El acto de dar nombre a las cosas a través de la historia, es y sigue siendo un acto de supervivencia y comunicación. Con esa acción de nombramiento surgen al conocimiento común. De la observación, percepción y búsqueda continua es la manera asertiva de quien encuentra las palabras e ilumina el saber y el sentir.
Siendo así, el ecologista y filósofo Glen Albrecht ante el estrés psíquico y la pérdida de identidad que experimentan los individuos cuando su entorno de origen sufre transformaciones drásticas, le da el término de solastalgia.
Albrecht nos dice que solastalgia, por ejemplo, es el sentimiento generado en una reserva natural que es habitada por nativos y que esta queda desolada por prácticas abusivas de caza y tala de árboles, ese hábitat no será lo mismo, la comunión entre fauna, flora y humanos. Tanto así, como una zona rural que es intervenida con trabajos de extracciones mineras, modifican el paisaje en gran manera, contaminando los recursos naturales, llegando el sentimiento de desarraigo en sus habitantes e iniciar la búsqueda de un mejor lugar para vivir. Y no menos el sentir que flota en las ciudades transformadas y gentrificadas que dejan a la deriva a tantas personas, proyectos de vida que son coloreados de gris; como el gris del cemento que edificara las nuevas obras.
Lejos de rechazar el orden, limpieza e innovación, asimilar las transformaciones arquitectónicas, específicamente, casi siempre conlleva a la valoración de lo que antecede a lo nuevo. Tal vez por una natural predisposición a la conexión vital que sobre este escenario hemos tenido, donde nuestra memoria se nutrió de cada recuerdo. Intuimos al paso del tiempo que hemos vagado errantes, no había certeza de dominio perpetuo pero si una comunión temporal que es la que estaba para nuestras vidas. Tal vez ese sea el sentimiento o al menos uno de ellos, el de nuestro paso fugaz acá y lo cambiante que es todo en ese instante, lo que hizo a la nostalgia tener otras acepciones según las situaciones y sus componentes.
Creo que cuando algo cambia o desaparece, parte de nosotros se va con ello, es así. Nos sucede a la mayoría, no es que antes fue mejor, nada de eso, tampoco añoranza boba y terca, es eso, lo que sentimos en ese momento, como era el aire, la luz, como veíamos la vida en ese minuto, que aunque ahora es el mismo lugar y el mismo sol, no es el que vi hace cuarenta y tantos años.
Lógicamente debe ser el pasar de la vida y todo aquello que fuimos en esos lugares. En los primeros años, la ligereza de comenzar a coleccionar recuerdos como retazos de una enorme manta, que a este tiempo pesa un poco pero que también en la lógica nos hacen ser lo que somos.
Seguro que deberán existir más cosas intangibles que se sigan nombrando, el cambio es la constante eterna y deberá ser de esa manera, nombrar lo que aún no está designado pero que se encuentra ya presente en la conciencia colectiva; esto es necesario para poder tener claridad e identificación de qué es lo que sentimos y por qué.
*Ivette María Fuentes esa abogada

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