Más de dos décadas han pasado desde que José Napoleón Lemus dejó El Salvador para intentar olvidar un dolor provocado que, en su momento, nadie quiso escuchar. Hoy, con evidencias en la mano, con un caso de abuso aceptado por la congregación salesiana, busca justicia en su país. Era el año de 1985 y estudiaba su bachillerato en el Instituto Técnico Ricaldone, de San Salvador, una institución católica bajo la tutela de la congregación salesiana.
Lemus era un muchacho con problemas de aprendizaje, que muchos años después descubrió que se trataba de dislexia. A finales del 85, sus problemas educativos habían escalado y lo afectaban de gran manera. El sacerdote salesiano italiano, Giuseppe Corò, era el rector de la institución y también impartía dos materias, religión y educación sexual, «irónicamente», relata este salvadoreño.
«Tenía una buena amistad con el padre Corò, y en privado interactuaba conmigo y rápidamente me dijo que si alguna vez necesitaba ayuda, que lo buscara; sus puertas estaban abiertas cuando quisiera. Tomé este gesto como una muestra de amistad y comencé a verlo como un segundo padre», relata Lemus en una carta que escribió en 2019, donde narró el abuso.
A finales del año, en noviembre del 85, el padre Corò le pidió que se reuniera con él, después de las 6:00 de la tarde, en el colegio. El sacerdote le dio indicaciones de cómo entrar y que los agentes de seguridad lo dejarían pasar.
Al entrar, Lemus relata que el sacerdote lo tomó y empezó a tocarlo y besarlo. «Quedé paralizado», narró. En una entrevista con Diario El Mundo Lemus relató que el sacerdote lo intentó sobornar: «Fueron palabras que nunca más en la vida se me van a olvidar: ‘Si tú vienes por lo mínimo una vez al mes, no tenés que volver a preocuparte en la vida de estudiar’. Fue un soborno sexual en el aspecto de que yo poder graduarme. Y jamás volví al colegio«, contó este salvadoreño radicado en Canadá.
José se fue del colegio y ese mismo día le contó lo ocurrido a su mamá. «Mi mamá no lo creía. Mi mamá creía que era una excusa de que yo no quería estudiar», años más tarde, bajo la presión de no seguir estudiando y en medio de ser reclutado en el conflicto armado, Lemus dejó El Salvador, viajó a Estados Unidos y posteriormente a Canadá, el que ha sido su hogar por décadas.
«Yo he evitado llegar a El Salvador toda la vida», dice a Diario El Mundo en una llamada telefónica, reconoce que aún tiene pesadillas con pensar volver al país y que ese niño, al que le fue robada su infancia, aún grita de dolor.

Un decreto y una «reprensión»
Pero este relato no solo consta en una carta, después de buscar ayuda y que todas las puertas se cerrarán para él, en 2019, la Visitaduría «María Sede de la Sabiduría» de Roma, Italia, una circunscripción especial de la Congregación Salesiana a nivel global, decidió escucharlo, envió a representantes hasta su lugar de residencia en Canadá y fue escuchado en una larga conversación. Aunque José reconoce que los salesianos que lo visitaron solo buscaban probar que todo era falso, un año más tarde, en febrero de 2020 recibió una carta del superior de la Visitaduría dándole la razón.
Se trata de un decreto firmado por el rector salesiano, padre Eugenio Riva, donde refiere a una investigación preliminar iniciada contra el reverendo Giuseppe Corò , acusado de delitos «cosas más serias en contra sexto» (delitos contra el sexto mandamiento, que según la Biblia dicta a los creyentes: «No cometerás actos impuros»).
Aquel decreto concluye que el clérigo Giuseppe Corò cometió los abusos, aunque no usa el término, y que se consideró la edad de las víctimas al momento de los hechos. El documento termina diciendo que se decretaron sanciones canónicas adecuadas contra el sacerdote italiano, el 12 de febrero de 2020, en relación con su vida religiosa y ministerio sacerdotal.
El documento cita el Código de Derecho Canónico, Canon 1339 §2, el cual consiste en «reprender a quien cause escándalo o grave perturbación».
«El padre que está como rector de él (Giuseppe Corò), donde él está retirado, me mandó por escrito disculpas y me dijo que me iban a colaborar. Y el rector también, que es el rector de los salesianos en Centroamérica, fue el que aprobó la ayuda psicológica que yo estaba teniendo por tres años aquí en Canadá», relató Lemus.

Impunidad
Aunque el decreto tiene peso al aceptar el abuso, José dice que aún no ha visto justicia. Durante años intentó comunicarse con la Policía Nacional Civil, abogados para que llevaran su caso y diferentes instituciones, pero no fue escuchado. En la corporación policial, le exigían estar presente para poder iniciar una denuncia, mientras que los abogados le pidieron miles de dólares por adelantado, sin dar garantías que el caso prosperara. A esta fecha, este abuso no tiene una causa penal abierta.
«Lo que yo deseara realmente es que el padre lo pusieran en la cárcel, que pagara por sus actos, que esté fuera de la ‘santización’ (sic), de ser santo por millas, por kilómetros, por planetas, porque no lo fue, porque no lo es. Las cosas que ha hecho buenas en El Salvador, él las destruyó con tanto ser que afectó y que si esta voz pudiera levantar a los seres que fueron golpeados, también», pidió Lemus.
El caso de José Napoelón Lemus es uno de los 24 que el periódico español EL PAÍS presentó recientemente ante el Vaticano, en un sexto dossier que acumula más de 800 denuncias de pederastia realizados por sacerdotes católicos a menores de edad en todo el mundo.
Y su caso no es el único que involucra al salesiano Corò, EL PAÍS publicó al menos dos testimonios más de salvadoreños que también fueron víctimas de este sacerdote, en la misma institución de la capital, en el periodo en el que estuvo a cargo de ella.
Sin embargo, Lemus asegura que él ha contactado, con nombre y apellido, a al menos 50 víctimas de Corò que viven en El Salvador, y que no han denunciado por temor. José manifiesta que el sacerdote tiene mucho respaldo entre la comunidad salesiana, dado que fue uno de sus impulsores en el país en la década de los 80.
«Lo que no sabían (era) lo que él hacía durante la noche. Durante la noche él se transformaba y él dejaba de ser el padre bueno, santo que todo el mundo quería. Él pasaba a ser un violador, lo que él siempre ha sido desdichadamente. Y yo fui una víctima más».
José Napoleón Lemus, víctima de abuso del padre Corò.
José lamenta que cada vez que intenta hablar de su caso, recibe amenazas de la misma comunidad que protege a su abusador. Invita a las víctimas a que se armen de valor y denuncien y lamenta a los líderes de la Iglesia Católica en El Salvador que aún siguen protegiendo a abusadores: «Dejen de ser cobardes», les dice.
«Me crucificó»
Las huellas que este abuso dejó en José han perdurado durante toda su vida, no es una anécdota que pueda relatar a cualquiera. Luego de haberla contado a su madre intentó olvidar que le había pasado, incluso, en su relato indica que intentó suicidarse.
Pero tras años negando haber sido víctima de abuso, pudo hablarlo con la ayuda de la Red de Supervivientes de Abusos por Sacerdotes (SNAP, por sus siglas en inglés). Ahora se siente «un poquito libre», aunque con falta de justicia.
El dolor que José aún siente y ha sentido, cambió todo. Socialmente se alejó de sus amigos, dejó de estudiar, tuvo que vivir un exilio y empezar una nueva vida, pero también dejó de creer
«Yo era un devoto católico. Y me gusta, deseo a esta altura creer que existe un ser más grande que nosotros, pero vieras qué difícil es mantenerlo. Muy difícil mantenerlo. ¿Por qué? Porque ese ser que nos protege, ese ser que está flotando en las nubes o adentro de nosotros o lo que sea, decidió tomar un recreo el día que el padre (Giuseppe Corò) me tocó la mano. O sea, ¿dónde está Dios si no es protegiéndonos a nosotros? ¿Qué sucede con los 30,000 otros casos que han sido violados? ¿Dónde está el ser que nos protege? El ser que nos ama y el ser que da la vida por nosotros, el ser que murió en esa cruz. Cuando el ser que te está hablando de él te viola de esa manera. Las palabras del padre fueron -cuando me tenía en su cuarto- «Permíteme introducirte al amor de Dios”. Son palabras que jamás nunca las puedo olvidar», manifestó Lemus.
Su relato es puntual: «Un hijo de madre en el que yo creía mucho, me jodió, me crucificó y tuve que llevar esta cruz durante toda mi existencia».
En los últimos 13 años, nueve sacerdotes han estado involucrados en casos de abusos sexuales o violaciones en perjuicio de menores, solo dos han sido condenados a prisión. Mientras tanto José Napoleón Lemus espera ser escuchado.

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