Hantavirus: un virus mediático

Existe actualmente una explosión de información debido a un brote inusual ocurrido en el crucero MV Hondius, con casos confirmados de la cepa Andes del hantavirus. Esto ha encendido alarmas no solo sanitarias, sino también en la población general, que aún no termina de recuperarse emocionalmente de los estragos económicos y sociales —sobre todo derivados del manejo sanitario— de la reciente pandemia de COVID-19.

¿Por qué tanta cobertura mediática si el hantavirus rara vez produce epidemias?

El hantavirus no corresponde a una única enfermedad, sino a una familia de virus zoonóticos capaces de provocar dos síndromes principales, ambos caracterizados por fiebre, trombocitopenia y leucocitosis. El primero es la fiebre hemorrágica con síndrome renal por hantavirus (FHSR) y el segundo es el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH), también conocido como síndrome pulmonar por hantavirus (SPH).

Estos virus se alojan de manera natural en ciertas especies de roedores silvestres, que actúan como reservorios crónicos sin desarrollar enfermedad. Existe una convivencia biológica relativamente estable entre el virus y estos animales. Sin embargo, cuando el virus cruza la barrera interespecie y llega al ser humano, puede desencadenar cuadros clínicos de gravedad muy variable: desde síntomas similares a una gripe hasta una enfermedad potencialmente letal.

Desde el punto de vista biológico, los hantavirus se dividen en los del “Viejo Mundo” (Europa y Asia), que suelen afectar predominantemente el sistema renal, y los del “Nuevo Mundo” (América), con especial predilección por el sistema cardiopulmonar.

A nivel mundial, la enfermedad es relativamente infrecuente. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se registran anualmente entre 10,000 y 100,000 casos en todo el mundo. El virus se transmite principalmente por inhalación de aerosoles contaminados. Cuando la orina, saliva o excremento de roedores infectados se secan en el ambiente, las partículas virales pueden quedar suspendidas en el polvo. Si una persona entra en un espacio contaminado y con escasa ventilación, puede inhalar estas partículas y contagiarse. Existe, sin embargo, una excepción importante: la cepa Andes, responsable del presente brote. Este subtipo posee la capacidad de transmitirse de persona a persona, especialmente cuando existe contacto estrecho y sostenido. Estudios citados por la revista Frontiers sugieren que esto ocurre porque el virus se replica de manera significativa en las glándulas salivales de los pacientes infectados, facilitando así su transmisión. Afortunadamente, esta forma de contagio entre humanos es poco eficiente y requiere proximidad física prolongada. Hasta la fecha, los brotes documentados de transmisión interpersonal se habían limitado principalmente a regiones andinas de Argentina y Chile, especialmente en 1996 y 2018.

El actual brote en el crucero constituye el primer escenario internacional de este tipo en varios años, lo que explica en parte la intensa cobertura mediática. Otro factor determinante es su elevada letalidad. La forma respiratoria del hantavirus puede alcanzar una mortalidad de hasta el 50 % en América, muy superior a la observada durante la pandemia de COVID-19. Al momento de escribir estas líneas, se reportan nueve casos confirmados entre pasajeros y tripulantes del crucero, cuatro de ellos fallecidos. A esto se suma otro elemento preocupante: actualmente no existe un tratamiento específico ni una vacuna ampliamente disponible contra esta enfermedad.

¿Cómo se contagiaron los pasajeros y tripulantes del crucero?

El crucero de expedición MV Hondius zarpó de Ushuaia, Argentina, el 20 de marzo de 2026 con 149 personas a bordo. Se trataba de una expedición ornitológica y de observación de fauna silvestre con destino final en las Islas Canarias, España. Entre pasajeros y tripulación viajaban personas provenientes del Reino Unido, España, Estados Unidos, Argentina, Alemania, Países Bajos, Guatemala y otros países.

Previo al embarque, varios pasajeros participaron en excursiones terrestres en territorio argentino para la observación de aves. Una de las hipótesis plantea que durante estas actividades una o más personas pudieron haber estado expuestas a excremento o saliva de roedores infectados.

La primera víctima fue un pasajero neerlandés de 70 años, quien falleció a bordo el 11 de abril. El crucero hizo escala en la isla de Santa Elena el 22 de abril, donde desembarcaron el cadáver del pasajero y su esposa, quien posteriormente falleció el 24 de abril. El 27 de abril, un pasajero británico enfermó gravemente y fue desembarcado en la Isla Ascensión para luego ser trasladado a Johannesburgo, Sudáfrica, donde se confirmó el diagnóstico de hantavirus. Posteriormente, el 2 de mayo, un pasajero alemán murió a bordo sin causa inicialmente establecida.

El 3 de mayo, el crucero llegó a Cabo Verde, donde se le negó autorización para atracar tras notificarse tres fallecimientos y varios casos sospechosos. Ese mismo día, la OMS fue oficialmente informada sobre un brote de enfermedad respiratoria aguda grave relacionado con el crucero. Hasta el momento, se contabilizan nueve casos confirmados y cuatro fallecidos.

¿Debemos preocuparnos?

Según expertos y organismos internacionales, el brote se considera actualmente contenido y el riesgo de una pandemia es bajo. No existe evidencia de propagación masiva ni de transmisión sostenida a gran escala. La OMS mantiene que el riesgo para la población general continúa siendo bajo.

En resumen, la amplia cobertura mediática responde más a la naturaleza excepcional del evento, la alta mortalidad asociada y la ausencia de tratamiento específico, que a la existencia de un riesgo epidémico real para la población general.

*El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional

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