El ultranacionalista Viktor Orbán abandonó el sábado la jefatura del Gobierno de Hungría después de permanecer 16 años consecutivos en el poder, marcando el cierre de una etapa política caracterizada por una fuerte concentración de poder y constantes tensiones con la Unión Europea (UE).
Orbán, líder del partido conservador Fidesz, llegó al poder en 2010 con una amplia mayoría parlamentaria y desde entonces impulsó una transformación política que él mismo definió como una “democracia iliberal”. Durante sus cuatro mandatos consecutivos reformó la Constitución, modificó la ley electoral y amplió el control del Ejecutivo sobre instituciones estatales clave.
Sus detractores sostienen que esas reformas debilitaron la independencia de poderes, limitaron la libertad de prensa y redujeron derechos civiles en Hungría. Además, su administración endureció las políticas migratorias y promovió restricciones contra la comunidad LGBTI.
El dominio político del Fidesz también estuvo acompañado por una creciente influencia sobre sectores económicos y medios de comunicación, luego que empresarios cercanos al oficialismo adquirieran importantes conglomerados mediáticos en el país europeo.
Durante su mandato, Orbán mantuvo frecuentes enfrentamientos con la UE por cuestionamientos al Estado de derecho. Tras abandonar el Partido Popular Europeo (PPE), se convirtió en uno de los impulsores del bloque ultraderechista “Patriotas por Europa” dentro del Parlamento Europeo.
Desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022, Hungría obstaculizó varias decisiones impulsadas por Bruselas y fortaleció una política exterior cercana a Moscú, en línea con la llamada “apertura al Este” promovida por Orbán.
A nivel interno, la economía húngara comenzó a deteriorarse tras la pandemia de 2020. La inflación, el debilitamiento de los servicios públicos y la congelación de aproximadamente €20,000 millones – unos $22,000 millones en fondos europeos agravaron el descontento ciudadano, especialmente en áreas como educación y salud.
El desgaste político del mandatario se aceleró en 2024 tras un escándalo relacionado con el indulto de un colaborador de un pederasta en una institución estatal. Ese caso impulsó el ascenso político de Péter Magyar, exmiembro del Fidesz y líder del partido Tisza, quien capitalizó el malestar social.
En las elecciones del pasado 12 de abril, el partido Tisza obtuvo una mayoría superior a los dos tercios en el Parlamento, mientras que el Fidesz cayó a poco más del 25 % de los 199 escaños legislativos. Orbán reconoció rápidamente la derrota y declaró: “Para nosotros, el resultado es doloroso pero ha dejado claro que no nos ha otorgado la responsabilidad de gobernar”.
El exmandatario también prometió “servir la patria” desde la oposición y posteriormente anunció que no integrará el nuevo Parlamento. Sin embargo, continúa como presidente del Fidesz mientras crecen las especulaciones sobre su futuro político y su posible papel dentro de la ultraderecha europea.

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