Digamos no al fatal tabaquismo

Alberto era un joven santaneco de 28 años, egresado de la licenciatura en Administración de Empresas en una universidad privada. En septiembre del año pasado abandonó continuar su tesis de grado porque los dolores insoportables que sentía en la espalda y pecho no lo dejaban ni siquiera respirar. Sus padres lo llevaron a un hospital privado donde los exámenes revelaron que padecía de cáncer pulmonar con metástasis en la lengua y el esófago.

Cuando tenía 12 años, por curiosidad e influenciado por otros adolescentes comenzó a fumar, de tal manera que a los 16 años ya fumaba dos cajetillas (40 cigarrillos) diarias, a los 21 ya fumaba cuatro cajetillas (80 cigarrillos) y desde los 25 se fumaba hasta cinco (100 cigarrillos) lo que para él representaba una alta suma de dinero que él hurtaba a  diario del negocio de sus padres.

En la universidad sus compañeros comenzaron a aconsejarlo para que dejara el vicio y lo intentó, pero tras una semana de no fumar ni uno, casi muere por la ansiedad y la depresión. Intentó con cigarrillos electrónico (también dañinos) y sufrió un atisbo de derrame cerebral porque le detectaron hipertensión. Su novia le dio un ultimátum en el sentido que terminarían la relación si no dejaba de fumar, pues su aliento sabía a humo y sus dientes se habían vuelto amarillentos. Su ropa tenía impregnado el olor a humo de tabaco.

Terminó con su novia y molesto por los consejos y regaños de sus padres se fue a vivir a un apartamento donde comenzó a sentir dolores de pecho y espalda. Un día le habló a sus padres para contarles que se cansaba demasiado y que no siquiera podía caminar dentro de la casa porque sentía morir por falta de aire. Fue llevado a un hospital donde le detectaron el cáncer en la etapa final y en febrero pasado murió.

Sus últimas semanas de vida los pasó en una silla de ruedas, alimentado a través de sondas y conectado a un tanque de oxígeno que le permitían mantenerse con vida casi de manera artificial. El dictamen fue que murió de cáncer en los pulmones con metástasis en la lengua y esófago producto del consumo de tabaco. Sus pulmones se habían ennegrecido por la nicotina, su esófago se había cerrado y su lengua se había inflamado en exceso.

Alberto murió víctima del tabaco y este año será uno de los más de 8 millones de personas que morirán en el mundo a raíz del tabaquismo. Según la Organización Mundial para la Salud (OMS) el cáncer de pulmón es uno de los más dolorosos, pero el mismo puede evitarse dejando de fumar mediante procesos de terapia, con fe y con mucha fuerza de voluntad. Hay, por supuesto, otras causas que también generan cáncer de pulmón,

Entonces, para hacer conciencia de los peligros del tabaquismo la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desde1987 declaró cada 31 de mayo como el Día Mundial sin Tabaco. Con ello se busca concienciar sobre los graves riesgos para la salud que  produce  el consumo de tabaco.  La fecha también procura que los Estados promuevan políticas institucionales y efectivas para reducir el consumo.

Un estudio de la Universidad de Harvard de 2020 señala que los mejores anuncios publicitarios con efecto de contagio irreversible en los públicos son los  que promueven el vicio del tabaquismo y el licor, por lo que es responsabilidad estatal regular los contenidos y contrarrestar el consumo con campañas realísticas.

Quien consume tabaco obliga a consumirlo a quien se abstiene de hacerlo por su voluntad. En una determinada reunión el fumador obliga a los demás a fumar, en un transporte colectivo el fumador va dañando la salud de los demás. Las leyes prohíben que en sitios encerrados se pueda fumar, pero también permite que se declaren áreas aptas para fumadores.

El tabaquismo es peligroso y vuelve insensatos, inconsecuentes e  inconscientes a los fumadores. A ellos nos les importa que las tabacaleras, por ley, estén obligadas a ilustrar las cajetillas con mensajes relacionados a los daños que produce el tabaco. En los supermercados muchos prefieren comprar sus cajetillas antes que llevar leche o cualquier alimento para sus hijos.

Las empresas tabacaleras contratan a empresas publicitarias para que con modelos y falsos valores les hagan un buen marketing y una publicidad persuasiva y masiva de su producto y de ese forma ganan a miles de potenciales consumidores, mientras las instituciones de salud y el Estado mismo se limitan a mantener una campaña de los efectos nocivos, pero sin alcance masivo y sin  carácter permanente.

Este año el lema del Día Mundial sin Tabaco es: “Desenmascaremos su atractivo: combatamos la adicción al tabaco y a la nicotina”. En 2023 el lema fue “Cultivemos alimentos, no tabaco”. Cada año el lema cambia, pero lo que poco o nada cambia es el interés monetario de las grandes empresas tabacaleras y la mentalidad engañada y debilitada de quienes han caído en las garras de este detestable y a veces mortal vicio. Salvadoreños, rechacemos el tabaquismo, por nuestra salud y la de los demás.

* Jaime Ulises Marinero/Periodista

 

 

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