Hantavirus Andes: ¿Estamos Subestimando el Riesgo de una Nueva Epidemia?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha determinado que el riesgo de pandemia asociado al reciente brote de hantavirus en el crucero Hondius es bajo. Se trata de la misma organización —de la cual Estados Unidos y Argentina se han retirado— que, para muchos críticos, manejó de manera deficiente la pandemia de COVID-19. Surge entonces una pregunta inevitable: ¿qué tan segura está realmente la OMS de que el riesgo de pandemia por hantavirus es bajo? Y, en consecuencia, ¿qué tan creíbles resultan hoy sus evaluaciones?

Según un artículo publicado en The New England Journal of Medicine, en 2018 ocurrió en Epuyén, Argentina, un brote de hantavirus de la cepa Andes —la misma vinculada ahora al crucero Hondius. Todo comenzó cuando una persona infectada asistió a una fiesta de cumpleaños con alrededor de 100 invitados. Presentaba fiebre y malestar general, por lo que se retiró aproximadamente una hora y media después de haber llegado. Posteriormente, cinco personas que se encontraban en el lugar —aunque no necesariamente sentadas cerca de él— desarrollaron la enfermedad.

Se considera muy probable que uno de esos cinco asistentes haya contagiado posteriormente a otras seis personas, entre ellas su cónyuge, antes de fallecer 16 días después del inicio de los síntomas. Durante el velorio, otras diez personas se habrían contagiado a través de su pareja. Fue entonces cuando las autoridades sanitarias, al percibir la magnitud y peligrosidad de la situación, comenzaron a aplicar medidas estrictas de cuarentena. Todo indica que esas intervenciones fueron determinantes para extinguir el brote.

La OMS sostiene que la transmisión de este virus requiere “contacto estrecho y prolongado”. Sin embargo, al revisar la descripción epidemiológica del brote de Epuyén, resulta difícil concluir que todos los contagios ocurrieron bajo esas condiciones. No se trata de promover alarmismo, pero sí de reconocer que varios aspectos observados durante ese brote parecen no encajar completamente con las actuales afirmaciones oficiales.

“El virus parece mucho más difícil de contraer”, afirmó recientemente el presidente Trump, coincidiendo con la postura de la OMS y de las autoridades sanitarias estadounidenses. “No parece propagarse fácilmente”. Resulta llamativo que, en esta ocasión, Trump y la OMS coincidan plenamente en el mensaje.

La realidad es que todavía sabemos relativamente poco sobre la epidemiología de la cepa Andes del hantavirus. No se ha investigado suficientemente si, tras múltiples transmisiones humanas, el virus podría haber desarrollado cambios genéticos que favorezcan una transmisión más eficiente. El Dr. Gustavo Palacios, quien estudió el brote de Epuyén, declaró recientemente que él y su equipo consideraban probable que el virus se propagara a través de secreciones respiratorias. Por su parte, Linsey Marr, reconocida experta en transmisión aérea, declaró a CBC/Radio Canada que existen “indicios claros” de transmisión aérea en ese brote. Además, estimaciones epidemiológicas realizadas durante el episodio de Epuyén calcularon un número de reproducción promedio (R₀) de 2.1; es decir, cada persona infectada transmitía el virus a aproximadamente otras dos personas. Esa cifra es suficiente para sostener una cadena de transmisión humana continua y no es muy inferior a las estimaciones iniciales realizadas para la cepa original del SARS-CoV-2 a comienzos de 2020.

Otro factor epidemiológico relevante es el largo periodo de incubación atribuido a esta cepa de hantavirus, estimado en hasta 40 días, con posibilidad de transmisión desde aproximadamente dos días antes del inicio de síntomas. En epidemiología, los periodos de incubación prolongados incrementan el riesgo de propagación epidémica, ya que las personas infectadas mantienen su movilidad habitual, aumentan las oportunidades de contacto, dificultan la detección temprana y complican significativamente el rastreo de contactos. El problema se agrava aún más si existe transmisión durante la fase asintomática.

El 25 de abril, un pasajero holandés procedente de un crucero viajó desde Santa Elena hacia Sudáfrica mientras ya se encontraba enfermo. Colapsó al llegar al aeropuerto y falleció poco después. Aunque la OMS ha señalado que el riesgo de transmisión durante el vuelo o dentro del barco era bajo, apenas han transcurrido 17 días desde ese evento. Si el periodo de incubación puede extenderse hasta 40 días, todavía faltarían más de tres semanas para saber con mayor certeza si todas las personas que estuvieron en contacto con él realmente se encuentran fuera de peligro.

Aunque las autoridades sanitarias internacionales insisten en que el riesgo de pandemia por la cepa Andes del Hantavirus es bajo, existen antecedentes epidemiológicos y características biológicas del virus que justifican prudencia y vigilancia estrecha. La experiencia de Epuyén demostró que puede ocurrir transmisión humana sostenida, posiblemente aérea, con un periodo de incubación lo suficientemente largo como para dificultar el control temprano de brotes. Más que alarmismo, lo que corresponde es reconocer que todavía existen importantes vacíos de conocimiento y evitar repetir los errores de exceso de confianza observados al inicio de la pandemia de COVID-19.

*El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional. 

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