos desde lo económico hasta lo más sensible que es el bienestar social y emocional.

Un entorno limita o genera perspectivas. Muchas situaciones que tienen relación con el ambiente social y sus resultados, comienzan a gestarse como en la naturaleza, con una semilla. Esta va germinando según las condiciones son propicias para su crecimiento, fortalecimiento y llegado el momento mostrará  sus frutos.

El doctor Ricardo Sosa, criminólogo, en uno de sus recientes artículos nos explicaba cómo el calor, dadas las altas temperaturas que hemos tenido en nuestro país en estos días, puede propiciar los variados actos de violencia. Realmente pareciera que las glándulas pituitaria y pineal nos trabajan aceleradamente bajo esta influencia tropical, pero también bajo un entorno, en gran mayoría hacinado, con las inconsistencias sistemáticas del día a día, bajo estas pieles que guardan heridas históricas que mutan a esperanzas pero que vuelven una y otra vez al laberinto de donde no salen. Pese a que el calor abrasador merme y una brisa suave contemple y trate de contener esa rabia humana, la semilla está allí. Porque solo lo intangible se purifica con el fuego, lo demás es destruido.

En la línea de la prevención del delito me parece acertado cuando el doctor Sosa propone incluir a criminólogos al momento de diseñar, modificar o restaurar en proyectos. Podría evitarse de alguna forma la germinación de tantas semillas diseminadas, que a la menor combustión brotaran.

El sentido común nos advierte que si en una habitación por pequeña que sea, hay una ventana, habrá luz que me diga que no hay solo sombras, habrá aire y que fluyendo junto a mis pensamientos, que estos no se estrellan en pared.

Casi todo lo utópico provoca sonrisas suaves como si no tienen permiso de ser amplias y claras; pero a mí me da esperanza al ver que el trabajo de Michel Rojkind ha sido premiado por sus proyectos impresionantes, creería yo que hasta con toque místico, pero lo mejor que conectan con lo social y al leer  la propuesta del doctor Ricardo Sosa que es un desafío para ingeniería y arquitectura social conscientemente, me hace sonreír.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ivette María  Fuentes

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